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EDICIÓN | Mayo 2011

La voz de las mujeres

Ana María Pacheco Rodríguez, Dir. SERNAM Valpo
La voz de las mujeres

En abril cumplió un año en su cargo, tiempo en que ha logrado importantes avances. Además, está a punto de jurar como abogada, su segunda carrera, que logró concretar pese a las dificultades que le ha puesto la vida, especialmente el hecho de convertirse en viuda cuando sólo tenía treinta y cinco años.

Por Maureen Berger H./ Fotografías Vernon Villanueva B.

La vida no ha sido fácil para Ana María Pacheco (41), directora de SERNAM Valparaíso, quedó viuda muy joven, le costó mucho ser madre, debió enfrentar la discriminación por su condición de mujer y abrirse camino con un pequeño hijo, fruto del matrimonio con Camilo Pérez (QDEP), ex alcalde de Puchuncaví. Nunca quiso meterse en la política, sin embargo, por una promesa que le hizo a su marido -en su lecho de muerte- aceptó ser candidata a concejal, cargo que ocupó estoicamente por cuatro años. Fueron tiempos duros, de soledad, desprecios, pero ella supo salir airosa. Esta es su historia.

Ana María nació en Santiago, hizo sus estudios allá e, incluso, se tituló como diseñadora de vestuario. Su talento hizo que la contrataran en Bagir, empresa de renombre. No obstante, luego de un par de años se desencantó, no vio proyección en su tipo de labores, que se limitaban a escoger ciertas telas o botones y no a dibujar y crear diseños, como le habían enseñado. Renunció y optó por emprender sola, instaló su taller para hacer uniformes, delantales, pantalones escolares y más, "pero la verdad es que a mí nunca me gustó la costura. Finalmente, en la práctica entendí que esto no era lo mío".

Surgió en su vida un trabajo que le significaba más gratificaciones. La Isapre Aetna captó su entusiasmo y vio cómo esta joven fue avanzando a pasos agigantados "me gané todos los premios que existen en la empresa y logré viajar a varios destinos en el mundo gracias a mis logros".

En el intertanto ocurrió un hecho que dio un vuelco en su corazón. Tal como cuando era niña, cada verano solía viajar a esta zona para veranear en Puchuncaví. Ya más adulta, a los diecinueve años, un día el alcalde convocó a una reunión a la comunidad. Por mera curiosidad, ella fue a la cita, y tras conocer a Camilo Pérez, surgió el amor a primera vista.

"Me pidió pololeo formalmente, de hecho, yo me reía un poco, porque nunca habían ido a pedirle permiso a mi papá para pololear", recuerda Ana María.

Se casaron y aunque tenían quince años de diferencia, para ellos pasaban desapercibidos. Fue tal el amor que se entregaron mutuamente, que Camilo la instó a no dejar su trabajo en Santiago, a seguir creciendo en dicha empresa. "Además, mi marido era tan trabajólico que si yo me quedaba en la zona sabía que tampoco lo iba a ver, porque él solía volver como a las once de la noche". Ana María agrega: "él me decía aprovecha esta oportunidad. Tú sola has podido comprarte tu departamento, tu auto y tus cosas... Él no me veía en la casa sin hacer nada, sin realizarme como mujer".

El sueño de ser padres se les hizo difícil, lo intentaron por cinco años, sin éxito. "Incluso me hice tres inseminaciones artificiales, pero tampoco dieron resultado". Hasta que un buen día sus jefes en Santiago le informaron que existía la opción de trasladarla a la oficina de esta Isapre en Viña del Mar. Ella accedió feliz, era la oportunidad de estar más cerca de Camilo. Un mes después, otra excelente noticia iluminó su vida: por fin estaba embarazada.

MATÍAS

Ya más tranquila, sin tener que viajar como antes, Ana María continuó trabajando mucho y preocupándose de su embarazo. Pero al nacer, su pequeño Matías tuvo problemas de reflujo. El niño requería toda la atención de su madre, así que ella decidió retirarse de la empresa. "Además, en ese momento mi marido me dijo que ya era tiempo de que cumpliera otro de mis sueños: estudiar derecho".

¿Por qué le gustaba tanto derecho?
No sé, tal vez por mi forma de ser. En mi trabajo en la Isapre yo me dedicaba a estudiar las leyes, iba a la superintendencia y siempre fui muy profesional en lo que hacía. Finalmente, ingresé a derecho en la Universidad Marítima.

Y su hijo ¿seguía enfermo?
Cuando tenía tres años fue operado de amigdalitis y estuvo grave cinco días... (se emociona), no podía respirar. Nos lo lloramos todo, sufrimos mucho, fue una presión muy fuerte. Al quinto día tomé a mi hijo en los brazos y vomitó un pedazo de gasa. Esa era la razón de su ahogo, al médico se le había quedado una gasa mientras lo intervenía. Hicimos algunas acciones contra el hospital, pero justo a la par empezó la enfermedad de mi marido.

¿La que lo llevó a la muerte?
Así es... (se emociona hasta las lágrimas). El nivel de estrés que él tuvo con todo esto, gatilló que la enfermedad se manifestara. Él no bebía, no fumaba y un día empezó a hablar extraño. Fue al médico y le dijeron que era sólo el nerviosismo por lo que había pasado, por su trabajo, porque nunca se tomaba vacaciones. Hasta que otro experto acertó el diagnóstico: él padecía una esclerosis lateral amniótica, una enfermedad mortal.

¿Cómo reaccionó usted?
Investigué sobre el tema y fui personalmente a hablar con el doctor. Me dijo "su marido tiene seis meses de vida". Casi me morí, recuerdo que cuando salí, caminaba en nubes y lloraba por la calle Valparaíso. Es una enfermedad donde se van atrofiando los músculos, él era un hombre súper fuerte, empoderado de la vida, todo el mundo lo adoraba, piensa que fue alcalde de Puchuncaví por dieciséis años. Dejó de caminar y se fue consumiendo fugazmente.

¿Él la instó a entrar en la política?
Sí, me instó a que fuera candidata a concejal, pese a que yo no quería porque la política me cargaba. Me convenció diciéndome que si yo era concejala, iba a poder ser sus manos y su voz. Participé y gané con la más alta mayoría, aun cuando fue una campaña muy dura porque decían mil cosas, sin conocerme. Hubo mucho desprestigio, no a mi capacidad, sino que a mi condición de mujer.

PRIMERA CONCEJALA

A los cinco meses falleció Camilo Pérez, tenía sólo cuarenta y nueve años y Ana María treinta y cinco. "Tuve que mantenerme como concejala, entre medio seguía estudiando y reestructurando mi presente. Me trasladé a vivir con mi hijito a nuestra parcela en Puchuncaví. Después de un año salí, vi el pasto todo crecido y me di cuenta de que había pasado demasiado tiempo y que yo no me podía quedar ahí en status quo".

¿Cómo fueron los años en el concejo?
Muy difíciles. Entre del 2005 al 2008 fui la primera mujer concejala de la comuna de Puchuncaví. Presenté diversos proyectos que se concretaron a través de los Fondos Regionales de Inversión Local -FRIL-, por un monto de ciento cincuenta millones de pesos. Por ejemplo, la construcción de la Capilla de Los Maquis y de la sede social multipropósito en Horcón, entre otros. Sin embargo, experimenté en carne propia la discriminación, por el sólo hecho de ser mujer, de parte de las otras autoridades edilicias. Hubo ocasiones en que me tocaba presidir el concejo y nadie asistía a la sesión. Igual cuando terminé mi período, ellos mismos dijeron que yo era una tremenda profesional y mamá... o sea, tuvieron que pasar cuatro años para poder demostrar lo que valía.

¿Congeló los estudios?
No, seguí estudiando, pero tomé menos ramos. Opté sí por irme a Viña; en Puchuncaví no podía estar, me sentía muy observada y criticada. La casa era enorme, la construimos pensando en tener muchos hijos... pero no se pudo. Matriculé a mi niño en primero básico en el Mackay y arrendé una casa frente, para poder verlo. Me angustiaba dejarlo solito. Esa sensación fue terrible, porque no sabía qué hacer con mi vida, si seguir o no estudiando... finalmente terminé mi carrera.

¿Qué pasó con su candidatura a alcaldesa por Puchuncaví?
Renovación Nacional me convenció de que lo hiciera, pero fue una campaña muy sola, nunca tuve un apoyo físico del partido, así que perdí. El 2009 fue un periodo de tocar fondo, en donde dejé de ser autoridad, la gente ya no me contestaba el teléfono, ya no me saludaban. Sufrí mucho, incluso sin percatarme, engordé demasiado, inconscientemente era como "que nadie me mire ni me toque".

¿Cómo salió adelante?
Me di cuenta que debía dar vuelta la página, tenía un hijo y no me podía quedar mirando el techo. Conocí a Lily Pérez, ella fue quien me empezó a motivar y a re encantar con la política, porque es una mujer súper humana. En eso estaba cuando, sin postular a nada, un día me llamó el intendente y me citó a su oficina para preguntarme cuándo deseaba empezar en el cargo de directora regional del Servicio Nacional de la Mujer.

UN AÑO EN EL SERNAM

"Todo lo que yo he conseguido no ha sido gratis, pues no vengo de una familia con cuna de oro. Todo lo que he avanzado me ha costado", con esa actitud llegó al SERNAM donde en abril cumplió su primer y exitoso año de gestión. De hecho, recientemente fue premiada por Zonta Internacional como la profesional más destacada de la región, distinción que le entregó Liliana Hidalgo Rueda, la presidenta de esta entidad.

¿Cuáles han sido sus principales logros en este período?
Por ejemplo, durante nuestra gestión se aprobó la ley que reconoce y sanciona el femicidio, donde siento que tengo una pequeña participación, pues junto a la senadora Lily Pérez trabajamos incansablemente por este tema.

¿Cómo han funcionado los centros de rehabilitación de hombres?
Espectacular, llevamos dos meses y ya tenemos sesenta hombres, en un trabajo con la Universidad Santo Tomás. Buscamos reducir el número de mujeres e hijos víctimas de violencia, a través de terapias psicosociales y psicológicas. En un inicio yo escuché muchas críticas de por qué el SERNAM trabajaba con hombres, y creo que efectivamente para eso se creó esta entidad, para la igualdad de género. La violencia es una costumbre y por eso debemos revertirla. Hoy día los hombres que dicen que vieron a su papá pegarle a su mamá, o a su abuela golpeada lo ven normal y no lo es.

¿Cómo han funcionado las Casas de Acogida de SERNAM?
Muy bien, tenemos dos casas de acogida, una en Valparaíso y otra en San Felipe. Las mujeres son derivadas allá cuando presentan riesgo vital tras una agresión. Por lo general, llegan ellas y sus hijos, ahí existe toda una estructura para que puedan estar varios meses. A los niños los mandamos al colegio y a todos les damos alimentación y cuidados. Estamos haciendo convenios con universidades para que participen en talleres. Además aspiramos a instalar una casa en Quilpué distinta, que funcione como centro integral, donde podamos concentrar todas las temáticas de mujeres.

¿Por qué tomaron parte como SERNAM en el caso del violador de Placilla?
Creo que debemos hacernos parte en estos casos, la mujer no se puede sentir sola. Esperamos una sanción ejemplificadora, estamos pidiendo presidio perpetuo calificado, que es la pena máxima. Necesitamos todos los entes comunicacionales para transmitir que hay un SERNAM y que se está haciendo presente.

¿Qué pasa con el tema del posnatal?
Creo que hoy lo que se debe trabajar con el posnatal es asegurar la contratación de las mujeres. Se debiera legislar en asegurar la incorporación de mujeres en la mano de obra en la edad fértil, creo que ahí nos falta. La discusión no está en si se extiende a seis meses, eso es una necesidad, que va a ayudar al crecimiento de Chile.

¿Ustedes están haciendo gestiones al respecto?
Me ha tocado hablar con muchos empresarios que me dicen que se han dado cuenta de lo importante que es la mujer en el mundo laboral. Estamos haciendo una negociación para un tremendo proyecto que se llama Riqueza de Mujer. Nos dimos cuenta de que en la región tenemos once mil millones de dólares destinados para dos áreas que son la electricidad y la minería. Entonces, este 2011 voy a trabajar con todas las mineras y las empresas de energía, para que nos den cupo con las mujeres. Existe alto interés porque han visto que las pocas mujeres que hay son súper responsables y aptas para estas labores.

¿Cómo se siente hoy?
Hoy día estoy en la mejor etapa de mi vida, tengo cuarenta y un años, pronto me convertiré en abogada y poseo la madurez exacta y la fuerza para poder aportar desde el corazón de SERNAM. Hay muchas temáticas donde las mujeres necesitan mucho apoyo, ya no quieren que se les siga entregando la clásica cajita de mercadería, ellas dicen "quiero trabajar" y eso es gratificante.

"Yo escuché muchas críticas de por qué el SERNAM trabajaba con hombres, y creo que efectivamente para eso se creó esta entidad, para la igualdad de género".

 

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