Escrita y dirigida por Sofia Coppola, <em>Lost in Translation</em> (2003) es una de esas películas que nos logran llamar la atención desde varios puntos de vista. La escenografía, la música e, incluso, los silencios son parte de una trama que va mucho más allá de una simple historia de amor. No por nada fue ganadora del Oscar por mejor guión original.
Aquí podemos ver a Bill Murray en una faceta distinta, alejada del lado humorístico que lo caracteriza. Aquí, por el contrario, muestra una interpretación profunda y seria de un hombre maduro que pasa por la crisis de los cuarenta y tantos. Así encarna a Bob Harris, un actor de cine que, totalmente amargado, frustrado con su vida y con lo que lo rodea, se encuentra atrapado en la ciudad de Tokio para realizar un comercial de whisky.
En este escenario de soledad -entre las paredes de su habitación-, encontrará a alguien tan perdido como él. Se trata de Charlotte (Scarlett Johansson), una joven que pasa gran parte de su día esperando a su marido en el hotel y que se siente fuera de lugar tanto en Japón como en su matrimonio.
De este modo, se formará una especial amistad que logrará unir a dos personas al parecer diferentes, pero que desean encontrarse mutuamente. Todo lo cual estará envuelto en climas y atmósferas de un país extranjero, donde no se entiende lo que los otros hablan y donde las costumbres orientales son extrañas, incluso hostiles.