Tell Magazine

Columnas » Archivo Histórico

EDICIÓN | Febrero 2011

Los atributos de Viña del Mar antes de su fundación

Por Matías González Ayala, Magíster en Historia
Los atributos de Viña del Mar antes de su fundación

Durante el verano, la ciudad de Viña del Mar luce colmada de turistas, quienes buscan relajarse gracias a las bondades de su clima, a su cercanía con Valparaíso, la gastronomía, los eventos culturales, etc. Sin embargo, su <em>buena fama</em> comenzó a cimentarse con las descripciones que de ella hicieron ciertos cronistas, antes de su fundación, en diciembre de 1874, cuando sus terrenos correspondían a dos haciendas divididas por el estero Marga-Marga.

Una de estas crónicas la entrega la escritora británica Mary Graham, en 1822, quien señala, en relación con la hacienda de Viña del Mar, que "la llanura se abre y se ensancha, las viñas y los <em>potreros</em> tienen más extensión [que los que existían entre estos fundos y Valparaíso], los arbustos toman casi la apariencia de árboles; en los cerros hay frecuentes mantos de pasto fino, donde el ganado encuentra abundante forraje, y aquí y allá palmas que adornan los costados del valle<a name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>". La inglesa se siente gratamente sorprendida por la naturaleza, aunque no puede dejar de llamarnos la atención que, en la actualidad, la cantidad de palmas existentes es muy baja, situación que contrasta con su descripción.

Medio siglo más tarde, en 1872, Recaredo Santos Tornero, a la sazón editor y director del periódico <em>El Mercurio</em>, dice que la dueña de la hacienda Viña del Mar, en aquella época doña Dolores Pérez, había entregado sitios en arriendo, en los cuales muchos extranjeros edificaron pintorescas casas con hermosos jardines. Asimismo, manifiesta que el sector de "El Salto" era el predilecto de los porteños, pues realizaban gratos paseos, impresionados por "...una elevada y profunda quebrada, de la cual se [desprendía] una cascada majestuosa<a name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>".

<br class="spacer_" />

Otro notable relato es del marino Luis Pomar, quien, en 1874, realizó un estudio hidrográfico del litoral viñamarino. Además, describió las construcciones y la vegetación de la localidad, entre otros aspectos, señalando que "el caserío se distingue por sus valiosas casas de campo, llamando la atención algunos de sus costosos edificios, otros por su posición elevada de donde se contempla un paisaje sin rival, feraces campos, bosques, quebradas, fortificaciones, jardines, trenes en continuo movimiento y a la distancia el más sublime espectáculo de la naturaleza: el mar y los buques que entran y salen de Valparaíso. Algunas casas rivalizan por sus jardines, distinguiéndose entre ellas las de los señores Vergara y Ramos, en las cuales se cultivan los árboles de todas las zonas, y en sus prados y conservatorios las más variadas plantas del universo<a name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>". Esta última referencia nos da una idea de por qué a la localidad se le denominó "ciudad-jardín".

Como puede notarse a través de estas crónicas, Viña del Mar poseía, desde hace más de un siglo, atributos de sobra para atraer a los visitantes. Ahora, no solamente son las bellezas naturales las que los deslumbran, sino que un abanico de posibilidades para entretenerlos.

<br class="spacer_" />

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+6+7   =