<strong><em>La denominada Ciudad Jardín se caracteriza hoy por una ineficiente red vial -ya que apuesta al automóvil- y la dispersión de sus actividades principales. Su topografía ya no la envuelve, sino que divide y desordena su trazado: lo hace complejo. Debemos reaccionar para que la pérdida de lo más vital que la ciudad posee -el valor de sus espacios públicos y áreas verdes- no se torne irreversible.</em></strong>
Viña del Mar esresultado deuna utopía social amparada en el concepto de âCiudad Jardínâ (o en el más reciente deâCiudad Bellaâ)y, a la vez, de acciones colectivas e individuales que suelen emergen de ideas relativamente conscientes, más o menos coordinadas y-en algunos casos-planificadas, para aprovechar las oportunidades y recursos que su plano territorialofrece.
Viña del Mar se fundóa fines del siglo XIX, época que se caracterizó por la pérdida de confianza en el rol que jugaba la ciudaden el desarrollo de lacalidad de vida de las personas. Sin embargo, esta urbesupero ese resquemor y evidenció un fuerte desarrollo, encarnando para los chilenos un ejemplo de calidad urbana que, entre estertores, se sostiene hasta hoy, a pesar de haber atravesado varias crisis y a que, en la actualidad,su trazado nos presente irremediables síntomas de una pérdida de confianza en los valores que parecía encerrar su espacialidad.
El desarraigo de sus barrios,representadoen laconfiguración cada vez más amorfa de los mismos; la obsolescencia de sus actividades económicas tradicionales, que ahora limitan las iniciativas y no impulsan las oportunidades de trabajo, yla pérdida de competitividad, ante a una mayor y mejor oferta de otras ciudades, la están afectando en forma severa.
A ello debemos sumar el hecho de que el espacio físico de Viña del Marse caracteriza por una ineficiente red vial -ya que apuesta por el automóvil- y la dispersión de sus actividades principales, debido a que su topografíaya no parece envolver a su trazado sino dividirlo y, de paso, hacerlo más complejo. Esto ha llevado a la pérdida de lo más vital que la ciudad poseía:el valor de sus espacios públicos y áreas verdes, como instancias libres dispuestas para satisfacer las necesidades de encuentroe integración de sus habitantes. Hoy la âCiudad Jardínâ es más un soporte publicitario conveniente y vulgar que a diario nos invita a caminar mirando siempre sobre el primer piso.
Entonces parece urgente crear una red de equipamientos, espacios públicos y áreas verdes allí donde la ciudad desfallece: en las urbanizaciones de sus cerros, donde vive y trabaja el 70% de sus habitantes; en su congestionado centro, cuya actividad económica ya no vibra tanto como antes; en su apetecido borde costero, donde una renovada visión del rol dela recreación, lo público y el paisaje debieran ser realmente nuestra gran oferta turística-cultural.
Surge así -para quienes vivimos en y habitamos Viña del Mar- el desafío prioritario de identificar, potenciar, difundir, conformar y atraer aquellos espacios y actividades capaces de consolidar una plataforma económica sustentableensu territorio y que a la vez sea capaz de dialogarcon su identidad.
También surge como prioridad la necesidad de revalorizar suinfraestructura vial, con el objetivo de restablecer el equilibrio territorial en función de mejorar el uso de la ciudad, a través de una accesibilidad y movilidad eficiente/eficaz en términos de recursos económicos, apostando a nuevas tecnologías óptimas para el espacio físico disponible, cuidando los valores ambientales existentes y favoreciendo la diversidad de medios de transporte, sobre la base del peatón como protagonista. ¿Por qué no adoptamos, mejor, el lema âViña del Mar: Ciudad Caminableâ?
Nuestra ciudad demanda ser RENOVADA, conforme a una estrategia que se haga cargo de sus utopías, herencia y desafíos actuales que enfrenta, con miras a restituirlesu condición de ciudad que ofrece calidad urbana a todos quienes la habitamos y la visitan.