Viña del mar, con una situación geográfica y climática privilegiada, pese a estar abierta al Pacífico, en sus inicios no le otorgó mayor importancia a su borde costero, sino que tuvo una orientación mas bien mediterránea. Si bien contaba con algunas construcciones a mediados del siglo XIX, fue el hecho de su fundación (1874), el que produjo una gran demanda de lotes de terreno por parte de acaudaladas familias de la elite chilena, que optaron por establecer su primera o segunda residencia, para el descanso y veraneo, concentrándose en alrededores de la línea férrea (calles Álvarez y Viana).
Las planicies de sus tierras y el aprovechamiento de las aguas del estero, posibilitaron además la instalación de numerosas industrias.A fines de la década de 1870 el borde costero terminó por atraer a sus más connotados habitantes, siendo la playa de Miramar (posteriormente de âLos Artistasâ) y su entorno, el sitio ideal para la sociabilidad, esparcimiento, ocio y ostentación de las elites. De carácter exclusivo y privado, junto al Gran Hotel (1875), el Valparaíso Sporting Club (1882) y el Club de Viña (1901), hicieron de la ciudad el centro del turismo oligárquico del país.
Desde la segunda década del siglo XX, rondaba en el Municipio y en algunos privados, la idea de construir balnearios, un casino, un gran teatro, entre otras obras que carecía la ciudad. Sólo en 1927 se aprobó un proyecto para transformar a la ciudad en un balneario moderno, el cual fue presentado al Gobierno, que a su vez estaba muy interesado en hacer de Viña del Mar un balneario de categoría internacional y democrático (producto de este interés, se construyó el Palacio Presidencial del Cerro Castillo), abierto al resto de la sociedad (principalmente a los sectores medios), lo que fue concretado con la Ley Nº 4283 (07/02/1928), que autorizó al presidente Carlos Ibáñez del Campo, contratar un empréstito a cuenta de la Municipalidad de Viña del Mar, con el fin de realizar numerosas obras de envergadura, para el progreso de la ciudad. Entre estas, destaca principalmente el Casino Municipal (1930), ícono la ciudad, que sería una fuente de recursos para obras posteriores y que permitió la modificación del borde costero en el sector de Población Vergara, de un uso industrial a otro turístico y residencial.
Otras obras importantes: el Coliseo Popular (espectáculos deportivos, artísticos y circenses para trabajadores), el Estadio El Tranque (Sausalito), las piscinas de 8 Norte y Recreo, el Camino a Concón, terminación del Teatro Municipal, Baños Populares (14 Norte, Bohn y Chorrillos), y pavimentaciones en el plan de la ciudad, entre otras obras públicas. Importante punto de esta ley, fue la preferencia al Municipio en las concesiones de playas del camino de Viña a Concón, lo que permitió el equipamiento y mejoras en los balnearios de Recreo, Las Salinas, Playa Amarilla, Montemar (Reñaca), Miramar y Caleta Abarca. Con otros recursos se construirían más adelante los hoteles O`Higgins y Miramar.
Desde el punto de vista de la difusión y propaganda de la ciudad, destacó la labor de la Oficina de Turismo (encargada a su vez del registro, control y estadísticas del movimiento de turistas y viajeros), que realizó una serie de publicaciones en periódicos y revistas del país, como también del extranjero, principalmente en Mendoza, donde se estableció una oficina a cargo del Cónsul de Chile. Incluso se compusieron tangos como âViña del Marâ y âDe Argentina a Viñaâ.Hubo una gran preocupación para mejorar el ornato y belleza de calles, plazas, avenidas, paseos y jardines, para âhacer de Viña una verdadera ciudad jardínâ, como lo manifestara en 1930 el alcalde Manuel Ossa Saint Marie. En este contexto de hermoseamiento de la ciudad, destaca la compra del Palacio Carrasco, para ser ocupado como Municipalidad a partir de 1934.
Todas las iniciativas y obras señaladas, junto a otras que se materializarían en años siguientes y la cada vez mejor conexión a medios de transporte, posibilitaron la transformación de Viña del Mar en una ciudad balneario internacional, âcapital turística de Chileâ.