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EDICIÓN | Febrero 2011

Combarbalita de Lujo

Carmen Leoz, Orfebre
Combarbalita de Lujo

Durante años trabajó en la gerencia de una multinacional, visitó varios países, vivió en Brasil, pero fue en la tranquilidad de Combarbalá donde encontró el lugar ideal para radicarse. En la comuna más sureña del Limarí también se crió, y ahora volvió a sus raíces para dedicarse a un pasatiempo que de a poco se fue convirtiendo en negocio. En la siguiente nota conoceremos a Carmen Leoz, la mujer que supo dar un salto de calidad con la piedra combarbalita.

Por Juan Pablo Díaz U. / Fotografías Philip Southern A.

Con catorce mil habitantes, la comuna de Combarbalá se caracteriza por su tranquilidad, su clima semidesértico, sus cielos limpios y su piedra combarbalita. Declarada piedra oficial de Chile en 1993, su multiplicidad de colores encanta a los turistas y le da trabajo a decenas de personas en la comuna. Es casi imposible caminar por las calles de la ciudad y no encontrarse con algún letrero de artesanía que anuncia las más diversas piezas fabricadas con combarbalita, desde aros hasta vanitorios.

Pero lo cierto es que los collares más buscados, apreciados y requeridos del lugar no están anunciados por ningún letrero, y hasta hace poco no los encontraba en ningún puesto de artesanía tradicional. Sólo por datos, contactos o recomendación se podía llegar a una casa particular, la de Carmen Leoz, una mujer con visión de mundo que se reenamoró de su Combarbalá natal, en gran medida por el trabajo que comenzó como una afición, pero que se transformó en una obra apetecida. Desde hace sólo dos meses, Carmen empezó a ofrecer ese trabajo también en el Barrio Artesanal de la ciudad.

A los dieciocho años dejó Combarbalá con destino a Santiago, había egresado recién del colegio y optó por buscar trabajo lejos de la tranquilidad que le daba la comuna. Le fue bien al poco tiempo, ya que entró como secretaria de gerencia en la Editorial Santillana, donde permaneció durante treinta y ocho años, hasta que jubiló.

"Estuve en Santiago, en principio, unos quince años, y después con mi marido nos fuimos a Brasil por su trabajo, él era ingeniero civil eléctrico. Allá estuvimos unos siete años, y cuando regresamos volví a trabajar a Santillana, que era como mi casa".

Hoy Carmen vive sola en una enorme casa, con amplios jardines decorados por varios ciruelos. Su esposo falleció, y de vez en cuando recibe la visita de sus hijos. Hacer collares fue para ella una especie de terapia, y hoy no se imagina estar lejos de su taller decorado por pinturas y trabajos que ella misma realizó.

¿Cómo aprendió este oficio?
Cuando estaba en Brasil tomé algunos cursos. En Río de Janeiro aprendí mucho. Después en Buenos Aires y en Santiago tomé otros cursos, pero la verdad es que siempre enseñan lo mismo y después ya depende de uno, del grado de creatividad que puedas desarrollar.

¿Cuándo empezó a trabajar con piedra combarbalita? ¿Ya después de jubilada?
Diría que hace unos diez años atrás, cuando venía para las vacaciones de verano. Empecé a ver la piedra combarbalita y no me gustó como la estaban trabajando, esa es la verdad. Por ese entonces me iba a los cerros y al río a buscar piedras. Conocía a algunas personas que se dedicaban a pulirlas, y a ellas yo les pedía que me entregaran piedras de determinadas maneras. Lo primero fue hacer collares para mí, y luego me empezaron a pedir algunos por aquí y por allá.

¿Cómo pasó de hacer collares y pulseras como pasatiempo a vender sus trabajos?
Al principio, mis amigas me pedían que les hiciera algún collar, y yo se los regalaba. Pero después comenzaron a llegar turistas y se enteraban de lo que yo hacía, entonces me ofrecían comprar algunas cosas y a mí me daba vergüenza. Incluso, recuerdo una vez que llegó un señor a mi casa, vio los collares y me dijo que se los llevaba todos, yo casi me morí.

¿Cómo definirías tu trabajo?
Sólo puedo decir que es muy artesanal, porque todo lo hago yo misma. Además, cada vez que me siento en el taller lo hago sin siquiera saber lo que voy a hacer.

¿Y cómo surge la creatividad?
Yo creo que por el espíritu santo (risas). No sé, tal vez con un rico café de grano por la mañana, que me encanta.

¿Cómo se fue proyectando el negocio?
Yo creo que fue por boca a boca. Vendo collares a quienes vengan a comprar a mi casa, desde hace dos años entrego a tiendas en Punta Arenas y Santiago, y estoy comenzando también a exponer en el Barrio Artesanal de Combarbalá.

¿Y el paso siguiente?
Es posible que trabaje con Joyerías Chile.

Pero esto es más que un negocio
Sin duda, esta es mi terapia. Hacer esto en Combarbalá me carga las pilas, esta casa, esta tranquilidad es única.

¿Y le gusta que Combarbalá sea más visitado por el auge turístico que provocó el Observatorio Cruz del Sur?
Antes era una ciudad más tranquila, lo que tenía su encanto, pero me gusta mucho que ahora esté más incluida en el mapa turístico, que venga más gente porque eso significa también que hay más trabajo.

Carmen Leoz hace principalmente collares, pero también pulseras y aros. Dice que las cosas complementarias que utiliza en sus obras las trae de Brasil, y que siempre está pensando en cómo seguir dándole a la combarbalita el tratamiento necesario para que sea valorada como se merece. Hoy sus trabajos comienzan a ser más requeridos, pero ella mantiene los pies firmes en su casa familiar.

 

"Empecé a ver la piedra combarbalita y no me gustó como la estaban trabajando, esa es la verdad".

 

 

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