Cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura trae la nueva edición de Ortografía de la Real Academia Española. Algunas novedades: Se decidió suprimir las letras âchâ y la âdoble eleâ, por lo que las letras del abecedario ahora pasan a ser 27, desaparece el nombre de la âi latinaâ y de la ây griegaâ y simplemente será âiâ y la otra âyeâ, la âb largaâ se llamará solo b, y la âv cortaâ, uve. Se registran palabras que, en determinada comunidad, tienen uso extendido en el tiempo. En el caso de nuestro Chile, se han aceptado voces como las siguientes: Bacan-leseo-piticlín-condoro-impeque-hueveo-huevón-piscola-penetro-porche-rasca-pije-hasta las cachas-chute-estriladera-cototudo-atorrante-chauchera-ojota-cochiguagua-altiro-guata-ñeque-cabrear. Me parece que en vez de legalizar palabras y palabrotas que las decía desde cabro chico, deberían darnos equivalentes o sinónimos de tantos términos made in USA que el mundo globalizado usa día a día y que no entendemos ni jota. Ayer, en un aviso de prensa de casi una página a todo color, decía más o menos así: Un importante banco entrega a otra empresa de comunicaciones el outsourcing de su operación tecnológica y podrá ocupar dos de los más modernos data center para mejorar su TI. ¿Cachó algo? Decididamente me convertiré en un think tank opositor.