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EDICIÓN | Febrero 2011

Pasión Creativa

Carolina Arias, Diseñadora
Pasión Creativa

Buscando escapar de la uniformidad, comenzó a diseñar su propia ropa a los quince años. Famosa por sus abrigos reciclados, cuyas telas rescata de muebles antiguos, la imaginación y creatividad de esta diseñadora autodidacta, periodista y con un diplomado de guión bajo el brazo, está plasmada en una tienda de antigüedades y un bazar. De sus sueños, su amor por Valparaíso y la restauración de una enorme casa porteña que compró hace poco, nos habla mirando al mar.

Por Macarena Ríos R.

El Bazar La Pasión, en el corazón de Valparaíso, está lleno de colores y rincones entretenidos. Cada pared habla por sí misma y deja ver un sinfín de objetos. Ropa atemporal, "que no tiene estación, ni talla, ni época", cuelga de percheros desiguales. Accesorios de todo tipo se exhiben en amplias vitrinas. Aros, collares, carteras, pañuelos, zapatos. Más allá, una tina cubierta de musgo con plantas flotantes que oxigenan el agua y dejan ver largos bambúes, decoran el probador. Un espejo de pared contribuye a otorgar una mayor luminosidad y espacio al lugar.

Es miércoles y hace mucho calor. Sentada, de bototos y uñas cortas, Carolina Arias (30), -la dueña y gestora de esta tienda que es muy conocida en Santiago y el extranjero, pero curiosamente, poco advertida en la región-, comenta que "el estilo de la tienda, su decoración, están inspirado en el esplendor y glamour del Valparaíso de principios de 1900, en el rescate de sus orígenes. Nuestra colección actual -cuyas fotografías estuvieron a cargo de Javier Ferrand y la dirección de arte, por David Cordones-, se llama Colección Atemporal 2011, que no tiene estación, ni talla, ni época, porque nos dimos cuenta de que no hay plata para estar renovando el clóset a cada rato y creo que tampoco tiene mucho sentido ponerle un nombre. Nuestros vestidos se aplican a toda época y también en todo momento del día".

El verde, su color favorito, inunda el espacio. Roperos, baúles y percheros restaurados le dan un toque hommy a la tienda. Una de las paredes muestra un collage de revistas antiguas, con ropa que vuelve y cuyos cortes y telas están siempre presente en las colecciones de esta joven y visionaria emprendedora.

Pero no sólo diseña ropa, sino que también su creatividad y las ganas por rescatar la historia de la ciudad porteña la ha llevado a restaurar muebles, que tienen la misma inspiración que su ropa y el mismo estilo de su tienda. Periodista de la Universidad Adolfo Ibáñez, luego de unos años en Santiago, decidió volver a su Viña natal y abrir una tienda de restauración de muebles en el Valparaíso de sus amores, "que no tiene nada que envidiar a un Palermo de Buenos Aires". El local de tapicería, que ahora se amplió a asesorías en decoración, queda en Avenida Alemania. "Tengo tantos muebles, que tuve que colgar las sillas en el techo".

Es entretenido hablar con ella. Su historia, su infancia rodeada de puras hermanas. Reconoce haberse sacado un peso de encima con la llegada de Ana María Salgado, su mamá, que ahora la apoya y ayuda en la tienda y sus proyectos.

 

RESCATANDO EL GLAMOUR

A veces se queja de su largo pelo indomable, que generalmente lleva recogido. Se ducha todos los días con agua helada. Le encantan las zapatillas y nunca en la vida se desprendería de una colonia de piprioca que descubrió hace años. "Tengo como cinco guardadas, me muero si se me acaba". Se reconoce medio despelotada. "Anoto todo en mi mano". De agenda, nada, porque se olvida de mirarla. Colecciona botones -que luego utiliza en sus creaciones-, bolitas ("debo tener cerca de diez mil"), jarros enlozados, lavatorios, peineteros y azucareros. "Una vez una niña me pilló volando bajo y le vendí un juego de lavatorio antiguo, precioso, que tenía en uno de los estantes de la tienda. Después la estaba tratando de ubicar en el cerro para que me lo devolviera, porque me arrepentí (ríe)". Es por eso que ahora forman parte del mobiliario de su casa.

En este minuto su chiche es la restauración de una casa antigua, de 1907, que se compró hace poco junto a su pareja. Doscientos cincuenta metros cuadrados que la tienen con la creatividad en el acelerador. "Es preciosa, los techos son enormes y fuimos remodelando y abriendo ciertos espacios".

Entender a Carolina implica entender los orígenes de la tienda, creada el 2006 en pleno Valparaíso, primero enfocada a la restauración de muebles y luego a la creación de abrigos y chaquetas. Han pasado apenas cuatro años y sus colecciones, sus ideas, sus propuestas, se han transformado en un referente nacional y, por qué no decirlo, internacional. Ya está acostumbrada a los mails de extranjeros que le cuentan que estarán de viaje por estos lados y que quieren pasar a la tienda.

¿De dónde nace tu inspiración?
Yo miro todo, soy terriblemente copuchenta. Hay palabras que me gusta decirlas y otras que me cargan, como el término "copuchenta": prefiero decir que soy curiosa. Soy de las que miran por las ventanas de las casas. En mis viajes observo harto, pero no me fijo en las vitrinas, no tengo un referente de la moda. Lo mío viene de lo antiguo, de las revistas Eva y Rosita, de los libros de arte, los colores, las texturas, las mezclas.

Esta diseñadora autodidacta, que se define intensa y apasionada, no tiene referentes de moda. No mira ni copia colecciones de otros. Tampoco se guía por "lo que viene". Camina una y mil veces por los cerros de Valparaíso. Los sube, los baja, los recorre. Se los imagina cien años atrás, con los adoquines relucientes, con vestidos y sombreros de época. Juega a volver al pasado. "Soy licenciada en Historia, entonces me gusta investigar las distintas épocas de esta ciudad e imaginármelas".

Las telas son uno de tus sellos, ¿dónde las consigues?
La gran mayoría salen de los juegos de living que hacemos. Para no botar los retazos de tapiz, los transformo en abrigos.

¿Prefieres restaurar muebles o crear moda?
Siento que están completamente de la mano. Yo puedo estar tapizando una silla y ya sé perfectamente en qué voy a convertir lo que me sobra. Es tanto lo que reciclamos que voy juntando retazos de tela hasta hacer una chaqueta de patchwork.

¿Por qué La Pasión?
Por la intensidad de la palabra. A mí me define bastante. Si no tienes pasión, mejor te hubieras quedado en la guata de tu mamá. Y lo de Bazar es por la infinidad de cosas que puedes encontrar acá, es un emporio antiguo, como el Olivar en Viña, donde antiguamente la gente iba a comprar los regalos de matrimonio.

 

ABRIGOS ENTRETENIDOS

Fueron los abrigos, hechos de tapices y cortinas, los que catapultaron a Carolina como diseñadora innata. "Mi primer abrigo lo hice con el tapiz de un sillón. Quedó tan original que la gente comenzó a hacerme pedidos". Uno, dos, tres abrigos y así fue armando una colección. Al principio algunos fueron de arpillera con intervenciones en graffiti, otros de telas de sacos de café o de verduras. "Ningún abrigo es igual al otro. Pongo especial atención en los botones y el forro. Soy obsesiva con las terminaciones".

¿Con cuál diseñador te identificas?
Con Laboratorio Textil, diseñamos de manera acorde y generalmente participamos en los mismos desfiles. Todos lo que ellas hacen es puro reciclado. Siento que nos complementamos muy bien.

¿Quiénes pueden estar en la tienda?
Diseñadores vanguardistas, independientes, cuyas terminaciones sean de excelencia y cuya estética sea similar a la nuestra.

¿Qué no diseñarías nunca?
Pijamas.

¿La tela más complicada para trabajar?
El terciopelo.

 

¿Qué consejos darías a la gente para que empiece a reciclar su clóset?
Todo se puede enchular y tijeretear. La moda siempre vuelve, pero creo que es bueno también desprenderse de las cosas. Yo pinto la ropa. A veces la bordo. Me encantan las flores, en ocasiones intervengo toda la tela. Otras, sólo una manga y parte de la solapa. El proceso de diseñar tiene que ver con la guata y el corazón, me late el corazón o no, se me aprieta la guata o no... tiene que ver con la pasión.

Tus imperdibles a la hora de elegir un guardarropa
Unos cuatro abrigos y cuatro chaquetas, el resto puros básicos de colores, camisetas, pantalones negros, la clásica camisa blanca y unas buenas zapatillas.

 

EL ARTE DE RECICLAR

 

Aparte de crear y diseñar le encanta pensar qué cosas puede reciclar. Guarda las bolsas de té que luego ocupa como fertilizante de plantas; los hilos los va juntando en una madeja y los utiliza como cintas de papel de regalo. Y se está haciendo un muro con las bolsas del té.

Rápida y desbordante de energía, dice que tiene dos personalidades. "Cuando ando estresada, soy sumamente productiva, creativa, y parte importante de los diseños aparecen en esta etapa. Y en otras ocasiones soy muy tranquila y reflexiva. Hablo poco y paso mucho rato sola, me transformo en una persona bien fome. Pero me encanta sentirme así porque lo paso muy bien conmigo, se me ocurren muchas ideas, mezclo colores, texturas, telas, pienso en cómo puedo reciclar más, me encierro a restaurar los muebles, saco de las cajas las telas acumuladas y en todo ese restaurar en silencio arreglo el mundo, es la mejor terapia".

También la relaja el ver películas. "He visto tantas que para llevar un orden empecé a ver películas por director. Analizo el vestuario, las imágenes, las secuencias, los colores (hice un diplomado de guión). Me encanta verlas para relajarme y a la vez me sirve para sacar ideas".

¿Periodista o diseñadora?
Soy muy de las dos, aunque me encantaría ser rockera.

 

"El estilo de la tienda, su decoración, están inspirado en el esplendor y glamour del Valparaíso de principios de 1900, en el rescate de sus orígenes".

 

 

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