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Entrevistas

EDICIÓN | Marzo 2011

Historias de Café

Hernán Rivera Letelier
Historias de Café

¿Necesitamos presentarlo? Escritor, pampino, siempre dentro de los más vendidos. A fines del pasado 2010, recibió uno de los premios más respetados de la literatura mundial, con lo que se dio el gusto de confirmar que su éxito no es casual ni producto de una moda. Luego de una gira estilo rock star por diversos países, volvió a casa. Necesitaba concretar un proyecto incubado por largos años y que está a punto de ver la luz.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V. / Locación FCAB

<em>"¿Qué le dijo la leche al azúcar? Nos vemos en el café",</em> nos dice Hernán en plena sesión de fotos en los patios de Ferrocarril Antofagasta Bolivia. Mientras se ríe a carcajadas de su chiste, yo pienso "menos mal que se dedicó a escritor, porque si no, Chile hubiera perdido un tremendo talento y a cambio hubiéramos tenido un pésimo humorista...". Hernán se sigue riendo.

Nunca falta tema para conversar con Hernán Rivera Letelier. Invariablemente tiene cosas que contar porque su mente está llena de ideas esperando convertirse en <em>best seller</em>, tal y como lo ha conseguido hasta ahora con la totalidad de sus catorce libros publicados entre 1988 y el 2010.

<strong>¿Cómo mantienes un promedio de producción tan alto? En el último tiempo has publicado casi una novela al año...</strong><br /> Cuando empecé sacaba un libro cada dos años. Pero de repente me salen estas novelas cortas y ha pasado que los últimos cinco años he publicado una novela anual.

<strong>¿Entonces no es un ritmo autoimpuesto?</strong><br /> Yo no tengo contrato con nadie, nadie me pone fechas para mis novelas. Yo me demoro todo el tiempo que sea menester y escribo con toda la calma del mundo, corrigiendo una y cuarenta veces si es necesario. De hecho, la próxima es una  novela corta que transcurre en un café, pero la vengo escribiendo hace siete años

<strong>¿En el mismo Café del Centro que la gente conoce como tu oficina?</strong><br /> Exacto. Por fin voy a romper el mito y ahora van a saber que no voy al café a perder el tiempo. El café también es un lugar de trabajo. El escritor, donde esté, el artista, donde esté, anda rescatando imágenes, cazando frases, en fin...

<strong>Hay quienes visitan Antofagasta y se sorprenden de verte en un lugar tan público de la ciudad ¿te saludan mucho?</strong><br /> La gente se acerca a mí con familiaridad. Por lo demás, yo tengo rutinas de trabajo que son bastante marcadas y mi salida al centro de Antofagasta es una de ellas. En el café leo, observo y me relajo antes de volver a trabajar.

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<strong>¿Y has parado la oreja para escuchar alguna historia?</strong><br /> Pero claro. De hecho <em>Mi nombre es Malarrosa</em> -una novela de más de doscientas cuarenta páginas-, se armó toda desde una frase que escuché en el café.

<strong>O sea que no hay que contar secretos cerca de ti...</strong><br /> O al revés, si me cuentan una historia puede que aparezca algo. <em>La contadora de películas</em> completa nació de una anécdota que me contaron, también en el café.

<strong>Yo que la gente empiezo a cobrar una parte. Mínimo invita a todos un expreso...</strong><br /> Las personas que circulan por el centro de Antofagasta creen que yo estoy en el limbo mientras me tomo mi café matutino, pero no, me mantengo con los cinco sentidos atentos a cada movimiento. Por eso, como una forma de agradecer la inspiración que me han dado vamos a hacer el lanzamiento de la próxima novela ahí mismo, en el Café.

<strong>¿De qué se trata el libro?</strong><br /> Es la historia de un escritor que usa chaqueta de cuero negra y que pasa metido en un café del centro.

<strong>Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia</strong><br /> Claro. Hay cosas que se parecen, pero lo distinto es que este escritor se cree ángel.

<strong>Ah, es como tu <em>alter ego</em>...</strong><br /> Algo así. Mucha gente va a pensar que soy yo, pero no soy yo.

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<strong><em>AROUND THE WORLD</em></strong>

Durante la promoción de <em>El arte de la resurrección</em> batió su propio record y dio más de cuatrocientas entrevistas en tres meses y medio. En Valencia, España, contó diecinueve conversaciones con periodistas ¡en un solo día!

<strong>¿Y siempre son las mismas preguntas?</strong><br /> Casi siempre, son muy pocas variaciones.

<strong>Entonces es una lata...</strong><br /> Claro, porque así como se repiten las preguntas, se repiten también las respuestas. De repente aparecen frases por ahí que se hacen célebres que se transforman en caballito de batalla. Lo mejor, es cuando se crea un diálogo y logramos hablar de cosas que nunca antes había dicho. Yo me entrego completamente. Tal como cuando me subo a un avión...

<strong>¿Te asustan los aviones?</strong><br /> En realidad, debo confesar que no por ser viajero frecuente el asuntito de los viajes me pone menos nervioso. No sé si el avión se va a caer o no, pero no me queda otra que confiar. En una entrevista igual me entrego, aunque desde la primera pregunta uno se da cuenta si el entrevistador o entrevistadora es malo, pero bueno ya son avatares del oficio no más.

<strong>¿Ese es el precio de la fama? ¿Lo más fome de ser reconocido como escritor estrella?</strong><br /> Hay muchas partes entretenidas, pero también hay partes muy fomes y esa es una. Encontrarte de pronto con una periodista que llega y te pregunta "señor Rivera, ¿de qué trata su última novela?". Creo que por lo menos debería leer la contratapa antes de preguntar. Yo recuerdo una muy jovencita, parece que venía recién saliendo de la escuela, y me preguntó "¿usted a qué se dedica?".

<strong>EL HOGAR</strong>

Para Hernán Rivera, Antofagasta es su hogar. Creció en la pampa pero esta ciudad lo acogió desde muy jovencito, cuando cada vez que podía viajaba a conversar con personajes intelectuales y letrados, que pudieran guiarlo en su incipiente vocación.

<strong>¿Qué sientes al volver a tu tierra después de visitar tantas ciudades del mundo?</strong><br /> Gracias a mi trabajo, he tenido la posibilidad de conocer algo de este planeta y lo que me puede molestar de mi país, es que he visto ciudades más chicas y más pobres que muchas ciudades chilenas, pero mucho más cuidadas. En otros lugares existe una mayor conciencia turística, por llamarla de alguna forma. Los lugares son más amables para el visitante, está todo mejor pensado. En cambio acá las cosas parece que no se planifican. En Antofagasta por ejemplo, existe un gran potencial, pero no sé qué pasa que no se explota.

<strong>¿Cuál crees que es el problema?</strong><br /> Es falta de visión, creo yo. En general hay lugares con montones de cosas dignas de admirar, pero hay que sacarle partido.

<strong>¿También en lo cultural?</strong><br /> En el ambiente hay una efervescencia constante. Existe un gran surgimiento de artistas nuevos en todos los ámbitos.

<strong>Pero eso al parecer sólo lo ven los mismos artistas, porque la gente de afuera siempre reclama que falta cultura... parece que los artistas florecen, pero el público no.</strong><br /> Exactamente, hay una floración de artistas que no es proporcional al desarrollo de público. Eso es muy triste. La parte de los artistas va bien, pero el público se está quedando atrás.

<strong>¿Cómo es tu público? ¿Es fiel o va cambiando?</strong><br /> La gente casi siempre es la misma y por eso uno va entablando amistad. Mira, si vas a una exposición de fotografía y después a un lanzamiento de un libro o a una muestra de pintura y empiezas a mirar al público, te vas a dar cuenta que son las mismas personas que hacen una especie de recorrido cultural. Aunque el arte siempre ha tenido un público minoritario, creo que hoy es aún menor que antes y eso es preocupante, porque mientras aparecen artistas de mayor calidad, el público desaparece.

<strong>Pero eso no te quita las ganas de escribir</strong><br /> De ninguna manera. De hecho, ya tenemos todo listo y dispuesto para el próximo libro.  Se va a llamar <em>El escritor de epitafios</em>.

<strong>¿Por qué ese nombre tan críptico?</strong><br /> Cuando se lea  se va a saber por qué se llama así.

<strong>¿Y tú tienes escrito tu epitafio?</strong><br /> Sí, hace mucho tiempo.

<strong>¿Qué va a decir?</strong><br /> Es un epitafio que me gustaría que se pudiera usar. Si me muero hoy se puede usar perfectamente, si me muero en veinte años más, no sé. Porque es un epitafio que quisiera todo artista, dice: Aquí yace Hernán Rivera Letelier: murió antes que su obra.

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<strong>EL CINE</strong>

<em>La contadora de películas</em> se llevará próximamente al cine. Los derechos fueron comprados por una productora francesa, que no escatimó en gastos para producir la historia de María Margarita, que se ganaba la vida relatando los avatares de la pantalla grande. Un contrato digno de aplausos.

<strong>¿Eres tu propio manager?</strong><br /> No, yo tengo un agente para eso. Yo no sé nada de negocios y, por suerte, trabajo con el mejor agente del mundo hispano.

<strong>De las grandes ligas</strong><br /> Claro, él tiene su oficina en Barcelona y desde ahí maneja los hilos de los más grandes escritores de este lado del mundo.

<strong>¿Él fue el que te contó que querían comprarte los derechos de una de tus novelas para una película?</strong><br /> Sí y la verdad fue una noticia espectacular.

<strong>¿Te pasa seguido esto de convertir tus novelas en guiones?</strong><br /> Me había pasado en el teatro, pero recién me está pasando con películas. De hecho, cuando estuve en la Feria de Guadalajara, se me acercó nada menos que Guillermo del Toro (director y guionista mexicano, ganador del Premio Goya), porque acababan de pasarle <em>La contadora de películas.</em> Me invitó a comer para pedirme hacer la película y tuve que decirle "perdóname, pero llegaste tarde". Lo bueno es que aproveché de contarle de esta novela nueva y se la ofrecí. Así es que le pasé el original de <em>El escritor de epitafios</em>. Vamos a ver qué pasa

<strong>¿Y a ti te gustaría participar en las filmaciones?</strong><br /> No, ver la filmación de una película, es lo más aburrido que hay. Yo estuve haciendo un comercial que duraba veintinueve segundos y estuve ocho horas sentado. Imagínate hacer una película...

<strong>¿Pero tú ves los guiones antes de que empiecen los rodajes?</strong><br /> No, yo vendo los derechos para la película y me entrego no más. Soy un hombre entregado.

<strong>"Hay una floración de artistas que no es proporcional al desarrollo de público. Eso es muy triste. La parte de los artistas va bien, pero el público se está quedando atrás. Yo veo que la gente no se pone la camiseta por la ciudad donde vive, donde crecen sus hijos".</strong>

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