âEn India la cultura ancestral vive, respira, tiene ojos de niño y sonrisa de mujer. India en esencia es muy antigua, y lo más venerable que tiene es su gente; sus usos y tradiciones, sus lenguas, todas formadas mucho antes que las lenguas europeas. Su estética, nacida en las aldeas y entrelazada con las infinitas formas de la naturalezaâ.<br /> <br /> Cada año, siete mil chilenos visitan India. La mayoría está dos semanas y va por turismo. Otros van por razones de negocios, con una estadía aún menor. Pocos son los que van por tiempos largos; a entregarse a prácticas y actividades religiosas o filosóficas. Mas, en cualquiera de esos casos, la visión de India que se trae suele ser parcial e insuficiente, deformada por el impacto que causa la heterogeneidad y simultaneidad de una cultura espesa y compleja. Porque, para entenderla, habría que sumergirse en esa densidad y vencer ciertos mitos que ocultan a la India de verdad.<br /> <br /> Primero: el hinduismo, que está en todo y que no sólo es una religión, sino una particular visión del mundo que tienen todos en India. El hinduismo es una actitud ante la vida que hace que se asemeje un malayo, un camboyano y un nepalés, no importa si uno es musulmán, el otro budista y el último hindú. Así mismo es la India en sí, un continente donde conviven hace diez milenios varios países étnica, lingüística, y culturalmente distintos, todos conformando la civilización hindú que es mucho más que una humana globalidad regional. Por eso, hace sesenta y cinco años ocurrió la separación entre India y Paquistán; porque unos sí se sentían parte de un cuerpo antiguo, animado por un solo espíritu supranacional, muy bien personificado por el Mahatma Gandhi. Los otros, prefirieron constituir otro país, con sus respetables y atendibles razones; prefirieron buscar un nuevo destino dentro de la civilización islámica. Nosotros, empezamos a darnos cuenta cuál es ese eterno espíritu de la India, cuando percibimos que hay una luz de vida en una fría e inerte estatua, o en un templo de piedra. O cuando sentimos una serena paz viendo las apuradas e inagotables muchedumbres que llenan avenidas y bazares; que repletan buses y trenes, o que van de a tres y hasta de a cuatro montados en una sola motocicleta. Gentío que no abruma como sí lo haría una turba en Occidente. En India, la abundancia de gente es parte del paisaje, sea urbano o rural. Le da calidez y hasta amabilidad. O cuando escuchamos las sabias palabras dichas por un gurú ante su satsang âreunión de discípulosâ, o las que dice una madre a su hija, el día que contrae matrimonio. Todo eso es el universo hindú; intensamente humano, gastado de tanto tránsito, pero siempre renovado y genial.<br /> <br /> Segundo: la real antigüedad del país. Cuando se visita India, se hacen ciertos recorridos típicos que muestran los últimos quinientos años, o incluso menos. Lo que más se fotografía son los bellos monumentos del período Mongol o del reciente imperio británico. Lo que queda de períodos más antiguos, base de la civilización hindú ya descrita, es más difícil de encontrar. No está en los circuitos turísticos; y si lo están, quedan desgajados como afloramientos inconexos. Curiosamente cuando se va a Egipto, lo que más se admira tiene cinco mil años; en India, esa antigüedad no está en las piedras, sino en las calles. Porque del mundo de los faraones ya nada queda; sólo monumentos. En cambio en India la cultura ancestral vive, respira, tiene ojos de niño y sonrisa de mujer. India en esencia es muy antigua, y lo más venerable que tiene es su gente; sus usos y tradiciones, sus lenguas, todas formadas mucho antes que las lenguas europeas. Su estética, nacida en las aldeas y entrelazada con las infinitas formas de la naturaleza. Y por cierto la comida, tan variada como sería toda la occidental, pero con una constante: condimentada hasta la exasperación. Nunca imaginé que se pudieran hacer helados picantes, hasta que los probé en la India.<br /> <br /> Finalmente (por esta vez): la India vibrante y moderna. India siempre ha sido moderna. La agricultura, base de la civilización, tiene en India uno de sus primeros momentos; toda la tecnología asociada a lo agrario permitió la más alta organización social. Luego, las formas urbanas y concentraciones de población, el comercio, la competencia, trajo avances que hicieron a India un centro de creación que se derramó sobre toda la región. De ahí la tremenda influencia sobre el sur y sureste de Asia. A su vez llegaron a India ideas y objetos desde Occidente. India siempre estuvo conectada con la Arabia por el mar, y con Persia, por tierra. La adaptación de innovaciones a la realidad de India, la hizo muchas veces a superar a los lugares desde donde llegaron las novedades. En los últimos dos siglos, India recibió la cultura Occidental. El imperio británico impuso el inglés, que hoy lo habla toda la población educada, y que le da una ventaja profesional gigantesca. La ciencia y la tecnología, como instrumento en las manos de un pueblo de prudencia ancestral, lo va a hacer una vez más un centro de creación de cultura y modernidad. Y se derramará como catarata. ¿Aún sus hijos no bailan masala dance?