Más allá de Quillota, subiendo por la Quebrada del Ají, existe un vivero de otro mundo. Un refugio mágico que, en sus cinco mil metros cuadrados, alberga todo tipo de plantas acuáticas. Cientos de variedades, colores y formas viven la vida frente a la cordillera y el aire puro, de la mano experta de Rosemarie Ullrich, una diseñadora paisajista pionera en la construcción de jardines acuáticos, que hizo de su vida un arte natural.
Por Macarena Ríos R. / Fotografía Macarena Ríos y gentileza Rosemarie Ullrich
El camino hacia el vivero de Rosemarie nos regala diversos espejos de agua orilladas con piedras de cerros cercanos. Ninfeas tropicales azules, otras púrpuras, jacintos de agua, flores de loto, papiros y lirios amarillos conforman el paisaje de quien debe ser una de las que más sabe de jardines acuáticos en Chile. Asesora permanente de los paisajistas más top del país como Juan Grimm, María Teresa Chadwick o Cristóbal Elgueta, Rosemarie reparte su tiempo entre el vivero que construyó hace diez años aquí en Quillota, los talleres de la Carrera de Paisajismo en el Inacap de Santiago, las clases en el Club de Jardines de Chile y las charlas y seminarios sobre jardines acuáticos que imparte en diversos centros universitarios.
Es domingo y el calor, producto de un sol rabioso que fulgura desde lo alto, se hace sentir. El lugar donde cultiva las plantas acuáticas es un verdadero ecosistema. Alrededor del vivero hay manzanos, duraznos, damascos y ciruelos. Jardines húmedos experimentales hechos con aguas grises (de la ducha, el lavamanos y el lavaplatos) y la promesa de piscinas naturales hablan del compromiso férreo de esta paisajista por la naturaleza y la ecología que la tienen concentrada (y entusiasmada) hace ya diez años.
Más de ciento veinte piscinas, dispuestas en cinco mil metros cuadrados de vivero, albergan diversas plantas acuáticas, cuyas semillas llegan directamente de Tailandia y que se clasifican en cuatro tipos: profundas, flotantes, oxigenadoras y palustres. Con paciencia y cuidados diarios crecen las protagonistas de esta historia que, más adelante, adornarán estanques, jardines acuáticos, lagunas, piletas, jardines húmedos o humedales.
LAS NINFEAS DE MONET
Las plantas acuáticas son plantas adaptadas a medios muy húmedos o acuáticos. Su hábitat natural combina aguas dulces o medianamente estancadas. Se encuentran en lagos, estanques, charcos, pantanos, orillas de los ríos, deltas, estuarios o lagunas marinas y se caracterizan por tener un tipo de tejido esponjoso que se llena de aire -cámaras aeríferas-, que les permiten flotar.
Las plantas profundas -como los Nymphaea (ninfeas) y la flor de Loto-, se sitúan en la zona más profunda de un estanque (desde cuarenta a noventa centímetros), sus hojas dan sombra e impiden el desarrollo de algas, ayudando a mantener el agua clara. Rosemarie tiene treinta y cinco tipos de colores de ninfeas, entre las tropicales y las perennes. Son las reinas de los jardines acuáticos. Altivas y orgullosas, florecen del agua de manera casi misteriosa. "Los chinos las consideran sagradas porque emergen de la podredumbre".
Las ninfeas tropicales son preciosas. La flor emerge del agua y su raíz es de bulbo. Su hoja es suave y delgada y tiene toda la gama de colores, desde el blanco hasta el rojo, pasando por los tonos azules y lilas. La diferencia con las ninfeas perennes radica en que estas últimas tienen hojas más gruesas, su raíz es como un rizoma y no existen azules ni lilas. Los colores hipnotizan, como lo hicieron con el pintor francés Claude Monet, que durante los últimos treinta años de su vida realizó más de doscientos treinta lienzos en torno al tema del estanque florido que había creado en el jardín de su casa en Giverny.
Las plantas flotantes son aquellas que flotan en la superficie y sus raíces están sueltas dentro del agua en lugar de arraigadas en macetas o en el fondo. Algunos ejemplos son el jacinto de agua, la lechuga de agua y la lenteja de agua. De estas, Rosemarie tiene seis especies. ¿Cómo se plantan? Simplemente echándolas al agua. Una maravilla.
Las oxigenadoras -en el vivero hay cuatro especies-, están completamente sumergidas en el agua, excepto las flores que pueden salir a la superficie. Son las clásicas que vemos en los acuarios. Sirven para mantener el agua clara, ya que sus hojas absorben los minerales y el dióxido de carbono y esto dificulta el desarrollo de las algas. Se debe poner una planta oxigenadora por cada 0,3 metros cuadrados de superficie de estanque. Lo mejor es una mezcla de varias especies. Crecen muy rápido. Están la elodea densa o la vallisneria.
Las plantas de ribera o palustres se sitúan en los bordes de los estanques con las raíces dentro del agua. Son las encargadas de hacer la transición entre el jardín y el estanque. Algunos ejemplos son el lirio amarillo, el equisetum y el acorus cálamo acuático. El vivero tiene más de ciento cincuenta tipos de palustres.
También hay plantas ideales para ponerlas cerca de los estanques, como los bambúes y los helechos. Rosemarie comenta que para crear un estanque son indispensables los cuatro tipos de plantas acuáticas y que los precios varían entre los ocho mil y los sesenta mil pesos.
ESPEJOS DE AGUA
Esta viñamarina, que viaja sagradamente todos los fines de semana desde Santiago a Quillota, dice que casi todos los que llegan a verla por primera vez con la idea de tener un jardín acuático en su casa, no saben por dónde empezar. "Por lo general les doy las instrucciones para que hagan un estanque, que puede ser de madera, plástico, piedra, hormigón o incluso de arcilla. Yo recomiendo el de madera con lámina de PVC, porque es el más fácil de hacer". En cuanto a los precios, estos van desde los quinientos mil pesos hasta varios millones, todo dependerá de los materiales elegidos.
¿Qué cuidados debemos tener con este tipo de plantas?
Hay que mantener las plagas alejadas, como en cualquier jardín. Lo único que las afecta son los pulgones y los caracoles de agua, que se remueven con la mano. En el caso de los pulgones, hay que manguerear la planta, estos caen al agua y los peces se los comen. Por eso es bueno tener peces en los jardines acuáticos, porque también controlan los zancudos, pero hay que tener ojo con la cantidad que se pone, porque su reproducción excesiva exacerba las aguas verdes producto de sus deposiciones.
¿Y qué pasa con el frío?
Cuando vienen las heladas, las plantas se recogen, se cierran y quedan en estado de latencia. Otras cambian de color, como el helecho de agua (azolla caroliniana) que en invierno se pone rojo.
¿Dónde recomiendas poner un estanque?
Las plantas acuáticas deben tener entre cuatro a seis horas de sol. El exceso de sol aumenta la temperatura del agua, lo que contribuye a la formación de algas unicelulares. Las algas equivalen a la maleza en el jardín y pueden llegar a asfixiar a las plantas, por eso hay que estar siempre controlándolas. Existen algicidas, pero no soy amiga de los químicos.
¿Requieren mucha agua?
Los estanques de agua requieren menos agua que el pasto y pocos cuidados, generalmente. Una vez que se establecen (alrededor de seis a ocho meses) es muy poco lo que hay que hacer. Se rellenan una vez por semana.
¿Cómo mantener un estanque?
Una vez establecido el equilibrio ecológico, el cambio de agua no es necesario. La limpieza del estanque se limita a sacar las hojas y flores viejas y el follaje que pudiera caer en otoño. Las limpiezas profundas, con remoción del sedimento del fondo y división de plantas, sólo se realizan cada dos o tres años.
¿Dónde te pueden hacer pedidos?
Directamente en mi página web www.acuaticas.cl
Rosemarie dice que el período de reproducción es en invierno, época que la tiene trabajando intensamente. Despacha pedidos de Arica a Punta Arenas, vía Chilexpress, y aunque le han llegado varios requerimientos de México, Ecuador y Panamá, no sabe cómo operan las leyes en otros países, así que por el momento funciona sólo con pedidos nacionales. "Las plantas se embalan a raíz desnuda, envueltas en papel húmedo y luego en bolsas selladas dentro del típico plástico especial para embalajes frágiles y posteriormente se ponen dentro de una caja. Duran aproximadamente dos días sin agua".
TRADICIÓN MILENARIA
El origen de los jardines de agua parte en Egipto en la época de Ramsés III. A los costados de los palacios acumulaban agua y plantaban nelumbos, papiros y tenían distintas variedades de peces. De Egipto, este verdadero arte se traslada a China y Japón. Con Marco Polo llega a Europa. En 1780, los ingleses realizan los primeros estudios científicos de estos jardines acuáticos. El botánico José Bory Latour-Marliac fue el primero en crear híbridos de nenúfares rústicos con formas y colores múltiples.
Actualmente, Rosemarie está concentrada en sacar un libro, el primero sobre jardines acuáticos de nuestro país, con la periodista Luz María De la Vega y el fotógrafo Homero Monsalves. "Los jardines acuáticos son adictivos. Yo partí con una piletita hace mucho tiempo y sencillamente me enamoré de las plantas, las encontré, lejos, lo más entretenidas que hay y decidí aprender. Al lado de un jardín acuático se crea todo un ecosistema que no es habitual. Llegan las libélulas, las ranitas, vienen las golondrinas a tomar agua. Es un hábitat muy entretenido y mágico".
“Las plantas se embalan a raíz desnuda, envueltas en papel húmedo y luego en bolsas selladas dentro del típico plástico especial para embalajes frágiles y posteriormente se ponen dentro de una caja. Duran aproximadamente dos días sin agua”.