En el afán permanente de descifrar las bases de nuestras raíces culturales para fortalecer nuestra identidad, emerge, desde el pasado, una de las culturas más extraordinarias que tiene su epicentro en la región de Coquimbo: la Cultura Coquimbo /o Diaguitas Chilenos, gentilicio aceptado por Francisco Cornely con resignación para no provocar conflictos en su época; y mantenido hasta el día de hoy por los distintos cientistas sociales, para construir, validar y atribuir a los diaguitas chilenos una supuesta unidad cultural que existió en el espacio regional de Atacama y Coquimbo. La primera referencia histórica documental que registra la existencia del grupo étnico diaguitas y sólo en el Valle de Elqui, está en el censo de población aplicado por el Oidor Hernando de Santillán, en 1558, quién cita al conquistador Pedro de Cisternas como poseedor del repartimiento de los diaguitas, con dos caciques principales: Asanlo y Calco. Y los caciques menores: Queopo y Cobycopo. La encomienda suma un total de setenta almas para servir a su señor. Treinta viven en las minas de Andacollo sacando oro, distante nueve leguas de su pueblo, y el resto reside en su pueblo mitimae ubicado a diez leguas de La Serena. Los hombres trabajan en las labores agrícolas y las mujeres deben atender a la señora, cocinar, barrer y acarrear agua. Es interesante acotar que hay tres indígenas que están dedicados exclusivamente a trabajar y beneficiar las viñas en las tierras de su amo. Los archivos coloniales de la administración del siglo XVII y XVIII, confirman la existencia de este único pueblo diaguita. Es así como por real cédula del 10 de febrero de 1606, el gobernador Alonso García Ramón concede a Francisco Cortés âen el valle de los Diaguitas (área territorial de Rivadavia), pueblo de su encomiendaâ, seiscientas cuadras de tierras. Posteriormente, por real cédula del 13 de junio 1618, el gobernador López de Ulloa hace merced de dos mil cuadras de tierras, al español Pedro Ugarte de La Hermosa, también en el valle de los diaguitas, pero colindante con la propiedad de Francisco Cortés. Asimismo, cabe destacar que en otros documentos del siglo XVII, la encomienda del pueblo de los diaguitas aparece junto a indígenas del valle de Aconcagua, llamados Chile. Ello nos hace pensar que en el valle de Rivadavia o valle de los Diaguitas, coexisten dos grupos mitimaes incas: los diaguitas y los chile. Los primeros, trasladados desde la región trasandina y los segundos, desarraigados desde el valle de Aconcagua, constituyendo grupos especializados en desarrollar algunos oficios y artesanías orientadas a satisfacer necesidades de la economía regional. En donde no existen dudas ni controversias de carácter histórico-antropológico, es respecto a la riqueza de la materialidad cultural creada por la cultura Coquimbo o Diaguita chilena, nos referimos a la alfarería o cerámica, expresión máxima de una experiencia de vida en sociedad. Al respecto, un ex rector de la Universidad de Viena, Austria, refiriéndose a la creatividad artística y a la belleza de las piezas cerámicas dice: âlas decoraciones en rojos, negros y blancos, pertenecen a las más bellas y exquisitas que se hayan creado en este campo de la actividad cultural en pueblos suramericanosâ. Por su parte, el profesor Patricio Cerda, especialista en la descripción e interpretación de la estética, iconografía y diseños de la cerámica de la Cultura Coquimbo o Diaguita, afirma que es una de las más famosas tradiciones cerámicas de la región, ya que es una cerámica excepcionalmente fina y de complejo simbolismo. Este simbolismo es como un lenguaje asociado a las prácticas propias de la ritualidad mágico-religiosa y que también expresa la cosmovisión y el sistema de creencias, los conceptos, las actitudes y los valores de la cultura. Pensar y repensar la realidad histórica que existe o ha existido por sí misma, con entidad propia, independiente de las interpretaciones y explicaciones que de la misma puedan hacerse es una de las tareas permanentes que tiene el historiador para generar conocimiento histórico, cuyo objetivo es comprender las experiencias sociales en su tiempo y en su dinámica histórica.