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EDICIÓN | Julio 2011

Acompañamiento psico-espiritual del enfermo desde una perspectiva ecuménica

Por Anna María Vandini Santunioni, académica Departamento de Teología Universidad Católica del Norte
Acompañamiento psico-espiritual del enfermo desde una perspectiva ecuménica

<em>Nuestra sociedad ha creado estructuras que tienden a camuflar, de alguna manera, tanto el problema de la muerte como el del sufrimiento. Esto se observa, por ejemplo, en los llamados “Parques del recuerdo”, o “las capillas de las funerarias”, donde generalmente se separa a la familia del difunto; también son menos comunes los velorios en familia.</em>

Los seres humanos estamos hechos para la vida, no para la muerte y es normal querer vivir; sin embargo, por más que se haya alargado el promedio de la vida, al final se muere. ¿Qué es lo que falla?

Es un hecho que, tanto la familia como la sociedad en general, no nos preparan ni para la enfermedad ni para el sufrimiento, y menos aún para la muerte; la muerte nos desconcierta, no sabemos cómo enfrentar estos momentos ineludibles de la vida. Y sin embargo, la muerte es un hecho natural.

Los orientales parece que alcanzaron esta meta; Lin Yutang decía: “La vida se apaga y llega uno al sueño eterno. Deberíamos ser capaces de sentir la belleza de la vida, de apreciar, como lo hacemos en las grandes sinfonías, su tema principal, sus acordes de conflicto y su resolución final”.

En este contexto, es válida la inquietud por cómo acompañar espiritualmente de la manera más adecuada a quienes se enfrentan a largas dolencias, considerando tanto al propio enfermo como a su círculo más cercano. En este sentido, cabe recordar que nuestra propia legislación —concretamente la Ley de Culto— establece que toda persona tiene derecho a recibir asistencia religiosa de su propia confesión donde quiera que se encuentre, lo que debe ser asegurado y regulado por el Estado. Además, el Reglamento Orgánico de los Servicios de Salud garantiza a los enfermos atendidos en los establecimientos pertenecientes a los mismos, el absoluto respeto a sus creencias y prácticas religiosas, otorgándoles facilidades “a quienes soliciten servicios religiosos de cualquier confesión, permitiendo el ingreso, debidamente autorizado, de los respectivos ministros para que asistan al enfermo en el más breve plazo”.

Considerando esta realidad y las necesidades de apoyo asociadas, en la Universidad Católica del Norte estamos próximos a dar inicio a un diploma en estudios ecuménicos dedicado al acompañamiento psico-espiritual del enfermo, programa que reunirá la vocación social de nuestra casa de estudios y la voluntad institucional del Departamento de Teología, el Departamento de Clínica perteneciente a la Facultad de Medicina, y el respaldo del Movimiento Ecuménico de Elqui.

¿Qué significa que nuestro diploma sea “ecuménico”? Por una parte, quienes lo hemos gestado pertenecemos a iglesias cristianas diferentes: Anglicana, Católica, Asamblea de Dios, Bautista y otras; por otro lado, nuestro objetivo es ayudar a los actuales y futuros voluntarios/as para que, en su servicio a los enfermos y a sus familias, aprendan a reconocer, respetar y valorar la opción religiosa o aún a-religiosa, de cada uno de sus futuros “pacientes”.

Los contenidos del diploma intentan también cubrir los aspectos más fundamentales en la formación de los acompañantes del enfermo, de manera que el aspecto ético será un pilar importante en su formación.<br /> Dentro de una sociedad que cada día se observa más individualista, el diploma pretende valorar y destacar la vocación social de tantas personas que, gracias a Dios, siguen existiendo, y dotarla de las herramientas más apropiadas, especialmente en el campo espiritual, para que cumplan con mayor eficiencia, y abiertas a la diversidad, su misión de servicio.

No todos los enfermos se encuentran en los hospitales, muchos más deambulan por las calles, agobiados por las que llamamos enfermedades del alma. El título de este diploma revela precisamente su propia alma, es decir su objetivo, la meta hacia la cual pretende llevar a los voluntarios: acompañar psico-espiritualmente a los enfermos y a sus familias.

Queremos prestar, en conjunto, un servicio a la comunidad en la formación de voluntarias/os que puedan asistir psico-espiritualmente a las personas enfermas y moribundas y a sus familias desde una perspectiva ecuménica. El diploma representa un esfuerzo por llevar a la práctica un principio profundamente evangélico, la voluntad misma de Jesús: “que todos sean uno como nosotros” (Juan 17,11).

 

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