La creación de la Escuela de Preceptores en Santiago fue un reconocimiento al problema de la falta de profesores, mas no la solución, pues en La Serena las escuelas públicas funcionaban en casas arrendadas y como el presupuesto asignado no alcanzaba, muy pronto alumnos, profesores, bancos y pizarras eran lanzados a la calle. La esperanza de vida era sólo de treinta y cinco a cuarenta años.
En la segunda mitad del siglo XIX, junto al Liceo de Hombres y la Escuela de Minas se suman el Seminario Conciliar, el Liceo de Niñas y el Colegio de los Sagrados Corazones, estos establecimientos educacionales para hombres y mujeres âseparadamenteâ reflejan la pugna ideológica filosófica entre laicos y ultramontanos.
La crisis económica del año 1873, superada por el éxito en la Guerra del Pacífico, deja a Chile en un sitial de supremacía en el Pacífico Sur, pero necesita de una educación que contribuya a consolidar este liderazgo continental. El gobierno inicia la búsqueda de modelos educativos para formar ciudadanos ejemplares, mental y físicamente, de acuerdo con los paradigmas de fines del siglo XIX. Los gobernantes y los intelectuales que han vivido en Europa miran la educación de las sociedades de los países del norte, Suiza y Alemania, como modelos de apego a la disciplina, el trabajo, la responsabilidad y, por sobre todo, la habilidad en las artes mecánicas y la tecnología industrial. La copia y adaptación de estos paradigmas socioeconómicos al sistema educacional chileno quedan representados en la creación de la nueva Escuela Normal de Preceptores/as. En La Serena, su directora, Isabel Bongard, es contratada en Alemania, y bajo su moral y férrea conducción se reclutarán cada verano las alumnas desde Arica a Valparaíso y cuya matrícula de internas no sobrepasa las ciento veinticinco alumnas. Estas nuevas profesoras y verdaderos apóstoles de la educación primaria, formarán, por más de setenta años, al nuevo ciudadano chileno. La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial deja a Chile a medio camino de una reforma educacional y sumido en una nueva crisis, que no durará mucho, pues la hegemonía norteamericana en nuestra economía minera del cobre pronto hará sentir su influencia.
La crisis mundial del año 1929, que sirve de culminación a la reforma educacional estructural llevada a cabo durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, dará paso a los gobiernos radicales, adalides de la educación, con su slogan âGobernar es educarâ, creando el concepto de Estado Docente, que aún sobrevive, pese a la reforma del año 1981 y al reforzamiento de la educación privada a través de las subvenciones estatales y la municipalización de la educación pública, que alcanza mayor cobertura, pero sin resolver el problema de la calidad.
Es un hecho sintomático que los gobernantes y los intelectuales teóricos de las ciencias de la educación, mantienen a toda prueba el dogma de la Ilustración, considerando la funcionalidad del sistema educacional para resolver los problemas del subdesarrollo y todas sus secuelas negativas, y permanentemente miran, copian, adaptan y transfieren los modelos educativos de otras culturas, producto de otras experiencias históricas. Por otra parte, la historia de las reformas educacionales en Chile, dejan fuera la realidad y la idiosincrasia chilena, y se perciben más como una ingeniería social para resolver las crisis de los modelos económicos que cada cierto tiempo sufre el país: 1873,1929,1951, 1973, 1981 y no como parte de un proyecto integral del desarrollo nacional.
La ciudad de La Serena pudo tener, a fines del siglo XIX, las primeras cátedras universitarias de Ingeniería y Ciencias Químicas, pero el centralismo se opuso; luego en 1952 se intentó establecer una verdadera ciudad universitaria teniendo como núcleo dinamizador la Universidad Técnica de La Serena, al servicio de toda la región y su desarrollo global, pero el centralismo se opuso. ¿Crisis educacional o sueños inconclusos?