Yo creo que todos estamos de acuerdo en que los papás, en general, han cambiado. No es poco frecuente ver padres que cocinan delicioso, que llevan a los niños al parque, que los mudan, que van al supermercado, entre tantas otras cosas que hoy hacen, a diferencia del clásico rol de proveedores de antaño.
Es que las mujeres debemos reconocer que los hombres han evolucionado mucho en el ámbito emocional y hoy traspasan a sus hijos no sólo las historias, sino también sus sentimientos y conflictos, perfilándose, cada vez más, como un ser cercano, confiable y, sobre todo, expresivo.
El rol de papá es tan importante como el de la madre. Genera un arquetipo en la cabeza que ayuda en la configuración de la autoridad, muestra el acercamiento hacia lo masculino y con ello hacia el logro de los objetivos, hacia el avance. Son una invitación a no quedarse pegados en los conflictos, a tomar contacto con la realidad de una manera distinta a como lo hace la mujer, a tener contacto con mayor facilidad hacia la conducta de juego y, por qué no decirlo, hacia el contacto con el presente.
Se agradecen padres en los que se pueda confiar, independiente si siguen en pareja o no, siempre estén presentes con sus hijos, que tanto los necesitan. Se agradecen papás que conversen, hagan cariño, besen a sus hijos. Que les digan que los quieren y trabajen duro para sacar a sus niños adelante.
Se agradecen papás que exigen, ponen límites y dicen que no porque saben que están formando. Padres que entienden que la misión de papás no se cumple en un día y que sólo termina cuando uno de los dos parte a otra vida, donde desde lejos, seguramente, seguirá cumpliendo su tarea. Se agradecen papás que trabajen felices, que muestren a los hijos que la responsabilidad es algo importante, que pule el alma y que no es algo de lo cual haya que quejarse. Esto produce niños que quieren estudiar para el siete y ser iguales a ellos cuando crezcan.
Se agradecen padres que jueguen, se rían fuerte y hagan el ridículo de jugar y hacer volar a sus hijos lejos y alto.
Se agradecen padres que saben soltar, pero con un terreno firme y, sobre todo, padres que entienden que no pueden evitar el sufrimiento de sus hijos y saben cuando dejarlos ir.