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EDICIÓN | Junio 2011

Mitos y verdades de los observatorios astronómicos

Arturo Gómez, astrofotógrafo Observatorio Cerro Tololo
Mitos y verdades de los observatorios astronómicos

Desde que llegué a trabajar a este Observatorio de Cerro Tololo, he escuchado muchas historias que limitan en lo fantástico. Historias que, con el tiempo, se hacen creíbles, aunque sean totalmente absurdas. Siempre se dice que en los observatorios se guarda información y que, lo que vemos por los telescopios, es solamente una parte de lo que se informa al público. He escuchado decir que en estos centros "lanzamos" grandes cantidades de químicos a la atmósfera para tener cielos limpios, transparentes y libres de nubes. Lo que la gente no saben o no quiere entender, es que fueron muchos los años de investigación, buscando un buen lugar para instalar un gran observatorio astronómico. Ese lugar debía tener la mayor cantidad de noches despejadas al año, estar en un cerro por sobre los dos mil metros de altura y con condiciones de baja humedad, como son las zonas desérticas. Entre los lugares buscados, con esas características, estaba Australia, África y Chile. Afortunadamente para nuestro país, el lugar elegido comprendía toda la zona del norte grande, hasta la Cuarta Región, Coquimbo. Evidentemente, nunca se han lanzado elementos químicos a la atmósfera. Solamente las estadísticas meteorológicas de estos lugares fueron la base para definir la construcción de estos observatorios aquí en Chile. Son tan buenas las condiciones de transparencia en estas regiones que, actualmente, Chile encabeza la mayor concentración de telescopios gigantes del mundo. Hace algunos años y para determinar, con exactitud, las variaciones de temperatura y humedad de la atmósfera cercana, se enviaron globos sonda, inflados con helio gas, para que ascendieran lentamente desde diferentes puntos de la región y fueran llevados por las corrientes de aire hacia el interior de la cordillera. Eran globos no recuperables. Uno de ellos fue visto a simple vista por lugareños, en el sector de Paihuano, y allí comenzó una de las historias más increíbles que hemos escuchado, la que asociaron a un objeto volador no identificado. Una de las características de estos globos sonda es que reflejan con mucha facilidad la luz del sol y fue un caldo de cultivo para los ufólogos, que quisieron hacer de Paihuano una segunda "ÁREA 41". La historia fue creciendo de tal manera que, en la actualidad, es perfectamente un buen guión para hacer una película. Hoy en día, el relato indica que vieron seres que brillaban y emitían destellos radioactivos. Se habla de helicópteros y de militares que "rescataron" el objeto antes de que llegaran los carabineros al lugar y así, cada vez que se relata la historia, se le agrega algo más. Y eso que yo estaba esa tarde aquí en Tololo y sabía, exactamente, lo que había ocurrido. La historia que nunca pensé que se iba a producir, fue cuando unas visitas comentaban si habían visto, en el camino, unas cajas de madera "estratégicamente" puestas cada cierta cantidad de kilómetros, dentro del recinto del observatorio. Muchas visitas indicaron que sí, que efectivamente las habían visto y todas se preguntaban para qué servirían. Allí salió, para dar una explicación, uno de los turistas que ya había "descubierto" el secreto de las misteriosas cajas. "Dentro de esas cajas", decía, "hay cámaras de televisión que nos han estado vigilando, mientras subíamos al cerro y de esa forma saben, en Tololo, en qué parte del trayecto nos encontramos". Los turistas le brindaron un cerrado aplauso. El se veía muy orgulloso. Después de escuchar atentamente el relato, me acerqué al grupo y les expliqué que aquellas "misteriosas cajas de madera" al borde del camino eran, simplemente, el lugar en donde uno de nuestros choferes dejaba, diariamente, bolsas de pan fresco para las personas que habitaban ese sector del camino. Evidentemente que la risa no se dejó esperar y el turista que "había descubierto" el supuesto misterio de las "cajas de madera" no se atrevió a dar ninguna opinión más durante toda la tarde. ¡Ah!, si usted está leyendo este artículo, significa que el 21 de mayo pasado la Tierra no se destruyó, como lo había indicado un imaginativo señor, con una predicción apocalíptica del Juicio Final. Hay gente para todo.

 

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