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EDICIÓN | Enero 2011

Las Tocas de Cachagua

María Valdivieso y Carolina Raby
Las Tocas de Cachagua

Mamá e hija iniciaron esta empresa hace cinco años que comenzó con los aplausos de amigos y familiares -que se fascinaban con sus tortas- éxito que hoy les ha llevado a tener dos locales, uno en la zona y otro en Santiago.

Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.

Cada vez que María Cristina Valdivieso preparaba su tradicional torta de milhojas o de brownie en los cumpleaños familiares, grandes y chicos quedaban impresionados con la exquisitez del sabor artesanal y la dulzura de las recetas que se hacen con cariño, tal como antaño. Su marido también contribuyó: “siempre ha sido muy goloso, así que desde que nos casamos yo me dediqué a conseguir libros de repostería y fui aprendiendo sola”.

Han pasado treinta años desde entonces, nacieron seis hijos y doce nietos y de preparar tortas y postres para la casa, dio el paso a venderlas a otras personas. Quien facilitó las cosas en esta vía fue su hija, Carolina Raby, pues hace cinco años se fue a vivir a Maitencillo con sus cuatro hijos y se dio cuenta de que estaba todo encaminado para iniciar un negocio. “Surgió la oportunidad, pues existía un gran mercado en Cachagua y Zapallar, donde llegaba mucha gente y no había productos de buena calidad y frescos para el postre o la hora del té. Sólo estaba la torta de supermercado envasada y fome. Como yo residía allá, tenía el conocimiento del lugar, la cercanía; y mi mamá contaba con la experiencia y el know how gastronómico. Entonces, decidimos asociarnos”.

¿Cómo fueron los primeros años?
Carolina: Muy al lote, casi como un delivery. Partimos de manera artesanal, sin un norte. Yo iba con las tortas puerta a puerta tocando timbres. O me instalaba a las afueras de un supermercado con una caja y vendía las tortas de milhojas, muy a lo gitana. Sirvió para tantear el terreno y contar con un feedback que, generalmente, era: “tus tortas son increíbles”. Nos dimos cuenta de que el próximo paso debía ser abrir un local.

FIELES A SU OBJETIVO

En la costa central instalaron la primera pastelería Tocas de Cachagua, donde se venden tortas de milhojas, de brownie, panqueque, etc.; alfajores, queques, galletas, shortbreads (masa con toffe arriba), cup cakes rellenos de pie de limón, muffins, queque inglés, pan de pascua, cheesecake de arándanos, streusel de manzana, crumble, pie de limón y más. Hoy se ubican en Av. Cachagua 290 (frente al supermercado Don Lucho). Durante el año abren todos los fines de semana; en vacaciones y en verano, la temporada completa.

 

¿Intentaron crecer por otras vías?
Carolina: Claro, paralelamente fuimos tanteando dejando tortas en pastelerías de Viña y Santiago, pero esto sólo duró un tiempo. Ocurrió que la competencia era muy alta, entre nuestros productos y los que ofrecían ellos regularmente, entonces se complicaba la venta. También intentamos entregar en una cafetería en la capital, pero a ellos les empezó a ir muy bien y era imposible cubrir con sus tiempos y requerimientos inmediatos. Nos dimos cuenta de que todo esto nos restaba, más que favorecernos.

¿Qué fue lo positivo?
María Cristina: Lo positivo fue que toda la experiencia ayudó para perfeccionar los productos, estar más cerca de ese cliente capitalino que luego consumiría nuestras tortas en sus casas en la playa. Además, descubrimos que la clave está en no desviarse por las ramas, sino ser fieles a nuestro objetivo original.

¿Por qué se llaman Las Tocas?
Carolina: En alusión al gorro de chef, es como nuestra corona, somos las reinas de la pastelería (ríe).

TORTAS MÁS ALTAS

María Cristina recuerda que su familia siempre se ha reunido en torno a cosas ricas; incluso antes de que hicieran de esto una empresa, ya preparaba tortas y postres deliciosos para recibir a sus cercanos. “Los primeros aplausos los obtuve con una torta de merengue frutilla que quedó muy buena”, recuerda quien es madre de Felipe (39), arquitecto; Carolina (38), diseñadora gráfica; Magdalena (35), periodista; Constanza (27), parvularia; Josefina (25), chef y Arturo (21), que estudia ingeniería civil. Hoy cuando se junta todo el familión, no puede faltar en la mesa la torta de milhojas, la de brownie, o la de panqueque, manjar, ciruela.

¿Qué caracteriza a sus productos?
María Cristina: Nos hemos ido adaptando y perfeccionando, para lograr productos óptimos. Por ejemplo, la torta de milhojas con manjar es bien distinta, crujiente, como la hacían las abuelas. Antes era más pequeña y baja, pero al santiaguino le gustan más altas. Hoy la horneamos para diez y hasta cuarenta personas.
Carolina: En general son tortas muy lindas de ver; cuando las partes se aprecian las capas y parecen casi un dibujo. Existen otras que son maravillosas por fuera, pero cuando las pruebas te baja la expectativa. Con las nuestras ocurre que al llevarte un trozo a la boca, sientes que son simplemente deliciosas. No exagero al decirte que varias veces la gente nos repite:”la torta más rica que he probado es la de ustedes”.

¿Y en cuanto a ingredientes?
María Cristina: No usamos sucedáneos de nada, sólo productos puros. Las tortas se hacen con mantequilla, mermeladas de frutas, harina, huevos enteros, leche, chocolate, manjar casero (de receta secreta). Tampoco transamos en la cantidad, jamás restamos ingredientes para obtener más ganancias, aunque estemos en crisis económica en el país. La idea es hacer las cosas con cariño, como si estuvieras preparando algo para tus seres queridos.

¿Hay influencia de otras latitudes?
María Cristina: Cada vez que viajan, mis hijos me traen libros de cocina, para que yo vaya experimentando con otros sabores. Una de ellas vivió algunos años en Irlanda y aportó con harta literatura de esas tierras. Sin embargo, mis tortas están más dirigidas al gusto nacional.

¿Están innovando con algunas recetas?
Carolina: La torta de brownie es original, también la de chocolate blanco, arándanos y manjar; o la de panqueque chocolate con ciruela y manjar, entre otras.

¿Van ampliando constantemente la oferta?
María Cristina: Agregamos productos cada cierto tiempo, pero con mucho cuidado. Sólo aquellos que sentimos han sido realizados a la perfección. Si hay una torta, como las Tres Leches, que alguien hace mejor, preferimos no venderla.

¿Son productos caros?
Carolina: Yo pienso que tienen una relación precio-calidad equivalente. Por ejemplo, una torta para diez personas sale diez mil pesos. Y para veinte, dieciséis mil pesos. Se comen en trozos más delgados porque son muy intensas.

LAS TOCAS EN SANTIAGO

Carolina Raby centró sus operaciones en Maitencillo junto a su marido que, tal como ella, es diseñador gráfico y son padres de Olivia (8), Matilda (6), Mateo (4) y Sara (2).

¿Y tú, Carolina, también le pegas a la cocina?
Carolina: No, yo soy la cara visible de ventas en Las Tocas. Pero, a la vez, soy la gran degustadora. Pruebo todo, tengo un paladar fino y educado, sé exactamente cuando las cosas están bien, mal o más o menos.

¿A cuánta gente dan trabajo?
María Cristina: A cuatro mujeres en el taller, y otras en las salas de venta. Se vive un ambiente laboral muy familiar, todas tenemos la camiseta muy puesta. Hay cariño detrás de la preparación de cada producto uno a uno y no de manera fría e industrializada y eso se nota. El resto de la familia, los maridos especialmente, colaboran con las entregas, cada vez que es necesario.

La gente que vive en Viña o Valparaiso, ¿cómo accede a sus productos?
Carolina: Pueden hacer encargos a pedido a través del 09/4522333 o navegando en www.tocas.cl.

Sé que acaban de abrir su propia pastelería en Santiago.
Carolina: Sí, hace sólo tres meses; está en Vitacura 5480 (local 67, Centro Comercial Eve) y tuvimos que hacerlo a pedido de nuestro público. Los clientes de Cachagua y Zapallar, a veces, compraban tortas en la playa para llevarse a Santiago, otras nos encargaban a Viña y partíamos a dejárselas allá. Muchos se quejaban de que ya era hora que abriéramos en la capital. Así que sacamos cuentas y vimos que era factible. Ha pasado poco tiempo y ya nos está yendo muy bien, la gente está respondiendo como esperábamos.

¿A futuro les gustaría abrir su propia cafetería?
María Cristina: No nos aventuramos mucho en dar pasos a futuro, y en todo lo que hacemos, creemos que es súper importante evaluar, porque cada entorno es distinto. Nuestro modo es de despacho, la idea de atender mesas nos haría perder el foco, creemos mucho en el dicho “pastelero a tus pasteles”.

 

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