<strong>MÁS FEOS QUE BELLAS</strong><br /> <br /> El descubrimiento del salitre en el Despoblado de Atacama, a mediados del siglo XIX, incentivó a empresarios extranjeros y nacionales, a instalar oficinas para explotar el abono que aumentaba su demanda en los mercados internacionales. A medida que las oficinas empezaban a funcionar, se iban formando los campamentos donde habitaban los trabajadores. Una parte de la población llegó espontáneamente. Otra fue literalmente âacarreadaâ por los enganchadores, falsificando la verdad sobre la vida, los salarios y las bondades que les aguardaban si viajaban al norte salitrero.<br /> Solo los varones se entusiasmaron con las desmedidas ofertas. Las mujeres se quedaron en el campo esperando el llamado de sus esposos. De esta forma los campamentos, en un comienzo, estuvieron ocupados por hombres. Las mujeres se irían incorporando lentamente. Los censos dan cuenta de esta realidad. En 1907, en las oficinas de Taltal, se empadronaron 312 varones y 194 mujeres. Veintitrés años más tarde, el censo de 1920, dio el siguiente resultado en las oficinas de la región: 16.248 hombres y 9.729 mujeres.<br /> <br /> <strong>LABORES DEL SEXO</strong><br /> <br /> La mayor parte de las mujeres que vivían en los campamentos, estaban dedicadas al cuidado del hogar. Y realizaban, según la nomenclatura de la época, âlabores del sexoâ, es decir, eran dueñas de casa.<br /> <br /> La empresa no contrataba mujeres. Las pocas funcionarias eran empaquetadoras o cajeras de la pulpería. La mayoría, realizaba servicios para los trabajadores y eran canceladas por ellos. Lavaban y planchaban. Otra ejercían labores más intelectuales: manejaban las libretas de remuneraciones. Ellos las autorizaban en la administración para pagar pensiones, obtener el suple y retirar los vales de algunas mercaderías con precios bonificados. Hubo mujeres que se encargaron de cien y más libretas. Los mandantes las remuneraban por el servicio<br /> La mayoría se arranchaba en pensiones organizada por la propia cantinera. En el rancho se daba desde el desayuno hasta la comida, incluyendo las viandas para los que permanecían en los puestos de trabajo. El primer alimento el día consistía en un plato de âsancoâ (cebolla picada, sal, orégano, grasa y agua hirviendo que se revolvía con harina tostada o simplemente harina). Era la merienda más solicitada.<br /> <br /> Unas pocas mujeres oficiaban como âparterasâ. También como nodriza para amamantar guagua de un hogar de jefatura. Eran, además, âempleadas de manoâ. Las más intrépidas acompañaban a los maridos al terreno de las faenas. Levantaban costras de caliche y hasta colocaban los paquetes de explosivos para las tronaduras.<br /> <br /> <strong>EL CAMINO A LA LIBERACIÓN</strong><br /> <br /> Hubo mujeres que abrieron caminos hacia la emancipación femenina. Dos de las más conocidas fueron: la española Belén de Zárraga y Teresa Flores, quien acompañó, durante quince años a Luis Emilio Recabarren, como mujer y camarada.<br /> <br /> Belén era una excelente expositora que recorrió los países americanos y que llegó a Chile y al norte en 1913, dictando conferencias, cuyo sello principal era atacar a la Iglesia Católica y a los curas y sin dejar escapar a lo que hoy llamamos la âcultura machistaâ. Ese mismo año formó en Iquique el primer Centro Femenino, en cuyo directorio figuraba Teresa Flores.<br /> Pero ya estaba a la vuelta de la esquina, el año de la catástrofe salitrera. En 1930, gran número de oficinas apagaron sus fuegos. Ahora los pampinos hicieron el camino de regreso. Las mujeres también, pero venían preñadas de de esperanzas y futuro.<br />