<strong>LA ESCUELA DE LA VIDA</strong><br /> <br /> En 1832, un médico norteamericano que visitó la mina Toldo, enclavada en la Cordillera de La Costa, describió de esta manera la escena que vio: âalrededor había media docenas de chocitas⦠unas 20 mujeres y niños en piedras y rodeados minerales⦠rompían las hiedras, los minerales estaban adheridos, (con) martillos de doble cara que pesaban unas tres librasâ.<br /> <br /> Antes del ciclo salitrero, los niños eran empleados en las faenas extractivas de metales. Cuando comenzaron y se desarrollaron las faenas dedicadas a la explotación del abono, los niños trabajaron en las diversas faenas de la industria.<br /> <br /> Muy pocos acudían a la escuela debido a que no existían en todas las oficinas, o porque debían colaborar en la mantención del hogar. El historiador Sergio González explica: âel número de escuelas fiscales en el interior de las provincias de Tarapacá y Antofagasta, no alcanzaba a servir al cincuenta por ciento de los niños que se encontraban en situación de recibir la enseñanza primariaâ. Se calcula que, en 1913, tres mil trabajaban en las faenas salitreras.<br /> <br /> Otra situación adversa la creaba el continuo cambio de oficinas de los trabajadores. Buscaban un mejor pago o un mejor trato. Este nomadismo complicaba la permanencia de los niños en las escuelas.<br /> <br /> <strong>AGUATEROS, MULEROS Y MATASAPOS</strong><br /> <br /> Aún no se ha determinado el número de niños ocupados en las faenas del salitre. Lo cierto es que en ninguno de los frentes de trabajo, dejaba de laborar un pequeño. En los terribles cachuchos, infierno de los obreros, los niños cumplían la faena de limpiar las paredes del armatoste. Lo hacían cuando aún no se habían disipado el calor y los vapores tóxicos.<br /> <br /> Otros laboraban en las canchas de acopio de salitre. Eran pequeños cerros blancos que sufrían la acción del clima y, en lugar de granos, se formaban verdaderas costras que dificultaban el ensaque. Trepados en el cerro, los niños, premunidos de un instrumento, destruían los bolones, volviéndolos a su granulación. Se les llamaban matasapos.<br /> <br /> El transporte del caliche hasta la oficina se realizaba en grandes carretas arrastradas por mulas. Como se hacía camino al andar, en algunos sectores la topografía se ponía más ruda y era necesario ayudarse con otro animal. Esa mula âpor si acasoâ la conducía un niño, âel muleroâ.<br /> <br /> El destazador de hoyos para la tronadura, el viandero, que la pensión usaba para enviar las comidas a los trabajadores que no abandonaban las faenas, el aguador que saciaba la sed instalado en pleno desierto y otras tantas actividades, eran ocupadas por niños no mayores de trece años.<br /> <br /> <strong>JUGUETES DE LATAS Y ZUNCHOS</strong><br /> <br /> No obstante, el pequeño trabajador seguía siendo niño y no abandonaba su vida lúdica, Juguetes simples y trabajados por ellos mismos animaban la existencia, tarros vacíos de conservas adosados inteligentemente y zunchos que afirmaban los toneles, se transformaban en creativos juguetes. Tarros de leche sujetos por un fuerte cordelillo, eran los zancos que elevaban la estatura de los peques. <br /> <br /> Un vate iquiqueño los describe así: âcamioncito de lata/ que con mis manos yo forjé/ ruedas de latas de cholguas/ un tarro de leche de motorâ¦/ para conducirlo, empuje y corazónâ <br /> <br /> Ni la pobreza del hogar, ni la ecuación financiera del empresario, fueron capaces de amputar el alma del niño.<br /> <br /> <em><strong> "Antes del ciclo salitrero, los niños eran empleados en las faenas extractivas de metales. Cuando comenzaron y se desarrollaron las faenas dedicadas a la explotación del abono, los niños trabajaron en las diversas faenas de la industria".</strong></em>