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EDICIÓN | Noviembre 2011

Flores de la Pampa

Por Juan Vásquez Trigo, Historiador
Flores de la Pampa

Tal cual como lo había organizado la María y quienes la secundaron, el 31 de octubre apenas comenzaba la mañana y ya cerca de ochenta ex pampinos y sus familiares se aprontaban a abordar los buses que les llevarían a los cantones de la Pampa Sur de Tarapacá, como Lagunas y Pintados. El entusiasmo se retrataba en rostros octogenarios y en sus retoños, los que se iban a reencontrar, en celebración anticipada del Día de Todos los Santos, con quienes habían quedado para siempre en el desierto, lejanos pero nunca olvidados.

La historia de las flores de papel había comenzado a escribirse a comienzos de octubre: decenas de ex pampinos, mujeres y hombres, se dedicaron a aprender el arte de confeccionarlas y a elaborarlas con sus manos en un improvisado taller en la Iglesia Pampina de Iquique. La idea de recorrer cementerios de antaño apasionaba y significó trasnoche y esfuerzo. Al final, la tarea estaba concluida y decenas de coronas estaban listas para irisar los cementerios pampinos, ya demasiado colmados de tonos sepias.

En los buses, en todo momento, predominó la alegría, con canciones del ayer y esas conversas tan interesantes de quienes vivieron la pampa, la sintieron y la hicieron suya, intercambiando experiencias acerca de una y otra oficina salitrera. Don Alberto Portal, de ochenta y cuatro mozos lustros, rememoraba los tiempos de la Radio Experimental "Nebraska" de Humberstone, de la cual su tío, Juan, fue el director; don Jorge Fuenzalida viajaba hasta las pampas de Antofagasta y evocaba la oficina "Algorta", de tanto recuerdo vivo. El comentario de don Juan Flores era emotivo, recordando lo hermoso de la vida pampina y la nostalgia que le provocaba. Las hermanas Cayo tuvieron especial momento en el recorrido por las ex oficinas "Iris" y "La Granja", donde vivieron cuando niñas y cuando jóvenes, alegrándose hasta las lágrimas de llegar de nuevo, después de tanto, hasta la tumba de su abuelo. La señora Caqueo rememoraba las usanzas andinas, que llegaron hasta la pampa, con expresiones como el "chayar" el camposanto, llevar preparaciones como la "Kalapurka" o el Picante de Conejo, según fuera del gusto del deudo y compartir con ellos esos momentos.

Hasta encargos a distancia había recibido la gestora de esta iniciativa, María Moscoso Dávalos, y su programa radial "Iquique, la Pampa y su Historia" y quienes le colaboraron. Una auditora, pampina de tomo y lomo, hija única, encargaba si en este viaje se podía ubicar en el cementerio de oficina "Victoria", la tumba de quien fuera su madre. Ella no podía viajar, pero dio las coordenadas de la localización y hoy esa progenitora está acompañada por las flores de papel que se le ofrendaron con especial afecto.

Se estuvo en la pampa y el desierto dejó de ser árido: es muy fecundo cuando desde manos de mujeres y hombres se esparcen flores de papel, fertilizadas con salitre de antaño y con la energía de tantos que allí vivieron y trabajaron y que hoy peregrinan, esparciendo colores en esos añorados confines pampinos.

El entusiasmo hace pensar, desde ya, en el año venidero y en un propósito mayor, cual es recuperar la más tradicional usanza: la elaboración de coronas de flores de hojalata, para lo cual han comprometido su participación decenas de ex pampinos, para que esa próxima vez sea hasta con banda de música y alguna Fatamorgana, a la distancia.

 

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