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EDICIÓN | Noviembre 2011

Apoyo familiar: Un factor determinante en el proceso educativo

Por Dennis Palacios Bugueño, Psicólogo Departamento de Admisión Universidad Católica del Norte
Apoyo familiar: Un factor determinante en el proceso educativo

Los adolescentes no necesitan que sus padres se conviertan en otros profesores, quieren compañía en su preocupación por los temas que les atraen, la cultura, la ciencia y las artes.<br /> <br /> La experiencia muestra que la participación de la familia dentro del proceso educativo ha disminuido en los últimos años, las sociedades son más exigentes, con un aumento constante en la inserción laboral de las mujeres, jornadas más extensas y trabajos con mayores responsabilidades, afectando el tiempo familiar. <br /> <br /> Sin embargo, el apoyo de la familia es considerado uno de los factores determinantes del proceso educativo, y se ha comprobado -científicamente- que suele traducirse en un efecto positivo sobre el desempeño académico de los alumnos, entendiéndolo en el caso de los estudiantes chilenos, como el resultado en las notas obtenidas durante la Enseñanza Media y un buen desempeño en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) que en definitiva, son las cartas del adolescente para la determinación de su carrera universitaria y consecuentemente su futuro profesional.<br /> <br /> Pero no se debe olvidar que el alcance de la evaluación a través de la Prueba de Selección Universitaria no se reduce sólo a la preparación del estudiante, sino que también incluye un historial de desarrollo de habilidades de pensamiento lógico-matemático, de lectura e interés por las ciencias y la historia.<br /> <br /> Es posible apreciar que el apoyo familiar en esta área no resulta útil si se limita a acciones concretas como ayudar a hacer las tareas o vigilar que fue realizado, más bien implica el educar de forma integral, fomentando valores como la responsabilidad, la constancia o la tolerancia ante la frustración, y potenciando habilidades que permitan un mejor conocimiento del mundo, de la realidad y de sí mismos; por ejemplo, a través de diálogos permanentes sobre la contingencia nacional, el respeto a las opiniones o los puntos de vista juveniles, la participación en eventos musicales o culturales, etc.<br /> <br /> En este sentido, debido a la amplitud del fenómeno, resulta imposible ofrecer una receta respecto de lo que se debe hacer para apoyar a nuestros hijos, sin embargo, algunos puntos de base pueden ayudar a las familias.<br /> <br /> Crear un ambiente para el estudio: No sólo los profesores y los padres forman, también los espacios, los ambientes, las personas que nos rodean y hasta algunos de nuestros elementos cotidianos. Crear un ambiente de estudio significa garantizar un contexto de oportunidades donde éste se desarrolle, que va desde aspectos concretos y simples, como proveer de un escritorio, aislación de ruido y tranquilidad respecto de distracciones.<br /> <br /> Pero debe consolidarse desde lo más importante: el modelo. Los adolescentes no necesitan que sus padres se conviertan en otros profesores, quieren compañía en su preocupación por los temas que les atraen: la cultura, la ciencia y las artes. Si los padres muestran curiosidad intelectual, afán de saber y amor por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos.<br /> <br /> Animar el estudio: Dejar de lado el actual valor que se da a las notas o los puntajes, se debe apreciar el esfuerzo y la dedicación al estudio más que los resultados. No se debe olvidar que nuestros hijos son personas integrales que vivirán su vida en contextos más amplios que el desempeño académico. Se debe resaltar y animar los progresos, entregando un tiempo prudente para corregir las deficiencias.<br /> <br /> Procurar ayuda pedagógica cuando sea necesaria: Situación que puede ir desde la ayuda por parte de los padres hasta la contratación de un profesor particular. En el primer caso es necesario disponer de tiempo para dedicarlo a este apoyo, además de poseer los conocimientos adecuados lo que no siempre es posible, en estos casos suele resultar mejor la ayuda de un hermano, ya que la cercanía que se logra a nivel de realidades es mayor.<br /> <br /> En el caso del profesor particular, debe ser considerado siempre de forma provisional, el adolescente debe aprender a regular sus propios ritmos de aprendizaje, prepararse para la educación superior nunca es una estrategia a corto plazo.<br /> <br /> Supervisar para confiar: Es fundamental seguir el quehacer diario de nuestros hijos, con cuidado, sin resultar agobiantes, hasta notar que se ha ganado en autonomía y responsabilidad, para establecer la confianza que entrega seguridad en ambas partes.<br /> <br /> Es importante saber qué resultados están obteniendo, con qué dificultades se encuentran, cuáles son sus actitudes y, al momento de corregir, hacerlo con altura de miras y madurez, no estamos frente a un niño, es el momento, y quizás el primero, de sentarse a conversar.

 

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