La pugna del hombre con el desierto no solo es de carácter físico, también es de orden espiritual. Pueblos que, en determinadas circunstancias, fueron centros de gran significación, por el dinamismo humano que allí se desarrolló, hoy yacen semi destruidos y olvidados. El tiempo trajo consigo pueblos sin leyenda conocida, poblados cubiertos por un mutismo histórico, que se han convertido en fantasmas.<br /> <br /> Similar situación ocurre con algunas personas. Existieron personajes de enorme significación histórica, que reposan en los pliegues del olvido. Solo algunos antecedentes permiten reconocer su existencia. Tanto así, que es admisible ubicarlos entre la realidad y la ficción.<br /> <br /> <strong>EL RANCHO DE JUAN LÓPEZ</strong><br /> <br /> Como muchos aventureros que se atrevieron a penetrar en el Despoblado de Atacama, el desierto más inhumano del mundo, Juan López -llamado también "el Chango López"- inicio su propia aventura. No se sabe de dónde vino ni cuál fue su tierra natal. El confesó solamente el año de arribo: 1845.<br /> <br /> Deambuló por tierras sin caminos ni huellas. El destino lo llevó hasta Mejillones, donde desnudó todos los rincones. Guiado por la fe, dio con una fabulosa covadera. Pero como "nadie sabe para quién trabaja", la propiedad paso a manos de empresarios franceses, que lo premiaron contratándolo para trabajar en las faenas.<br /> <br /> Tal vez decepcionado, retornó al sur del país. Una viuda abrió su corazón a un nuevo romance. Se casaron y con la familia de ella -hija y yerno- volvieron al norte soñando con nuevos y ricos descubrimientos. En esa oportunidad, el Chango López decidió abandonar su nomadismo y establecerse en la costa. Con elementos en desuso -calaminas y maderas- construyó lo que, con ironía, podemos llamar la primera vivienda en la ciudad. Acontecimiento fechado en el año 1866.<br /> <br /> <strong>UN PERSONAJE CON ROSTRO PRESTADO</strong><br /> <br /> Existe en la Municipalidad de Antofagasta, una pintura ejecutada por el maestro Osvaldo Ventura y que representaría al Chango López de cuerpo entero, con sus manos puestas en la frente, a modo de visera, oteando el espacio. ¿La pintura personifica realmente a López? No. La verdad que corresponde a otra ficción: el maestro Ventura eligió como modelo al que fuera ministro del presidente Frei Montalva y senador por la región, Juan de Dios Carmona Peralta, un varón físicamente bien dotado y heredero de un rostro que evidenciaba su ancestro árabe.<br /> <br /> El cuadro fue reproducido en una figura instalada frente al Hotel Antofagasta, que lo exponía sobre su bote el Halcón. Los trabajos de remodelación en el lugar, desgraciadamente echaron por tierra la obra. <br /> <br /> <strong>ROMPIENDO EL SILENCIO </strong><br /> <br /> Desde el silencio de los tiempos, López logró dejar constancia escrita de su existencia. En el periódico local El Industrial, del 11 de enero de 1906, se reprodujo un escrito que envió al presidente de Bolivia, donde deja constancia de los aspectos más trascendente de su vida. Es el documento conocido como "Memorando de Juan López". En él recuerda que "a principios de ese año (1845) mi emigración a esas playas desiertas dio su principio". Añade que conoció el territorio como la palma de su mano: "recorrí sus desiertos áridos, recorrí sus montañas, examiné sus panizos, sin dejar de fijar mi atención en sus playas".<br /> <br /> Sin titubeos, dejó memoria del hito más importante de su historia. Afirma: "me dirigí nuevamente a este litoral, arribando a la caleta que hoy llaman La Chimba o puerto de Antofagasta". Insiste en el tema, afirmando que "del puerto de Antofagasta yo he sido su piedra fundamental, yo labré sus cimientos y el primer habitante que fundó su edificio".<br /> <br /> Juan López, el Chango, en este escrito, documentó su presencia. Es casi lo único que la historia ha registrado. Luego se lo tragó el silencio. Muchos se han sumergido en el pasado para conocer otros aspectos de su vida. Todo ha sido en vano. Hasta hoy, el Chango existe entre la realidad y la ficción.