El sector de El Colorado⦠Qué zona más mística, toda una aventura dentro del Iquique de los años 70, hasta donde llegaba los domingos de fútbol para competir por el âRubén Donosoâ, el club verdiblanco de mi barrio. La convocatoria solía ser en el Estadio de Iquitados y con zapatos con puentes que apenas chuteaban esa pelota de treinta y dos cascos, endurecida por agua y sal. Precisamente la aventura adjunta consistía en recorrer unos âojos de marâ, que se extendían pantanosos, como fantasmas en la sequedad obstinada de la planicie costera iquiqueña.
Las calles eran otro misterio, recorrerlas y asomarse a las instalaciones construidas para el Ferrocarril de Iquique a Pintados, llenas de ecos metálicos, entremezclándose humos de trenes y pesqueras, que ya habían maculado las playas del Colorado, todo en la misma zona.
Sellando ojos de mar, estaciones y estadios, llegará la Zona Franca de Iquique, en una nueva etapa que todavía se escribe. Entre maestranzas y patios, me encontraba además con las acomodaciones urbanas que se habían dispuesto para los trabajadores del ferrocarril y que llegaban hasta las faldas de los cerros, en âLa Siberiaâ, donde casas uniformes y espacios recreativos daban lugar a situaciones singulares.
El ferrocarril de Iquique a Pintados se había empezado a construir en 1914 por el fisco, con el anhelado propósito de romper el monopolio del Ferrocarril Salitrero. Conllevó relevantes obras de ingeniería, comenzando por las instalaciones ya mencionadas, túneles en los cerros, cortes formidables, una red de estaciones, del mismo estilo varias de ellas, a la que conocimos en El Colorado y el tendido, que en este caso fue sobre trocha métrica.
Se terminó de construir en 1928 y el 1 de enero de 1929 entraba en operaciones. Sí, tal cual, un ferrocarril concebido para el porteo del salitre, después de catorce años de vicisitudes en su construcción estaba listo para operar⦠el mismo año que comenzaba la mayor crisis de la industria salitrera. Alcanzó a movilizar cantidades del mineral, pero ya el ciclo había iniciado su decadencia. Luego, en 1951, el Ferrocarril Salitrero pasa a propiedad del Estado, con lo cual ambos ferrocarriles son parte de la EFE.
Además de la estación de El Colorado, se hallaba todavía en pie la importante Estación del Puerto y que todavía persiste. Sobre el Monumento al Marino Desconocido se encontraban los túneles, a los cuales ingresaban los convoyes de sur a norte, para reasomar ya con rumbo al sureste y llegar a una estación en el sector de El Boro, en Alto Hospicio y que se llamaba, precisamente, Estación Hospicio.
Poco a poco, el sector norte de Iquique fue perdiendo sus elementos ferroviarios, junto a otros tantos, deportivos, hospitalarios, industriales, urbanos y recreativos que existieron en El Colorado y su entorno.
Cuesta dimensionar, en la actualidad, la envergadura de esas maestranzas que reparaban locomotoras y fabricaban carros para el transporte del salitre, la dinámica de los Patios de Carbón y la febril actividad de las casas o de las estaciones que se extendían por los cantones, pasando por las estaciones Hospicio, Santa Rosa, Santa Lucía, hasta estación Soronal, para acceder a Pintados y conectar con el legendario Longino en una larga historia que apenas comienza