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EDICIÓN | Abril 2011

Calama en la trampa del engaño ¿132 años?

Por Floreal Recabarren Rojas
Calama en la trampa del engaño ¿132 años?

Hay que decirlo, para evitar aquello de que “el que calla otorga”. En el mes de marzo hemos sido testigos de una tergiversación histórica que no debe continuar. El 23 de marzo, con motivo de la conmemoración de la Batalla de Topater, se insiste en que Calama cumple 132 años de existencia. Se lee en los medios escritos y se escucha en radios y televisión. De ser verdadera esa información, Antofagasta, Calama y Mejillones tendrían una misma edad. Si bien es cierto que en la vida real muchas personas “esconden una sota” para sentirse más joven, la historia no usa esas artimañas para encubrir engaños.

EL BILLAR DE CALAMA

En 1835, el gobernador de lo que en esos años llamaban la Provincia del Litoral, informaba al gobierno de Bolivia, desde su sede en Cobija: “en Calama hay treinta y cuatro casas, fuera de otras que están en cimiento. De manera que ya es un verdadero pueblo, pues tiene un número considerable de habitantes, las autoridades necesarias, una iglesia, un panteón, un molino y hasta un billar para la distracción de sus vecinos”.

Si este fuera el punto de referencia para fijar el nacimiento de la capital del Loa, tendríamos que aceptar que tiene 176 años. Sin embargo, no es así, ya que en el siglo XVI, los españoles que invadieron el país entraron por la puerta norte, entonces Calama ya existía.

La verdad sea dicha, aún no se ha realizado un estudio para determinar el origen histórico de Calama, pero sí sabemos que existía antes de que los invasores pisaran sus tierras

EL TAMBO CALAMEÑO

En la historia contemporánea, Calama fue un centro de gran importancia. En 1825, el libertador Simón Bolívar ordenó reconstruir el Puerto de Santa María Magdalena de Cobija, cambiando solamente su nombre por Puerto de Lamar, en honor del comandante ecuatoriano que participó en el Ejército Libertador.

Su propósito fue permitir que Bolivia, y especialmente el argentífero pueblo de Potosí, tuviese una salida al Océano Pacífico. En breve tiempo, Cobija se fue transformando en un puerto exportador e importador de mercaderías. Para llegar allí, desde Potosí, era necesario recorrer ciento setenta y siete leguas en cerca de una semana. La ruta estaba formada por dieciséis estaciones y se hacía en lomo de mula o a pie. Calama era parte de ese collar de pueblos y quizás el tramo más difícil de recorrer al salir de Cobija, porque se debía atravesar el desierto más duro del mundo. Calama era un tambo.

En Calama se contrataban los arrieros que transportaban las cargas para llevarlas desde Cobija a Potosí, o viceversa. Cuando el peligro acechaba a las autoridades de Cobija, se trasladaban a Calama. Cuando el mariscal Sucre volvía a su tierra se hospedó en Calama.

Todo lo contado nos llama a tener más respeto por la historia, porque ella es la expresión del quehacer del ser humano Esta ciudad tiene una larga y hermosa tradición que hay que reconocer; Topater es solo un hito dentro de la larga vida de esta ciudad.

 

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