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EDICIÓN | Octubre 2011

Visión en 16mm

Diego Rojas, cineasta
 Visión en 16mm

Todavía no se asoma a los treinta, pero ha hecho una carrera donde se suman cortometrajes, guiones, comerciales publicitarios y su primera película Cogotí 18, perder la sangre, que será estrenada en el Cine Centenario de La Serena. Sobre este western filmado en la región, su experiencia como cineasta independiente y el abrirse paso en este rubro en Chile nos conversó este joven serenense.

Por Laura Valdés P/ Fotógrafía Vernon Villanueva y gentileza de Diego Rojas.

La vida de Diego ha transcurrido los últimos meses entre Santiago y La Serena. Esta última ciudad ha sido su cuna, el patio de su infancia y adolescencia. Los más gratos recuerdos se encuentran arraigados en esta alma soñadora que decidió seguir sus instintos creativos y atreverse a hacer del cine su vocación.

Aunque de pequeño sus únicas experiencias cinematográficas cercanas fueron ver todos los domingos en su casa <em>La misión del deber</em> junto a su padre e ir cada cierto tiempo al cine Centenario, en la universidad fue cuando logró descubrir una capacidad creadora que ha sido su motor estos últimos años.

<strong>¿Cómo nace esta inquietud por ser cineasta?</strong><br /> Nace como una búsqueda en medio de una crisis vocacional; era el año 2003 y yo estudiaba diseño industrial en la Católica de Valparaíso. Era buena la vida en esos días, pero faltaba realizarme, encontraba poco práctico el estudio, aunque el diseño hizo despertar en mí la creatividad. Me acerqué a mi primo que trabajaba ya en cine en esos años, Coika Ramírez, hoy director de publicidad, y tuve la oportunidad de conocer al medio desde la dirección de arte, ¡altiro me encantó!, ahí me metí a estudiar en la Escuela de Cine.

<strong>¿Cómo fueron tus inicios?</strong><br /> Al año ya estaba trabajando en publicidad, filmaba dos o tres comerciales a la semana mientras estudiaba. Trabajé como un año en producción, no era lo mío, aunque aprendí muchísimo. Me tocó partir desde abajo. Mi motivación inicial era la dirección de arte y hacia allá quería inclinarme. Me puse a trabajar en ambientación, utilería... hasta vestuario hice.

<strong>¿Y en la escuela?</strong><br /> De forma paralela, en la escuela empecé a filmar mis propios cortometrajes y me gustó la dirección y el guión, narrar era lo mío y me enfoqué en eso. En adelante seguí trabajando como asistente de dirección con distintos directores y tomé la especialidad de Guión y Dirección en la escuela. Fue un buen complemento; por un lado tenía el oficio y el manejo del set, métodos de trabajos y lo mejor de todo es que desde un comienzo fue a nivel muy profesional dentro del medio publicitario, que por lo demás es muy exigente y competitivo. Por otro lado, la idea de hacer una película como tesis era alucinante, pensaba lo afortunado que era, pues veía a diario gente que llevaba años intentando buscar recursos para hacer ficción y para mí era un derecho otorgado.

<strong> </strong>

<strong>LA PELÍCULA</strong>

La oportunidad se había presentado y Diego regresó a la región para  materializar las ideas. Buscó la locación, los actores, el equipo y empezó un camino de casi dos años hasta terminar su primera película.

<strong>En octubre se espera el estreno, en el Cine Centenario, de tu última producción, <em>Cogotí 18, perder la sangre</em>. Cuéntanos que te llevó a elegir esta trama.</strong><br /> Bueno, el guión evolucionó y se transformó durante varios años. Durante este tiempo era primordial acercarse a un género y elegí el western. La historia misma nos pareció interesante a mí y a Pablo Alveal, co-guionista. Además, nos urgía tocar temas como la mentira que sostiene redes sociales y familiares, la desviación de los intereses primordiales, la fuerza de la mujer y el violento descontrol, entre otras cosas. La elección del lugar tiene que ver con mis raíces; el pueblo es de película de vaqueros ya como está, pero además, mi madre creció en Cogotí 18, mi abuelo aún vive ahí y para mí es un lugar muy especial. Las opciones productivas se fueron dando de manera espontánea, la escuela hizo un gran esfuerzo también.

<strong>Esta cinta se ha exhibido en Chile y también en España. ¿Cómo fue esta experiencia?</strong><br /> En España aproveché muy bien una oportunidad. Mi hermano Álvaro trabajaba en una escuela de fotografía, en ese tiempo EFTI, y en el área de extensión había un ciclo de exponentes de disciplinas adyacentes a la fotografía, entre ellas cine; aproveché el viaje y mi hermano me consiguió algo así como una cátedra en que expuse mis trabajos y un adelanto de treinta minutos de <em>Cogotí 18</em>, además de hablar de la identidad del cine chileno desde mi perspectiva. Fue tremenda experiencia.

<strong>¿Y en Chile?</strong><br /> Respecto a la exhibición en Chile, creo que ha sido escasa, por no decir mínima. Oficialmente, <em>Cogotí 18</em> ha estado en dos festivales: en el Festival de cine B y en el Festival de cine de Viña del Mar, además de una muestra en el pueblo Cogotí 18 para la gente que nos ayudó tanto. Fuera de eso, algunas muestras menores y sin publicidad. La verdad, el desgaste es mucho como director, terminas moviendo la peli solo y poco sabes de eso, pasa el tiempo y se te van pasando los festivales y ahí quedas; en mi caso creo que faltó asesoría. Ahora me estoy esforzando por dar a conocer mi trabajo en la región; creo que es importante y espero que haya una buena convocatoria el próximo 21 y 22 de octubre que haremos funciones en el Cine Centenario de La Serena.

<strong>Se dice que en nuestro país cuesta ser un realizador independiente, ¿qué piensas al respecto?, ¿cuentas con apoyos?</strong><br /> Claro que es muy difícil, en cada etapa. Hay un tremendo negocio y una industria que mueve muchas lucas, no es puro talento ni pura fuerza lo que se necesita, es clave tener buena asesoría en los temas comerciales; no la tuve en su momento y fue decisivo en el devenir de <em>Cogotí</em>. Por suerte, hoy estoy en un lugar en que existe el soporte adecuado para pensar en ficción y de manera comercial.

<strong>No solo has dirigido <em>Cogotí 18</em>, sino también cuentas con un corto y otros films, además de trabajar en publicidad... ¿cómo han sido esas experiencias?</strong><br /> Además de <em>Cogotí 18, perder la sangre</em> he filmado un par de cortometrajes: <em>Capicúa</em> e <em>Inevitablemente hoy</em> son los más destacados, que pasearon por algunos festivales en su momento; fueron trabajos de escuela que alcanzaron muy buen nivel, buenas experiencias que ayudaron a soltar la mano. Actualmente dirijo publicidad en Fábula, filmo comerciales todos los meses para distintas marcas, me encanta mi pega, aunque echo de menos hacer ficción.

<strong>¿Cómo ha sido tu trabajo con la productora Fábula?</strong><br /> Estoy muy cómodo en Fábula, llevo un año dirigiendo publicidad y empezando a pensar en ficción. Además, el roce con gente muy talentosa te motiva a trabajar más duro, ves que se puede vivir de lo que te gusta. Fábula es sin duda el lugar en Chile donde se están haciendo cosas importantes por el cine chileno. Sin ir más lejos, hoy está al aire en HBO <em>Prófugos</em>, la primera serie del canal hecha en Chile, además de la producción interna de largometrajes de primer nivel, entre ellos directores como Pablo Larraín, mi jefe (risas), un talento.

<strong>¿Cuáles son los proyectos que vienen?</strong><br /> Otra película, estoy comenzando a trabajar en ello.

<strong>¿Tienes algún sueño en grande que te gustaría realizar?</strong><br /> Poder seguir viviendo de mi pasión como lo hago hoy, ojalá cada vez más cercano a la ficción.

<strong>¿Qué es lo que más te atrae del cine?, ¿por qué?</strong><br /> Que es una expresión creativa que permite conjugar todas las disciplinas artísticas, usarlas a tu antojo, hacer que el espectador experimente un viaje con lo que le estás entregando. Contar una historia a través de estímulos visuales y auditivos es, sin duda, un arte. Por más que se vea que ya todo está hecho, aún puedes lograr encantar con tus imágenes, transmitir emociones, demostrar sentimientos, hacer crítica social, enaltecer tu país con tus imágenes. Además, las relaciones humanas que vas creando en cada proyecto son tan intensas como el mismo oficio.

<strong><em> "Por más que se vea que ya todo está hecho, aún puedes lograr encantar con tus imágenes, transmitir emociones, demostrar sentimientos, hacer crítica social, enaltecer tu país con tus imágenes".</em></strong>

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