Santiaguina de nacimiento, esta serenense por adopción encontró en la Región de Coquimbo el lugar donde concretar el sueño de su vida: traspasar al resto la pasión por la danza. Desde la instalación de su academia en La Serena, grandes y chicos aprendieron y disfrutaron los beneficios del baile, tanto aquellas niñas que sacan el suspiro de sus padres, como las mujeres que aprendieron danza árabe para regalonear a sus maridos.
Por Juan Pablo Díaz U./ Fotografías Patricio Salfate
No es difícil contactar a Sylvia Aguirre porque pasa gran parte del día en la academia que lleva su nombre. Lo complicado fue calzar un horario para la entrevista porque dedica muchas horas a sus alumnos y queda poco tiempo libre. Finalmente, me recibió en su oficina, y a pesar de que ya caía la tarde en La Serena, el movimiento era incesante en esa casa ubicada en calle Mauricio Bitrán, con adultos y niños entusiasmados por la danza. Sin duda, esa escena resume el sueño de esta mujer que comenzó a bailar cuando aún era una niña en Santiago.
Nos cuenta que sus padres la inscribieron en gimnasia rítmica en el Estadio Italiano, pero al poco tiempo ella descubrió que ahí mismo hacían clases de ballet. No lo pensó dos veces y se cambió. "Comencé practicando ballet clásico con una profesora argentina. Eso fue cuando tenía cerca de ocho años. Recuerdo que lo dejé dos años por el colegio, pero después lo retomé para nunca más abandonarlo. Siempre tuve claro que quería estudiar danza".
<strong>¿Y dónde canalizaste ese deseo?</strong><br /> Entré a estudiar a la escuela de Valero que ofrecía danza espectáculo. Teníamos mucha diversidad de técnicas, desde ballet clásico, jazz, danza contemporánea, zapateo contemporáneo, baile español, en fin.
<strong>¿Qué recuerdas de esa etapa?</strong><br /> (Su mirada queda fija y sus ojos denotan emoción, luego responde). Me gustó mucho. Nunca faltaba a clases, y por eso mis compañeras me miraban hasta con rabia (risas).
<strong>¿Con qué intención saliste de la academia?, ¿con ganas de presentarte en espectáculos, de enseñar o de seguir estudiando?</strong><br /> Tenía muchas ganas de bailar, integré varias compañías de danza y, a la vez, Valero me contrató de inmediato como profesora. Eso fue hasta los veintiocho años, cuando por motivos familiares nos vinimos a La Serena.
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<strong>NACE UNA SERENENSE</strong>
Atrás quedaban años de estudio y trabajo, de clases y presentaciones en distintos escenarios, de aplausos y reconocimiento. Lo que venía ahora era incierto, llegar a una ciudad desconocida y, por esos años, con pocos espacios para la cultura y expresiones artísticas. De danza contemporánea o ballet clásico ni hablar; así, el panorama podía sonar poco alentador para una mujer como Sylvia. Ella, en cambio, lo vio como una oportunidad inmejorable.
<strong>¿Te venías con ganas?, porque los espacios para desarrollar la danza son menores que en Santiago, y me imagino que mucho más en esa época.</strong><br /> La verdad es que estaba saturada en Santiago. Sabía que acá era complicado, pero estaba muy cansada, hacía muchas clases y estaba estresada. Llegué a La Serena y me encantó. Rápido me puse en campaña para abrir una academia.
<strong>¿Cómo lo concretaste?</strong><br /> Arrendé una casa y empecé a enseñar con pocos alumnos. Fue un avance paulatino, porque cada vez se sumaron más y terminamos cambiándonos a esta nueva casa, que compré, y donde nos establecimos definitivamente.
Aquí formó una familia, se casó y tiene un hijo de once años, al que le gusta bailar pero que no está en ningún curso porque considera que hay muchas niñas. Lo de él va por el lado de la música.
<strong>¿Hoy te consideras santiaguina o serenense?</strong><br /> Serenense todo el rato, me <em>apapayé</em> (risas). Es que voy a Santiago y me empiezo a sentir mal. Estar aquí es impagable, el clima, poder ir a la playa en cualquier momento o arrancarse al Valle de Elqui.
<strong>UN LEGADO QUE CRECE</strong>
Totalmente a gusto en la capital de la Región de Coquimbo, Sylvia hoy siente que la pasión por la docencia corre por sus venas, y que es aún más fuerte que la pasión que sentía cuando era ella la que salía a escena, "porque lo del escenario es más pasajero, es una sensación de un rato. Siento que la docencia te aporta algo más profundo, el hecho de ir viendo los resultados con el paso del tiempo es muy motivante"
<strong>¿Te quedas con algún recuerdo de tu época de bailarina?</strong><br /> Tengo cariño por la presentación en el Festival de Viña, más que nada por la impresión de la multitud y de lo impactante del escenario. Fuimos como el ballet oficial de una cantante brasileña que se llamaba Angélica, ensayamos un par de veces y listo. Todavía tengo fotos y recortes de diarios, fue muy lindo.
<strong>¿Cómo definirías la carrera de danza?</strong><br /> Es sacrificado, pero es una pasión que reconforta. Por eso, si alguien está pensando estudiar esto, sólo puedo decirle que, si le gusta, que se atreva y lo haga.
<strong>¿Y eso se lo transmites a tus alumnos o alumnas?</strong><br /> Sí, de hecho he tenido alumnas que después se fueron a estudiar danza a Santiago y les ha ido muy bien. También tengo casos de alumnas que fueron a estudiar, se graduaron, se convirtieron en profesoras y hoy están trabajando aquí conmigo.
<strong>¿Qué ofrece hoy la academia?</strong><br /> Tenemos harta variedad, por ejemplo, para los más chiquititos, tenemos curso de iniciación a la danza, también jazz dance, ballet clásico, danza contemporánea, flamenco, danza árabe, bailes de salón, vals para novios, en fin, mucha diversidad.
<strong>¿Con qué rangos de edad?</strong><br /> Los cursos son para niños desde los cuatro años y adultos sin límite de edad.
<strong>¿Qué edad tiene tu alumno mayor?</strong><br /> En ballet, tengo a una personas de ochenta y seis años, y hace toda la clase, pone la pierna en la barra, se le ve impecable.
<strong>¿La gente debe entender entonces que no hay límites para la danza?</strong><br /> La danza es para todos. Es que aquí no se busca algo profesional, esto es para aficionados y no se necesita una contextura física especial. Todos pueden practicarla.
<strong>¿Y qué les dices a esas personas que no se atreven porque se consideran "troncos" para el baile?</strong><br /> Que pierdan el miedo. Aquí todos empiezan de cero, sin conocimientos, y de a poco se van logrando los avances. Paciencia es lo que nos sobra, aquí nadie los va a retar porque el objetivo es ir aprendiendo a la velocidad que sea necesario.
<strong>¿Qué curso es hoy el más solicitado de la academia?</strong><br /> La danza árabe es la reina, porque hasta las más pequeñitas quieren inscribirse en ese curso. Con la explosión de Shakira empezó el fenómeno y no paró más.
<strong>Es un baile sensual, ¿llegan mujeres preguntando por cursos con el objetivo de seducir?</strong><br /> Sí, mucho. Llegan mujeres interesadas en hacer un curso porque dicen que sus maridos están de cumpleaños y quieren regalarles un show. Ahí hacemos cursos intensivos.
<strong>¿Y completando el podio de los cursos más pedidos?</strong><br /> Diría que el flamenco y mis cursos de ballet. Mis niñas son incondicionales, es que les encanta verse delicadas y las mamás no caben de alegría cuando las ven con el tutú.
<strong>¿Cuántas personas están tomando cursos en la academia?</strong><br /> Tenemos en total unos cien alumnos. Igual hay espacio para más, porque contamos con cuatro salas y diferentes horarios. Todo depende de la disponibilidad de cada persona.
<strong>¿Todavía hay prejuicio de los hombres hacia la danza?</strong><br /> Todavía está arraigado, sobre todo en ballet clásico. Hoy no tengo alumnos en esa clase y durante todos estos años los podría contar con los dedos de una mano. Es una pena porque no tiene nada que ver con ponerse más femeninos, al contrario, porque desarrollan su musculatura y, por lo mismo, los hace más viriles.
<strong>¿Los alumnos saben que en algún momento tendrán que salir a escena?</strong><br /> Así es, porque a fin de año tenemos la presentación oficial, y a eso sumamos durante el año presentaciones especiales, como para el día de la madre, la noche árabe o participaciones en encuentros a los que nos invitan.
<strong>¿Cuáles son los beneficios de practicar danza?</strong><br /> Es totalmente terapéutico, porque ayuda al físico, la mente y el espíritu. Alguien que viene para acá se asegura de no necesitar un psicólogo o un psiquiatra. Aquí se olvidan los problemas, se relajan, lo pasan bien, luego duermen mejor, además de que ayuda a ejercitar el físico y beneficia el sistema cardiovascular. La danza es completa.
<strong><em>"Lo del escenario es más pasajero, es una sensación de un rato. Siento que la docencia te aporta algo más profundo, el hecho de ir viendo los resultados con el paso del tiempo es muy motivador"</em></strong><strong><em>.</em></strong>
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