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EDICIÓN | Septiembre 2011

Pura Sangre

Ricardo Walsen, criador de caballos
Pura Sangre

Hace cuatro años que empezó a darle forma a un sueño de niño: criar caballos árabes. Hoy, con varios ejemplares de pura raza, se atrevió a competir en la Copa Chile por primera vez, obteniendo el primer lugar con un potro, y el segundo y tercero con dos yeguas. De esta pasión y de su aventura nos cuenta a continuación este hombre que se atrevió a instalar un haras en el norte de Chile.

Por Laura Valdés P. / Fotografía Patricio Salfate T.

El camino hacia el valle nos regala un día soleado aún en pleno invierno. Apenas a quince minutos en auto desde La Serena, el desvío en Altovalsol nos muestra un paisaje rural, con el río, su puente y la plaza del pueblo. Seguimos rodeando el cerro y cuando el pavimento se acaba y comienza el de tierra con altos árboles haciendo sombra, aparece un portón abierto por el que entramos. Entre el verdor de las tierras se eleva una construcción octogonal, desde donde sale a recibirnos Ricardo. Allí se encuentra el motivo de su pasión: los caballos.

Avanzamos y entramos a un lugar acogedor. Desde el centro del haras se puede observar cada espécimen: altos, robustos y fuertes. Estos hermosos animales tienen una particularidad, puesto que, a diferencia de nuestro caballo criollo, sus cabezas son más bien cortas y pequeñas y muestran unas frentes muy anchas. Al mirarlos de cerca llaman la atención sus ojos oscuros y expresivos. No es difícil entender que Ricardo quedara prendado de estos animales, especialmente si a los dos años y medio recibiera como regalo de su abuelo paterno su primer caballo. Así, desde pequeño, se acostumbró a acompañarlo en los paseos y más tarde, entrando en la pubertad, se convirtió en un experto jinete dedicándose a los saltos ecuestres.

<strong>¿Siempre sentiste esta conexión con los caballos?</strong><br /> Sí. Es que yo creo que hay algo importante con estos animales. Te gustan o no. Esta pasión la adquieres y la llevas por el resto de tu vida. Imagínate que mi bisabuelo (Martin Walsen) fue socio fundador del Santiago Paperchase Club, que promovió la formación de la Federación Ecuestre de Chile. Mi abuelo Ricardo también fue un apasionado, me acuerdo que tenía un potro árabe blanco y yo salía a cabalgar con él. En cambio, mi padre, que también tuvo caballos de chico, nunca se entusiasmó.

<strong>¿Nunca te alejaste de los caballos?</strong><br /> Siempre he estado conectado con ellos. A los doce y más años seguí con el tema de los saltos ecuestres como un apasionado. Al morir mi abuelo, yo seguí haciendo equitación en la Escuela de Carabineros. Después, al llegar a la Serena, no encontré algo parecido a lo que yo practicaba, pero me metí a los rodeos.

<strong>¿A los rodeos...?</strong><br /> Sí, estuve corriendo en rodeos como ocho años y lo dejé por otras razones. Bajé la intensidad, pero siempre tenía a los caballos conmigo hasta que apareció lo de los caballos árabes, que son los que realmente me gustan. Me llaman la atención, son caballos especiales para mí y considero que me han traído suerte. De hecho mi potro es como  mi amuleto,  se llama Ali Bey.

<strong>¿Con él ganaste la Copa Chile?</strong><br /> Salió elegido campeón en la Exposición Nacional de caballos árabes este año en la competencia denominada <em>halper</em>, que básicamente mide la belleza, los movimientos y la morfología del caballo. Este potro me ha traído suerte y me genera una buena energía.

<strong>¿No has participado en Enduro?</strong><br /> Participé con otro potro que se llamaba Tequila. Las pruebas miden resistencia, ya que por genética los caballos árabes la tienen. Esa vez recorrimos ciento veinte kilómetros, pero la verdad, no me atrajo. Me gustan las cosas distintas y no tan masivas como el <em>halper</em> que lo encuentro mucho más interesante porque muestras la hermosura del animal.

<strong>¿Cómo llegaste a la crianza de estos caballos?</strong><br /> Mira, fue hace cuatro años. Alfredo Hasbún había ganado hace unos años el campeonato mundial con una yegua de su crianza, Beauty Dream, en esta disciplina que hablábamos, el halper. Yo lo conocía y quise comprarle un caballo. Algo difícil, porque sus caballos tienen una genética muy buena y este señor no los vende en Chile. Finalmente, conseguí que me vendiera uno. Mi idea, básicamente, era tener mi potro y salir a cabalgar con él.

<strong>¿Y qué pasó?</strong><br /> Pasó que, como todas las cosas que nos gustan, fui nuevamente a verlo y me encantó una yegua, hasta tal punto, que él me ofreció su apoyo y empecé con la crianza de los caballos árabes bajo una línea genética de alta selección.

<strong>Y construiste este haras...</strong><br /> Sí, aunque empecé por el segundo peldaño gracias al apoyo de Hasbún y también de la familia Bulnes, quienes están hace mucho tiempo con la crianza de caballos árabes en Chile. Pero mi afán partió, más que en hacer competencias, en tener estos caballos, disfrutarlos, poder salir a cabalgar con ellos, con mis amigos y familia. Me entusiasman  las cabalgatas a la cordillera y a veces vamos en grupo al cerro y realizamos hasta cabalgatas nocturnas con luna llena.

<strong>¿Y cómo llegaste a la competencia?</strong><br /> Recién este año me atreví a participar. Me dijeron que se realizaría un campeonato en la zona, y Hasbún me animó a ir. Yo formo parte de la Asociación de Criadores de Caballos Árabes de Chile, y fui a participar en la Copa Chile, que es uno de los dos campeonatos importantes junto con el campeonato nacional.

<strong>Y te fue bastante bien...</strong><br /> (Sonríe) Fui sin mayores expectativas como participante, no como competidor y nos ganamos la Copa Chile, con el potro (Ali Bey) y dos yeguas chicas. Con el potro obtuve el primer lugar y con las yeguas sacamos el segundo (Little Honey) y el tercero (Dorothy Queen). Eso me dice que es el factor suerte del principiante, (risas). Y que, en el fondo, hay buena genética y buena materia prima.

<strong>BUSCANDO LA RAZA</strong>

Las leyendas sobre los caballos árabes son variadas y hermosas. En el continente africano, los beduinos creían que estos animales eran un verdadero regalo de Dios y relataban que junto con crear el desierto y el viento del sur había hecho al caballo, que tenía la facultad de volar sin alas. Esto, sin duda, porque una de las condiciones de esta estirpe es que se encuentra entre las más veloces del mundo. Su origen parece remontarse a esta tribu nómade que inició la cría de esta casta. Seleccionaron líneas puras que dieron origen a un caballo de naturaleza mansa, afectuoso, mirada llamativa y espíritu orgulloso. Unido a esto, su resistencia y elegancia traspasó fronteras haciéndose conocido primero en Europa y luego en América.

Ricardo no puede estar más de acuerdo con las leyendas, ya que él mismo señala sentirse cautivo de su belleza: "Para mí es el caballo perfecto, sensitivo, inteligente. Hay que dedicarles mucha atención. Sin duda, no sólo es un animal noble, sino también muy perceptivo. Si estás atravesando un mal momento, ellos lo notan y no te aceptan, pero si estás bien, las cosas se hacen de maravilla."

<strong>¿Cuáles son tus expectativas?</strong><br /> Mira, hoy en día tengo para reproducir tres potros y siete yeguas, de las cuales este año están preñadas tres y van a parir en unas semanas más. Así el próximo año voy  a tener siete crías, y luego el siguiente más. Es un efecto multiplicador de la crianza. Pero hay que tener cuidado.

<strong>¿Por qué?</strong><br /> Porque es fácil marearse, llenarse de caballos, de gente. Esto yo lo quiero cuidar como un criadero boutique, porque de diez caballos uno sirve y no significa que el resto de los caballos sean malos, sino que uno empieza a hilar más fino y se vuelve más exigente.

<strong>Te vas quedando con lo mejor, haces una selección...</strong><br /> Claro. Mira después de la exposición nacional se hace generalmente un remate y allí se llevan los caballos que es la forma de promoverlos. Ahora, si viene gente para acá y se interesa en comprar, yo no tengo ningún problema.

<strong>PASATIEMPO TERAPÉUTICO</strong>

Ricardo vivió gran parte de su niñez y juventud en Santiago. Después del colegio estudió administración agrícola en la Escuela Agrícola de Paine. Al egresar, el año 1994, y sabiendo que su padre tenía un campo en el valle, no lo pensó dos veces y se vino. "Olvídate, viví toda mi vida en Santiago y lo único que quería era salir de allí".

<strong>¿A qué te dedicaste?</strong><br /> A la agricultura. Me fue bien, me fue mal, pasé por todos los ciclos de la agricultura y sentí en un minuto que el alma de agricultor estaba triste porque faltaba algo. Pero no podía ofrecer mucho, no podía proyectarme con familia y me metí a estudiar mi segunda carrera, ingeniería comercial, y al final de esta comencé con otro rubro que es el movimiento de tierras. Me titulé y coincidió que mi empresa ya estaba agarrando vuelo, en cuanto a la cantidad de clientes, a la producción. A eso me aboqué, hasta el día de hoy, y espero seguir en eso. Porque es algo que realmente me permite darme otros gustos, como tener caballos, por ejemplo.

Ricardo hace un gesto con su mirada e indica la hermosa construcción octogonal que el mismo diseñó. Desde su oficina, ubicada en el segundo piso, domina una vista hacia el campo, por un lado, y por el otro, al interior del haras, donde se encuentran sus caballos.

"Esto es como un sueño que tenía de niño. Poder tener un lugar que fuera mío, ubicarme en un espacio en que se produjera un encuentro con los caballos".

<strong>¿Hay más sueños?</strong><br /> Este es mi pasatiempo, para tenerlo tengo que dedicarme también a mi trabajo. Pero hay proyectos. Por ejemplo, tengo un gran amigo, Hugo Valdivia, que se dedica a la cría de caballos chilenos. Y estamos viendo qué vamos a hacer en conjunto porque nos gustaría que, en el futuro, esta zona fuera una zona ecuestre.

Ricardo sonríe con sus ideas y acota: "Esto para mí es una terapia, mi refugio. Aquí me siento en mi lugar, protegido. Tengo que viajar mucho a otras ciudades por mi trabajo, pero al llegar a La Serena, además de encontrar a mi linda familia, también está esto. Los caballos y el amor que sientes hacia ellos, hacen que aprendas a tener una actitud distinta al enfrentar la vida".

<strong><em>"Esto yo lo quiero cuidar como un criadero boutique, porque de diez caballos uno sirve y no significa que el resto de los caballos sean malos, sino que uno empieza a hilar más fino y se vuelve más exigente."</em></strong>

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