Con una creatividad a flor de piel, disfruta y se apasiona con lo que hace. Conseguir destellos de colores atrapados en el vidrio, ver al trasluz las burbujas y sorprenderse con la belleza de lo creado es suficiente aliciente para continuar dedicada a la vitrofusión. Una técnica que ha perfeccionado y que hoy la coloca entre quienes se han especializado en trabajar el cristal dicroico, logrando joyas exclusivas. Recién trasladada a La Serena, empieza a abrirse camino con una artesanía original que mostramos a continuación.
Por Laura Valdés P./ fotografía Patricio Salfate
María Fernanda es una mujer entusiasta, proactiva y cuya voz transmite una alegría arrolladora. Eso le ha servido para ir proyectando un negocio que empezó como un pasatiempo y al cual hoy le dedica casi todo su tiempo, vendiendo, incluso, muchas de sus joyas a México, Inglaterra y España.
Sus diseños son en parte creados por la inspiración que toma de la naturaleza. Pero también por un espíritu inquieto que nunca perdió. Nacida en Ovalle, aunque gran parte de su infancia la vivió en Vallenar, no puede olvidar los mejores recuerdos de las tardes de juegos con los amigos. Andaba en bicicleta y se tenían que inventar entretenciones. "La clave era crear juegos y echar a andar la imaginación", señala.
Esta creatividad fue desarrollándose también al alero de su abuelo paterno, que tenía un taller y en el que ella disfrutaba jugando con las herramientas, o ver el trabajo en madera que hacía su padre.
<strong>De profesión eres educadora de párvulos, ¿por qué te decidiste por esta carrera?</strong><br /> Estudié educación parvularia en la Universidad de Antofagasta. Decidí estudiar esta carrera porque me gusta enseñar y creo que educando desde la base se pueden lograr muchas metas a futuro. Mi abuelo materno fue profesor rural, así que traigo la veta de educar. Aparte de que es una carrera linda y con creatividad... hay que tener creatividad para mantener entretenidos a veinticinco o treinta niños y niñas en la sala. Es increíble ver como aprenden.
<strong>¿En qué momento de tu vida decides dejar tu carrera y por qué?</strong><br /> Cuando me embaracé de mi primer hijo decidí ya no volver a trabajar; gracias a Dios pude hacerlo, es impagable el estar en casa y aprovechar cada día con mis hijos. Fue una decisión difícil, pero no me arrepiento.
<strong>¿Cuándo descubres la vitrofusión?</strong><br /> Como yo no puedo estar sin hacer nada, me inscribí en un curso básico de vitrofusión, mi primer hijo tenía meses solamente. Ahí aprendí lo más simple, uno que otro platito y algún collar, pero nada más... pero eso fue el pie para enamorarme de esta técnica. El saber que pintas algo y no sabes cómo saldrá del horno es genial, es mágico... ahí comencé de a poco. Con platos y ceniceros, lo típico. Pero yo no quería lo típico o común, yo quería algo con mi sello personal, por eso me dediqué más a las joyas de vidrio, podía hacer volar la imaginación y crear joyas únicas e irrepetibles y eso me apasionó.
<strong>¿Cómo es tu proceso de creación?</strong><br /> Comienzo con un diseño en un cuaderno, hago varios y me entretengo realizando colecciones donde tenga modelos de uso diario y más sofisticados. Luego corto el vidrio lo más parecido al bosquejo y pinto... en el caso de la vitrofusión tradicional. En el caso de técnicas secas, corto los trozos y creo algo más abstracto, ya que acá no se pinta sino que trabajas con vidrios en escamas, polvo de vidrio, hilos de vidrio etc. Y lo más hermoso es cuando me dedico al cristal dicroico, una técnica hermosa; acá usas vidrios bombardeados al vacío con metales, así que el resultado final son destellos de colores tornasoles maravillosos. Esta técnica es escasa en Chile, yo la realizo hace tres años y me siento segura haciéndolo, es única y es ¡mi gran orgullo! De hecho, es la técnica más pedida por su exclusividad.
<strong>ECHANDO RAÍCES</strong>
Gran parte de su adolescencia, juventud y adultez la vivió en Antofagasta. Casi veinte años de armar una historia de vida en el norte no bastó para que esta zona fuera siempre una especie de imán para ella. Las vacaciones con su familia en verano se extendían, también en los sueños por trasladarse, hasta que todo se concretó y a principios de este año pudieron llegar a habitar una casa que mandaron a construir.
<strong>En Antofagasta tenías un negocio, impartías clases, tenías un modelo armado... ¿vas a seguir pasos similares en esta región o vas a cambiar algunos?</strong><br /> Estoy buscando dónde instalar mi negocio, pero quiero ir con calma. Ahora hice un taller en mi casa que será sala de venta igual, donde las personas pueden venir a buscar lo que deseen, tendré una vitrina y repisas con mis productos. En tanto, mis productos estarán en La Serena, en Vania Boutique (Penni con Balmaceda) y en Salón de Belleza Narciso (en San Joaquín), ahí podrán encontrar mis joyas y algunos artículos decorativos.
<strong>¿Cuáles son tus proyectos?</strong><br /> Mi proyecto más cercano es establecer mi negocio en la ciudad de La Serena, ahí estuve viendo sectores que me interesan, pero aún no hay locales disponibles, me gustaría que piensen en mis productos a la hora de elegir un regalo o buscar una joya única. Además, me interesaría ver mis diseños en restaurantes o diseños en casas de esta zona, ya que también trabajo en detalles decorativos, dar toques únicos en mesas, servilleteros, y guardas. Quiero entregar mi arte.
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