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EDICIÓN | Agosto 2011

Chilena con peso de campeona

María Fernanda Valdés, pesista
Chilena con peso de campeona

Fueron sus padres los que la empujaron a practicar algún deporte, y casi por casualidad se encontró con lo que sería la pasión de su vida. De intensos ojos azules y una personalidad encantadora, María Fernanda Valdés salió de La Serena para dejar en alto el nombre de Chile, en una disciplina poco conocida que requiere de mucha fuerza física y mental.

Por Juan Pablo Díaz U. / Fotografías Patricio Salfate

Sólo para comprobar mi teoría de que es un deporte poco conocido, en un país con poca cultura deportiva, le conté a varias personas que haría una nota sobre una destacada exponente de la halterofilia. ¿Haltero qué? ¿Eso es una ciencia? ¿Qué dijiste? Esas fueron algunas respuestas de mis interlocutores; alguno, incluso, pensó que le hablaba sobre algo parecido a la clorofila, pero no. Sus rostros mostraron sorpresa cuando les explicaba que se trata del levantamiento de pesas, y que efectivamente en la Región de Coquimbo se crió la más destacada deportista nacional en esta disciplina.

Antes de conocerla, un poco de cultura deportiva para acabar con el desconocimiento de la halterofilia. Se trata de uno de los deportes más antiguos, con orígenes que datan del 3.600 antes de Cristo en China, y consiste en el levantamiento del mayor peso posible en una barra a la que en sus extremos se le fijan varios discos, y que finalmente determinan el peso final a levantar. A todo ese conjunto se le denomina haltera, y de ahí el nombre de la disciplina.

A eso se dedica una joven serenense que encandila con su mirada y que salió de la ciudad para conquistar el mundo con su fuerza y determinación. Nadie puede discutir que se convirtió en la mujer chilena con mayor peso específico en este deporte; por algo ostenta el mérito de obtener las únicas medallas planetarias en la historia de la halterofilia chilena. Toda una realidad, que arrancó casi como una anécdota cuando ella tenía sólo catorce años.

La halterofilia es un deporte poco conocido, ¿por qué te interesó?
Estaba en plenas vacaciones de verano cuando mi padre me dice: "Fernanda, tienes que hacer algún deporte, no puedes quedarte en la casa sin hacer nada". Con esa misma determinación, él mismo me inscribió en un gimnasio que está al costado del Coliseo Monumental en La Serena, y fue ahí donde conocí a mi primer entrenador, Rodrigo Callejas. Lo cierto es que al principio ignoraba la disciplina y ni siquiera me llamaba la atención.

¿Y eso cuándo cambió?
Cuando me puse a competir. Era indescriptible tanta emoción, cuando me paraba en una tarima se mezclaban los nervios y la alegría, estaba el conflicto que pasa por tu corazón, la sensación de luchar con tus miedos, dejar todo fuera de tu cabeza para hacer el peso, ¡uf!, es como si uno se transformara en otra persona cuando levanta pesas. Al menos eso es lo que me pasa a mí; esa constante lucha física y mental por conseguir un objetivo, no rendirse e intentarlo hasta lograr el éxito es lo me encantó y me hizo darme cuenta de que era lo que más me gustaba hacer en la vida.

 

¿Cuándo asumiste que esto sería mucho más que un pasatiempo, y que tenías potencial para competir en alto rendimiento?
En realidad, nunca pensé llegar al alto rendimiento, no era mi expectativa. En ese tiempo era feliz con lo que hacía, me bastaba con practicarlo de esa forma, pero cuando tenía dieciséis años me llamaron para una competencia internacional, nada menos que a un preolímpico. Esa fue la primera vez que competí con gente mayor y más experimentada que yo; fue un paso muy importante para mí y lo que ratificó que debía dedicarme a este deporte en forma más seria.

Ahí arrancaba tu experiencia internacional, pero ¿recuerdas tus primeras competencias y tus primeros triunfos?
Mis primeras competencias fueron en Vicuña, y aún recuerdo que era demasiado emocionante sentir que la gente que estaba ahí me apoyaba hasta con gritos. Para mí los triunfos no eran sólo una medalla o un lugar destacado en competencia, sino el superarme y sentir que cada día alzaba más peso.

¿Qué te decía tu familia cuando comenzaste a dedicarte a la halterofilia en forma más constante?
Jajaja, recuerdo que mi mamá quería que yo fuera bailarina de ballet, también me molestaban todos los días, pues me decían Sansona y no podían creer que me gustara levantar pesas. Aún hoy les da como nervios verme en esto, pero también es cierto que en todo momento me apoyaron, nunca me dijeron ¡no, esto es para hombres!, todo lo contrario, estaban muy contentos de que me dedicara al deporte.

 

Desde muy joven comenzaste a competir. ¿Cómo compatibilizabas el deporte con el estudio?
Fue difícil, y cuarto medio fue el más duro de todos porque ese año me dediqué, ciento por ciento, al alto rendimiento, me fui a vivir a Santiago y viajaba cada cierto tiempo a La Serena para dar pruebas. Por suerte, en el colegio me ayudaron mucho, me dieron la facilidad de salir cada vez que lo necesitaba, y si tenía que concentrarme para competir jamás pusieron obstáculos. Recuerdo que llegué al final del segundo semestre y tenía que estudiar por mi cuenta y hacer  muchas pruebas al día para poder salir con la misma cantidad de notas que mis compañeras. Los profesores fueron los que más me ayudaron, aprovecho de darles las gracias a todos ellos por eso.

 

SE LUCE POR CHILE

Superada la etapa escolar, la universitaria puede esperar un poco porque María Fernanda está dedicada por completo al deporte y a dejar bien puesto el nombre de Chile a través del levantamiento de pesas o halterofilia, como usted prefiera.

Mezcla de talento innato con tenacidad a toda prueba, el resultado es una competidora a cabalidad que, a su corta edad, cuenta con un currículum envidiable. Anote: campeona nacional infantil, juvenil y adulta, con récords incluidos en las categorías menos de 69 kilos y más de 69 kilos, además de record juvenil en 75 kilos y mejor marca nacional sobre 75 kilos. Fuera de nuestras fronteras se anota como campeona panamericana sub 17, récord panamericano sub 17 en envión, campeona panamericana juvenil, cuarta en los juegos Odesur y medalla de oro en el torneo Manuel de Suárez. Eso sin siquiera mencionar el máximo reconocimiento que llegó el año pasado.

¿Cuál fue hasta ahora tu mayor alegría en competencia?
No tengo dudas: lo vivido el 2010, cuando obtuve las dos medallas de bronce en el mundial juvenil disputado en Bulgaria. Fue una de las sensaciones más extrañas que sentí, porque en ese momento no me daba cuenta de lo que había hecho, estaba parada en el pódium recibiendo las medallas y me sentía paralizada, no reaccionaba a nada.

No era para menos, María Fernanda acababa de cosechar una actuación histórica para nuestro país, porque esas eran las primeras medallas planetarias en toda la historia del levantamiento de pesas chileno. Una actuación que ni siquiera el recordado Cristián Escalante pudo lucir.

Este año la cita del mundial junior era en Penang, Malasia, donde María Fernanda otra vez completó una actuación destacada. Si bien no logró subirse al pódium, estuvo peleando palmo a palmo los primeros lugares de una competencia que estuvo a la altura de nivel adulto por las marcas registradas.

La deportista serenense terminó en sexta ubicación tras levantar un total olímpico de 232 kilos, 100 en arranque y 132 en envión. En esta parte de la conversación su tono cambia y se vuelve menos locuaz, tal vez porque su mentalidad ganadora no la tiene del todo conforme.

¿Cumpliste con las expectativas que te habías planteado?
No, podría haber sido mucho mejor mi actuación.

¿Qué atentó contra un mejor resultado?
Mi cabeza, me desconcentré justo en el momento en que tenía que poner toda mi mente en el objetivo.

Se nota frustrada pero también sabe que esto le servirá de experiencia. María Fernanda es ambiciosa y ya piensa en los próximos desafíos.

¿Qué te depara el calendario ahora?
Clasificar para los Juegos Panamericanos en el Nacional Adulto de Chile, y si lo consigo, competir en Guadalajara defendiendo los colores de mi país, ojalá consiguiendo alguna medalla.

 

SACRIFICIO TRAS LOS RESULTADOS

Para apuntar alto ella sabe que debe postergar muchas cosas. Son las reglas del deportista de alto rendimiento, más en un país como Chile donde, salvo algunas excepciones, los atletas no cuentan con todas las facilidades para desarrollarse a nivel internacional.

María Fernanda se radicó en Santiago y ahí cumple una jornada de dos entrenamientos diarios, que los complementa con cuidados en la alimentación y los descansos necesarios. La rutina se repite de lunes a sábado, "porque el domingo lo dejo para quedarme acostada todo el día (risas), mucha siesta y nada de pesas para mí".

Este año, incluso, estuvo entrenando dos meses en Brasil, todo para cumplir con sus objetivos, entre los que destaca, por supuesto, una soñada medalla en los Panamericanos.

Tu familia me comentó que te ve muy poco, casi ni para los cumpleaños. ¿Cómo lidias con eso?
Echo mucho de menos a mi familia en La Serena, poder acostarme el día domingo en la cama de mis papás para estar con ellos y regalonear, pero también siento que me acostumbré a salir y verlos poco, es parte de lo que requiere el alto rendimiento. Sé que ellos me apoyan en lo que hago y que si necesito algo siempre estarán para ayudarme.

A propósito, ¿cómo financias tu carrera deportiva?
Recibo la Beca Prodar y la ayuda de mis padres, porque no es suficiente. Me alcanza para mantenerme en Santiago, pero gracias a mi tía que me acoge en su casa, de lo contrario sería imposible.

Debe ser muy difícil el camino olímpico
Sí, es difícil, hay que hacer muchos sacrificios, dejar a la familia, gente que uno quiere mucho; pero creo que mientras uno se lo proponga y trabaje por ello lo puede conseguir. Hay que fijarse una meta, entrenar mucho y ponerle mucho corazón.

 

MÁS ALLÁ DE LAS PESAS

 

Con tanta dedicación al deporte competitivo, ¿te ves estudiando una carrera universitaria?
Sí, ahora pospuse los estudios para poder prepararme para los juegos Panamericanos, pero después de eso me pongo a estudiar. Sé que es difícil compatibilizarlo con el deporte y más en la universidad, ya que hay más exigencia y muchas veces no están las mismas facilidades que en el colegio, pero es un desafío nuevo que tomaré.

El prejuicio indica que con este tipo de deportes puedes perder feminidad. ¿Compartes esa idea?
Yo creo que conservar la feminidad va en uno, el realizar un deporte con tendencia masculina puede cambiar algunas cosas, pero no debería afectar tu esencia. Me parece que es algo personal y no una regla general, yo he visto de todo en este deporte, desde atletas que realmente no parecen mujeres hasta competidoras que se cuidan demasiado y que no pareciera que levantaran pesas.

¿Cómo expresas tu vanidad?
Mi vanidad siento que es normal, no excede pero tampoco la dejo de lado. Por ejemplo, cuando compito o salgo a algún lado ocupo maquillaje, me aliso el pelo, me pinto las uñas, pero si estoy entrenando no hago escándalo por ensuciarme o mancharme la ropa, es parte del sacrificio. Eso sí, para las ocasiones especiales tengo que estar bien presentada.

 

"Echo mucho de menos a mi familia en La Serena, poder acostarme el día domingo en la cama de mis papás para estar con ellos y regalonear, pero también siento que  me acostumbré a salir y verlos poco".

 

 

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