Este arquitecto titulado en la Universidad Católica de Valparaíso y uno de los socios fundadores de la CCHC de la delegación de La Serena, asumió el mes pasado la presidencia de esta cámara. Nombrado tres veces presidente del Colegio de Arquitectos y actualmente a la cabeza de la Comisión de Urbanismo, señala sentirse capaz de asumir los desafíos que vienen.
Por Laura Valdés P. / Fotografía Rosario Gantes E.
En la mente de Alfredo siempre ha estado muy claro el concepto de la arquitectura y la define como "belleza y eficacia, si uno puede asumir ambas y concretarlas, se siente muy satisfecho del logro de un proyecto". Por eso, a los dieciséis años y como destacado dibujante, empezó a rondar en su cabeza la idea de estudiar esta carrera. Sabía muy bien lo que le gustaba, como ver una y otra vez revistas de edificios, pero también lo que no. Por eso descartó seguir los caminos de medicina, ingeniería o leyes. "En esos años, las carreras eran sólo las tradicionales, pero nunca me arrepentí de mi decisión. Yo tuve la suerte de estudiar en una escuela que, en aquellos momentos, era muy especial y uno vibraba con ella y sus profesores. Sentía que era un privilegiado y comprendí allí que los arquitectos estamos capacitados para hacer de todo", señala orgulloso.
<strong>¿Y ha sido así, a lo largo de la vida?</strong><br /> En general sí, yo reconozco que una de las cosas buenas que aprendí en mi escuela es que uno, en realidad, puede asumir cualquier desafío. Y también tiene que saber contactarse con las personas que le van a ayudar a concretarlo. Y ese es uno de los buenos aspectos que aprendes en arquitectura.
<strong>¿Cómo fue que de Valparaíso llega a La Serena?</strong><br /> Cuando egresas de la universidad, vas donde te ofrecen trabajo. No hay mayores obligaciones; si me hubieran dicho la Antártica, estaría ahora allí, no sé, y después hubiera tratado de regresar... pero ahora estoy aquí. Y no hubo necesidad de retornar.
Hombre sencillo y más bien de bajo perfil, no es muy dado a hablar de sus logros. Antes de egresar fue contratado para realizar inspecciones de los daños provocados por el terremoto del sesenta y cinco en la V región, y a la semana de titularse como arquitecto, en 1966, estaba trabajando en el Servicio de Obras y Construcciones de la Armada. Pero la vida dio un giro grande y se presentó la oportunidad de venir a la región de Coquimbo. Primero, planificando y proyectando los villorrios del Choapa y después, en 1973, el gran salto al mundo privado, al hacerse cargo de uno de los proyectos para obras de ejecución de la CORVI.
Ese año echa raíces definitivas en la zona. Un poco antes, en 1968, junto a cinco constructores y algunos proveedores, empezaron a darle forma a la Cámara Chilena de la Construcción en La Serena, así se transformó en uno de sus socios fundadores.
<strong>DESAFÍOS</strong>
Sentado en su despacho de la cámara, Alfredo Prieto habla de forma pausada, pero vehemente al mismo tiempo. Tiene las ideas claras y su postura es firme, especialmente cuando se trata de hablar de la ciudad y de su crecimiento.
"Tenemos claro que La Serena se ha posicionado como una ciudad de segunda vivienda, tanto para la gente del sur como para la del norte. Especialmente para estos últimos, ya que sabemos que mientras los proyectos mineros sigan exitosos, siempre va haber segunda vivienda y cada vez de mejor calidad. Creemos que la tercera edad también está eligiendo con mayor fuerza la ciudad para pasar su tiempo de descanso. Y en este sentido, sería muy bueno contar con un hospital tipo A1; este nicho sería muy importante".
<strong>¿Cómo ve usted este crecimiento, especialmente este último tiempo, existe cierto orden o no?</strong><br /> Estamos mal, en el sentido que las calles que el plan regulador había pensado para absorber este crecimiento están caducadas. Y la única manera de replantearlas es mediante la expropiación y eso es algo que ninguna municipalidad -porque este es un problema nacional- está en condiciones de hacer. Así que se trata de un asunto grave. Es una consecuencia catastrófica, por decirlo así, para un crecimiento ordenado de la ciudad. Esa es una gran preocupación que tenemos aquí en la cámara y estamos insistiendo en el tema a nivel ministerial y solicitando auxilio de la cámara de Santiago para que nos ayude con su equipo de profesionales jurídicos, para estudiar una solución del problema.
<strong>¿Qué sucede con la Avenida del Mar, especialmente si llega a presentarse alguna emergencia?, porque las vías de escape no son suficientes...</strong><br /> No existen vías de escape. Estaban previstas en el plano regulador y se irían desarrollando mediante la urbanización de los nuevos loteos o condominios. Eso ya no es posible, porque ni siquiera la ley permite que un proyecto inmobiliario o condominio, ceda el terreno para la calle. Está prohibido. Es absolutamente kafkiano... para algunos no hay solución. Para nosotros es un problema de ley. Creemos que una ley se cambia con otra ley.
<strong>¿Y dónde está la traba?</strong><br /> En que, aparentemente -es nuestra impresión- en Santiago este problema no les ha llegado. Cuando el problema llegue a Santiago se va a solucionar para todo Chile. Ellos no tienen esta conciencia. Este problema se les va a presentar en cinco o diez años más.
<strong>¿Y acaso cada ciudad no tiene su plan regulador?</strong><br /> Claro, pero la ley dice que las nuevas vías de circulación descritas en los planos reguladores, si no se han perfeccionado en cinco o diez años, caducan. El plan regulador de La Serena tiene siete o diez años... entonces caducaron las calles. Como pasa con Cuatro esquinas, la cual no podrá tener cuatro pistas en la parte que la une a la Avda del Mar, a menos que se expropie. La calle Huanhualí no podrá tener una salida hacia ese mismo lugar y así sucederá en todas las calles previstas como vías de evacuación desde ese sector.
<strong>Porque la ciudad, evidentemente, no es la misma que hace veinte años...</strong><br /> Ha crecido, claro, y el otro asunto que nos plantea desorden es que las zonas operacionales de Aguas del Valle, no coinciden con los límites urbanos. Entonces, hay zonas urbanas del plan regulador que no se pueden consolidar porque Aguas del Valle no las incorpora en su territorio y nadie les puede obligar a incorporarlas.
<strong>¿Cuáles son, entonces, los grandes desafíos que vienen?</strong><br /> Uno, la caducidad de las calles. Tenemos que buscar apoyo a nivel parlamentario, buscar aliados en otras ciudades que sufran el mismo problema para generar cambios en la ley. Esa es una de nuestras grandes preocupaciones. La otra es que nos interesa buscar una capacitación para la mujer, insertarla en el campo laboral nuestro. Tenemos conciencia de que la minería es muy atractiva porque tiene mejores condiciones de remuneración y es posible que el nivel de construcción se resienta en la medida que nuestro personal emigre hacia la minería.
<strong>¿También está pasando en la construcción?, porque esto es muy típico de la agricultura...</strong><br /> En el área de la construcción también. Porque en la minería se necesitan obreros. Estamos pensando hacer un convenio para capacitar a mujeres que puedan hacer labores de construcción livianas, por así decirlo. Este también es un desafío que nos hemos planteado. Podríamos comenzar este año con el convenio con Sernam. Los programas de capacitación son relativamente cortos. Por ejemplo, si vamos a enseñar a poner papel mural, lo teórico es rápido. Lo que se requiere es la práctica. En eso tenemos que trabajar para que los empresarios tomen conciencia y para que acepten la práctica de estas personas. Yo creo que lo vamos a lograr.
<strong>¿Qué cree que le falta a La Serena?</strong><br /> Nos falta tener una capacidad vial que responda al crecimiento de la ciudad, que responda a los eventos catastróficos y también nos falta un buen sistema de salud. Yo creo que La Serena tiene un nicho para la tercera edad muy importante, porque a la gente le gusta, buen clima, suave, cerca de Santiago, pero nuestros hospitales han quedado atrás y, por supuesto, una persona de la tercera edad necesita una atención de salud a toda prueba.
<strong>¿Y lo bueno?</strong><br /> Tiene un gran paisaje, con la cordillera a un paso. En una hora uno está en un clima precordillerano. Existe el valle cerrado y el horizonte del mar... En pocas partes se da eso. Y tenemos un sello con la arquitectura colonial que lo da el Plan Serena. Además a las personas les gusta vivir aquí, en una ciudad pequeña, porque muchas no están dispuestas a tranzar esta paz.
<strong>¿Cuáles han sido sus satisfacciones?</strong><br /> Yo no soy un arquitecto de grandes obras, he sido uno de obras individuales, pequeñas y donde me he sentido muy a gusto. He sido un arquitecto que disfruta lo que hace y que, además, aprecia el tener buenas relaciones con la gente. Me preocupo por las personas y por darles respuestas a sus inquietudes. Eso ha sido un agrado que he tenido como empresario.
<strong><em> "Yo no soy un arquitecto de grandes obras, he sido uno de obras individuales, pequeñas y donde me he sentido muy a gusto. He sido un arquitecto que disfruta lo que hace y que además aprecia el tener buenas relaciones con la gente".</em></strong>
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