Hace diez años que empezó a practicar esta “medicina complementaria”, como ella llama a esta técnica japonesa, que consiste en lograr la sanación o equilibrio de las personas a través de la imposición de las manos en el cuerpo del paciente para canalizar la energía universal. En este período, su vida no sólo la transformó a ella, sino también siente que ha podido ser un puente de ayuda para quienes lo han necesitado. De este peregrinaje vital nos habla a continuación.
Por Laura Valdés P / Fotografía Philip Southern A.
María Patricia es una mujer de un cutis limpio, cuya sonrisa desborda los ojos. De modales serenos, nos conduce hasta una habitación donde tiene una camilla, varias velas encendidas, algunas estatuas pequeñas de Buda y se puede escuchar una música suave y relajante con sonidos de agua y pájaros cantando.
Nos sentamos en unas cómodas sillas que tiene cerca de su escritorio y la entrevista empieza a fluir muy natural.
¿Cómo fue que empezaste con Reiki?
Empecé antes de saber incluso qué significaba.
¿Cómo?
Cerca del 2000, mi mamá tuvo un cáncer terminal al estómago, le tomaron muchos exámenes y descubrieron que no había nada que hacer. Sin embargo, no se podían explicar cómo, con su metástasis, no se sintiera tan mal y no se le notara. Yo, en ese tiempo, le imponía las manos donde ella me indicaba, como una forma de regalonearla, de hacerla sentir bien, porque me decía que la calmaba. Pero yo pensaba que, realmente, ella me lo pedía para estar conmigo.
¿Y qué sucedió?
Cinco días antes de que ella muriera, me contó que cada vez que yo le imponía las manos ella veía una luz y a mis abuelos que la estaban esperando. No había querido contarme antes porque sabía que si me lo decía, yo no lo iba hacer más porque no quería que nos dejara. Esto me dejó muy pensativa. Pero a los tres meses de su muerte me vino una depresión terrible. Yo era muy, pero muy unida a ella.
¿Qué hiciste entonces?
Fueron días y días en que yo no me levantaba, fue terrible. Yo no quería vivir, aunque todo el mundo me hacía la vida súper linda; mis hijos, mi familia, mis amigos. Entonces tuve la oportunidad de que me hicieran terapia de Reiki y de Flores de Bach. Con eso salí adelante. Cuando estuve bien y recuperada, decidí estudiar y fue una forma de canalizar mi energía en ayuda de otras personas.
Y seguiste hasta ahora…
Sí. Gracias a mi madre y lo que le pasó descubrí mi misión de vida. Ya me entregué a esto. Tomé muchos cursos para ir aprendiendo porque no es solamente llegar e imponer las manos. Hay que saber, hay que ser responsables porque estás aplicando una terapia con una persona. Es maravilloso porque en el fondo es como ir sanando desde el alma a alguien. Siempre he pensado que si yo pude salir adelante, así como estaba, cualquier persona puede hacerlo.
¿Cómo ha sido esta experiencia en estos años?
Ha sido muy enriquecedora. No sólo porque puedes ayudar a otros, sino también porque te vas conociendo mejor. Realmente es una experiencia linda, uno tiene una postura muy diferente como se para frente a la vida.
La palabra Reiki suele ser traducida también como “energía cósmica”. Según la cultura japonesa Ki, es el poder creador del universo y Rei es la luz. En distintas culturas se le ha dado otros nombres: Prana, Shakti, la toma de conciencia como el Chit, Shiva, en India y China. Para algunos es la inteligencia que vive dentro de todos y también en cada partícula de materia. De ahí que se le denomine como el poder inteligente del cosmos. Quien se convierte en practicante Reiki, puede sintonizar conscientemente esa fuerza universal y se deja guiar por su sabiduría intuitiva. En el contexto espiritual de Japón, el Reiki es visto como un sistema de sanación y un método de armonización natural complementaria a la medicina tradicional.
TRAVESÍA
Nacida en Puerto Montt, desde niña fue sobreprotegida al morir a los tres meses, su hermana gemela. Su niñez hermosa y agradable la hizo forjar un espíritu positivo. Se casó a los dieciocho años y tuvo con veinte a su hija y luego, a los veintiún años, a su hijo. Se dedicó a ser mamá y a vivir una vida muy estructurada hasta que se separó después de quince años de matrimonio. Con la ida de su madre y el encuentro con el Reiki, dio un giro enorme. Sin dejarlo de lado, se trasladó primero a Temuco, luego a Viña del Mar (porque su hija había ingresado a la Universidad Santa María), y el 2007 viajó sola a La Serena.
¿Por qué elegiste esta ciudad?
Yo me dedicaba a hacer Reiki en Viña, cuando me tocó una paciente de La Serena. Eso fue en el año 2005. Viajaba una vez al mes a verla y lo hice así durante dos años. Ella tenía cáncer al estómago, así que imagínate cómo me llegó este caso. Se sanó y se recuperó muy bien. Fue algo que jamás olvidé. Durante ese tiempo también empecé a tomar otros casos hasta que decidí trasladarme para esta ciudad definitivamente. Fue como una necesidad. Quería hacer algo en mi vida completamente sola.
Hablando de este caso que te tocó en La Serena, ¿no hubo reticencias por parte de los médicos para que la paciente siguiera con el Reiki?
No, porque ella no abandonó su tratamiento médico. Su recuperación fue muy linda. Se trataba en Santiago con quimioterapia oral con doctores de la Universidad Católica y ellos le dijeron que también podía hacer algo complementario con el Reiki. Esto es muy importante porque la recuperación puede ser mucho más rápida.
¿En qué consiste esta terapia?
En el Reiki uno canaliza la energía universal a través de las manos. Una no sólo debe estar muy segura de lo que está haciendo, sino también debe estar bien anímicamente para hacerlo. En esta terapia, lo mismo que con las flores de Bach, el paciente empieza a visualizar situaciones y a darse cuenta del fondo de sus problemas. Y es entonces cuando empieza a sanar y se empieza a sentir más tranquilo y seguro en la vida.
¿Y esto es válido para todas las edades o existen restricciones?
Es para todos, incluso para niños. Yo atiendo a menores, sobre todo con déficit atencional e hiperactividad. El trabajo es eficiente y rápido porque ellos se conocen tan bien, mejor que los adultos, que se cierran mucho más o llegan más reticentes.
Creía que utilizaban más las terapias florales…
Es muy efectiva con los niños. También la uso. Pero en el Reiki es fantástico. Tengo pacientes que llegan y me dicen: ¡ay, qué relajo! Imagínate que la terapia de Reiki son cuarenta y cinco minutos, y en ese tiempo la persona se duerme, puede llorar (porque van saliendo emociones), se relaja… y en los niños eso es mucho más rápido porque están mucho más conectados y se puede avanzar. Por eso es algo tan maravilloso, porque uno va trabajando el alma de una persona.
¿Qué otras terapias utilizas?
En estos años he ido aprendiendo varias como reflexología de manos, masajes con piedras, entre otras. Siempre hay una búsqueda de conocimiento y crecimiento personal también. Pero lo mejor es que con esto puedes ayudar a otros. Por ejemplo, se puede estar tratando a una persona por un problema de obesidad, pero en la terapia salen otras cosas más profundas y personales, que él o la paciente creyó superadas y hasta olvidadas. Suele pasar que al ir más adentro, la gente se da cuenta de que algunos episodios de la vida siguen ahí, como escondidos. Al liberarlos, es cuando se puede avanzar, y al final la obesidad era desencadenante de algo más puntual.
¿Cuáles son tus proyectos?
Mis proyectos son formar un centro de terapias. Siempre he pensado que me gustaría trabajar con otras personas que hagan lo mismo que yo. Hacer distintas terapias, con diferentes profesionales. Encontrar un lugar donde se pueda brindar ayuda. Sería fantástico.
“Suele pasar que al ir más adentro, la gente se da cuenta que algunos episodios de la vida siguen ahí, como escondidos. Al liberarlos, es cuando se puede avanzar”.