De una personalidad fuerte, esta joven sicóloga llegó, como un remolino de ideas y proyectos en mente, a asumir un nuevo desafío: ser la nueva directora regional del SERNAM. Con un vasto currículum en cargos orientados al servicio público en los últimos años, además de poseer postítulos y diplomados, no teme hacer frente a la gran responsabilidad caída en sus manos.
Por Laura Valdés P. / Fotografías Philip Southern A.
Al abrirse las puertas del escritorio de Francesca, entramos a un amplio espacio delimitado solo con esas altas paredes y techo de madera de las casas del casco antiguo de La Serena. En contraste con ese sello patrimonial castizo y de ventanas con gruesos dinteles de pino oregón, aparece repentinamente la silueta de una mujer joven, alta, de pelo rubio y con paso firme, que saluda amigablemente.
No hay tiempo que perder, porque la apretada agenda señala con horarios las reuniones y compromisos que debe atender el resto del día. Un rasgo positivo que, sin duda, la representa es el no parar de hacer cosas y de su proactividad. Sin embargo, esta misma inquietud, cuando era niña le generó un sin número de problemas, y el cambio de colegio en varias oportunidades. "Me detectaron déficit atencional con hiperactividad, por lo tanto, no era el modelo de alumna privilegiada. Mi madre tenía que ir en pleno mayo o junio a buscar dónde podían aceptar a esta niña demasiado inquieta", señala, encogiendo los hombros con una sonrisa en sus ojos azules.
¿Eras muy conversadora?
No solo conversadora, me distraía mucho. Siempre estaba imaginando hacer otras cosas y, por lo tanto, no podía seguir el plan de trabajo que la profesora trataba de transmitirme. Pero siempre tuve cualidades más bien de relacionadora pública; si me daban alguna función determinada, como actividades del colegio o día del alumno, yo participaba en todo.
¿Qué te quedó de esa época?
Darme cuenta del tremendo apoyo recibido por mi familia. Porque si no hubiesen creído en mí, yo no hubiese llegado donde estoy. Porque cuando un niño tiene problemas de déficit atencional, cuando un niño no encaja en el niño aplicado, sentado y que es entendible, si no cuenta con una autoestima gigante... puede quedar dañado. El niño es como esponjita: o lo haces ser una persona muy grande, capaz de superar ciertas presiones y limitaciones, o le cambias la vida. Por eso es fundamental tener modelos significativos en la casa, que te transmitan seguridad y que te contengan cuando en el colegio te están diciendo que no sirves para nada, porque me pasó... Escuchar frases del tipo "usted no va a llegar a ningún lado en la vida"
Qué terribles son esas frases...
Terribles, muy fuertes para un niño. Y te presionan el pecho. Por eso, los adultos a cargo de los niños deben tener cuidado en cómo se expresan. Aquí está en juego la autoestima. Hay cosas que van más allá de los números, de las notas y tiene que ver con cómo uno se siente seguro y pisando firme. Solo con tener autoestima, se te abren las puertas en la vida. Pero llevada con humildad, no con soberbia.
¿Y qué te hizo elegir una carrera como la psicología?
Yo estaba en el plan de biología en el colegio porque me gustaba y me llamaba la atención. Pero, además, buscaba algo que tuviera relación con el comportamiento humano y pensé en siquiatría; de hecho, el tema médico siempre me ha apasionado, pero yo necesitaba cierto puntaje, y busqué algo similar y entonces apareció sicología como una buena opción. Y me encantó. Siempre traté de entender por qué me comportaba yo así de chica (risas). Creo que la mayoría de los sicólogos entramos a la carrera con la búsqueda de entender, explicar y darle sentido a muchas cosas de uno mismo. Y dicen también por ahí, qué difícil es andar con este chip de estar analizando todas las situaciones... y eso es verdad.
¿Realmente lo analizas todo?
Hay muchas veces que sería mejor no entender o no saber, pero no somos máquinas, aunque sí podemos ser íntegros. Mientras más conocimientos tengas vas entendiendo más cosas. Eso me ha permitido tener mucha capacidad de dejar de lado disposiciones y entender qué es lo que está pasando en la otra persona para que actúe de tal manera. Y eso me ha jugado a favor en el ámbito laboral, sobre todo con el tema de los equipos de trabajo.
¿Te ha ayudado la sicología en los distintos trabajos que has tenido?
Sí, mucho. No sólo en el ámbito clínico, sino también en los desarrollados en el servicio público. Así sabes cómo llegar a las personas, entenderlas, en qué equipos de trabajo pueden estar, liderazgo y gestión. Me gusta el tema.
Antes de llegar a SERNAM, ¿con qué trabajo te has sentido más cómoda?
Haciendo capacitación. Esto ha sido un mundo que me ha permitido plasmar todo lo que uno aprende en sicología. Ves factores transversales; motivaciones, necesidades de las personas... a partir de esos aspectos básicos puedes ir moldeando tu ámbito de acción. El gran compromiso con la capacitación es que estás enseñando y aparece una energía colectiva que es muy enriquecedora.
¿Cómo fue el proceso para entrar al SERNAM?
Sabía que el SERNAM iba a necesitar a alguien. Yo me interesé y empecé a movilizarme, presenté mi curriculum. Y seguí todo el proceso hasta que quedé en una terna. Fui a la reunión técnica y después tuve que pasar el examen sicológico (risas).
Pero en eso no podía haber problemas...
No creas, igual me puse nerviosa, claro, porque yo siempre lo he dicho, qué tremendo que te analicen... y me tocó un día miércoles con una sicóloga y me aplicó todas las pruebas habidas y por haber, pero fueron pruebas totalmente diferentes, fueron súper hábiles, yo hubiera hecho lo mismo. Me hicieron pruebas que no puedes manejar muy bien. Especialmente las gráficas. Temas de tu letra, de tu firma, de los dibujos porque son tus trazos, tienen que ver con un proceso neurológico, psicomotor que es muy difícil de manejar, a diferencia de los otros test que yo manejo y conozco bien. Ahora uno tiene que entender que no es que sea mejor o peor en estas evaluaciones, sino más bien si se ajusta al cargo y sus exigencias. Y me pareció que soy la persona que se acercó más a esas características que se requerían en el cargo y, bueno, aquí estoy.
Es un gran desafío...
Sí, es un desafío grande y me siento cómoda.
SELLO PERSONAL
A los treinta y tres años de Francesca, se suman a su profesión un postítulo en mediación y diplomados de responsabilidad penal adolescente y en terapia familiar sistémica. También trabajó como jefa de Barrio del programa de Recuperación de Barrios del Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Perteneció al equipo técnico de la DAEM de la Municipalidad de Coquimbo, ha realizado asesorías y hace más de un año se independizó formando su propia empresa con un equipo técnico de capacitación, donde se desempeñaba realizando consultorías en investigaciones sicosociales a nivel regional y asesorías en la Gobernación de Huasco.
Al asumir el cargo en la dirección regional del Servicio Nacional de la Mujer tuvo que separar aguas con el mundo privado, para volver a esa vocación que ha sido para ella el ámbito del servicio público.
¿Cuál va a ser tu sello, tu línea?
Mi primer sello va ser trabajar en casa. Es decir, con mi equipo regional. Creo que una de las cosas más importantes para que funcione lo de afuera es que lo de adentro esté bien constituido. Crear un programa, una planificación en la que estamos trabajando últimamente. Soy de mucho terreno, me encanta andar por todos lados y ya empezamos los viajes más extensos a nivel regional. Hemos ido a Illapel, Los Vilos y nos queda mucho por recorrer.
¿Y lo segundo en este ámbito?
Lo segundo va a ser dignificar. Transmitir que las mujeres podemos, ser congruente con el cargo. Si estoy de directora del SERNAM, tengo que transmitir y apoyar como autoridad lo que yo quisiera para mí. Y eso tiene que ver con generar todas las instancias, gestiones, alianzas y posibilidades que hay a mi alcance para poder trabajar con la prevención.
¿Qué es lo nuevo?
Mira, el programa VIF que tiene que ver con la violencia intrafamiliar, ya tiene su trayectoria, está instalado y, por lo tanto, está fortalecido. Pero ahora vienen un montón de programas que tienen que ver con la autonomía económica. Esto no significa tener más plata, sino tener la independencia mental. Es decir, la mujer ahora podrá tener la capacidad de administrar sus recursos, ya sea para darse un gusto, cumplir un compromiso o destinarlo a lo que ella decida.
Es lograr una independencia económica...
Exactamente, pero no para alejarse de su pareja, sino para contribuir a una autonomía que es necesaria. Es que la libertad humana es necesaria. Porque cuando la mujer depende económicamente del esposo o la pareja, y éste abusa de este poder, ella se somete a esta dependencia sin atreverse a romper el círculo. Por eso queremos contribuir a que la mujer pueda pararse y conocer sus derechos. No tiene que ver con cómo administrar lo que ganas, sino cómo te enfrentas a la vida.
¿Cómo piensan fortalecer eso?
Hay bastantes programas que se están instalando como en "Mujeres trabajadoras y jefas de hogar", allí se les realizan capacitaciones y se les entregan todas las herramientas para su inserción laboral. Viene el programa sobre las buenas prácticas laborales, porque también tenemos que trabajar con las empresas donde tiene que haber el equilibrio de igualdad de género. Está también el programa 4/7 que permite dar apoyo a las madres que están trabajando y que tienen niños pequeños, se les da la posibilidad de dejarlos a buen cuidado desde las cuatro a las siete de la tarde. De allí su nombre.
Y están los temas de emprendimiento.
Exacto. Queremos ayudar a que la mujer se introduzca en estos temas para que se transforme en una colaboradora para la empresa, o para el mundo privado y público. Queremos que se vea fortalecida, segura, para entrar firme a trabajar. Y en eso estoy, empezando con ánimo y optimismo.