Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2011

“Mi lenguaje es la música”

Christina Rosenvinge
“Mi lenguaje es la música”

El ícono de la música pop española de los noventa estuvo de gira por este lado del mundo, promocionando su último disco La joven Dolores. Hiperrealista, rubia, seductora. Se subió a todos los escenarios que la estaban esperando con sus acordes poéticos, demostrando que está pasando por un momento genial, lleno de ideas, letras y ganas. En exclusiva para Tell Magazine, la cantante de los Mil pedazos, habló de por qué volvió a cantar en español, de los programas caza talentos tipo American Idol, de su postura frente a los derechos de autor y del sello femenino que falta en la industria de la música.

Por Macarena Ríos R.

Su voz es suave, muy suave, y al mismo tiempo se siente fuerte, cálida e intensa. Sus letras sensibles y hechas de piel, todavía rompen el aire y llenan absolutamente todos los rincones. Da lo mismo si es en un auditorio, un teatro o un estadio. Lentamente va cantando, va susurrando canciones llenas de melancolía, canciones intimistas y cercanas. Imposible no escucharla, imposible no soñar con sus historias, sus agobios, sus memorias. Imposible no dejar de compartirla en esta entrevista.

Vayamos por parte. Para conocer a Christina, primero debemos saber algo de su historia. Saber, por ejemplo, que es hija de padre danés y madre inglesa, que primero quiso ser bailarina y que sólo a los veinticinco años descubrió que era buena para componer canciones. Saber también que prefiere cantar con un público pequeño, donde pueda ver las caras de la gente, que escribir es su manera de ser feliz, que para ella las relaciones entre músicos suelen ser muy limpias y <em>naif</em> y que el orden de las canciones importa muchísimo, "la primera canción tiene que ser tu declaración de intenciones".

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TODO HISTORIAS

Chile la conoció, en 1991, gracias a su álbum <em>Que me parta un rayo,</em> que popularizó con su banda de entonces, Los Subterráneos, y se convirtió en todo un fenómeno, conquistando las radioemisoras con <em>singles</em> que se escuchan hasta el día de hoy como <em>Mil pedazos</em>, <em>Tu por mí, Pálido</em> o <em>Voy en un coche</em>. Su paso por el Festival de Viña, en 1994, hizo que su figura brillara en versión <em>pop</em> y un nuevo álbum con la banda vio la luz: <em>Mi pequeño animal</em>. Luego de la disolución de la banda, Christina continuó haciendo música en solitario: <em>Cerrado</em> (1997), <em>Flores raras</em> (1998). Su estadía de seis años en Nueva York la llevaron a cantar en inglés, donde lanzó la trilogía <em>Frozen Pool</em> (2001), <em>Foreign Land</em> (2002) y <em>Continental 62</em> (2006). Luego de esos años de vida neoyorkina, la artista madrileña enfrentó una transformación musical y personal al separarse de su pareja, el escritor y cineasta Ray Loriga. Luego, ya de vuelta en su tierra natal, le seguirían <em>Verano fatal</em> (2006) y <em>Tu labio superior</em> (2008).

<strong>Se ha dicho que eres una cantautora muy influyente en España... ¿a qué le cantas?</strong><br /> Mis canciones son una reflexión personal, que, aunque parten desde mi experiencia, son resultantes de un sentir general. Las letras que escribo vienen muchas veces de mi propia experiencia, pero a partir de ahí se convierten en algo por sí mismo. No escribo algo que sea totalmente personal, sino que la pueda compartir con otros que tienen las mismas experiencias. Una canción habla de todos, de lo particular y de lo general. Resumiendo: a todos nos duele en el mismo sitio.

<strong>Tus letras son bien profundas y conmovedoras, si no hubieras sido cantante ¿hubieras sido escritora?</strong><br /> Me hubiera encantado ser escritora, pero lo cierto es que la música es mi lenguaje. La verdad es que escribir las letras de mis canciones es la bandera del trabajo que yo hago, donde llego más lejos.

<strong>¿De dónde surge tu inspiración?</strong><br /> Viene de todos lados, yo siempre estoy escribiendo ¿sabes?; las ideas surgen de cualquier lado y luego les voy dando forma, pero desde luego casi nunca las escribo en un arrebato, siempre es algo de días y semanas acabar una letra. Incluso la letra más aparentemente simple tiene mucho trabajo detrás y bastante reflexión. Muchas veces lo más sencillo es lo que más trabajo da.

<strong>¿Cuál es la canción que más te identifica en este disco?</strong><br /> Es difícil de decir, siento que en cada momento es una distinta. En este disco, <em>Canción del eco</em> es importantísima para mí, aunque es una adaptación basada en la mitológica historia de la ninfa Eco y su amado Narciso, pero es una letra que la siento fuerte; de hecho, fue la primera letra que hice de este disco y siento que gracias a ella di con la piedra filosofal de lo que sería este álbum. Pero también esta <em>Debut</em>, que es una canción ligera, un poco surrealista ¿sabes?, con una letra que me gusta muchísimo y con la que me identifico especialmente. Es que dependiendo del momento del día uno necesita algo más profundo o más ligero.

<strong>La revista <em>The Rolling Stone</em> calificó tu último disco como "la primera joya musical del año" ¿cuánto tiempo le dedicaste a <em>La joven Dolores</em>?</strong><br /> En escribirlo, un año y medio, tal vez un poco más, y en grabarlo aproximadamente dos semanas.

<strong>El nombre de este nuevo disco viene de un pequeño barco de madera que transporta pasajeros y mercancías entre las islas Formentera e Ibiza, ¿fue un retiro forzoso?, ¿fue allí donde concebiste a <em>La joven Dolores</em>?</strong>

La verdad es que ahí escribí varias de las canciones que dieron lugar al disco, pero también paso muchas horas encerrada en casa para escribirlas. Cuando estoy de viaje siempre apunto ideas y melodías, pero para acabarlo lo hago en casa. Con los años, cada vez me he ido volviendo más perfeccionista, lo grabo todo y le doy muchas vueltas. Hasta que doy una canción por buena pasa mucho tiempo.

<strong>Y cuando recibes colaboración de otros músicos, ¿esa misma música va mutando?</strong><br /> La forma más bonita de la música es que es algo vivo, que cada vez que la tocas vuelve a vivir y toma una forma distinta cada vez y en cada escenario con cada público, se vuelve a transformar. Es algo mágico porque afecta todos los factores exteriores e interiores: cómo estás tú, lo que ha pasado ese día, cómo es el lugar, el clima, cómo está el público; sabes, hay tantos factores distintos que es un trabajo que no se termina nunca, que siempre se está reinventando.

<strong>Y hablando del público, ¿alguna gira inolvidable?</strong><br /> Por un motivo o por otro, todas lo son. La verdad es que siempre hay algo especialmente bonito en cada actuación.

<strong>¿Qué sientes en tus conciertos, cuando estás parada en el escenario escuchando cómo corean tus canciones?</strong><br /> Lo que sientes es algo muy hermoso y es como que la canción ya no es tuya, sino que es suya. Es muy bonito, porque ellos la cantan y en cierta forma te la devuelven. Es increíble el darse cuenta que después de años la gente sigue llevando las canciones en su corazón y que no las olvidan, que no olvidan las letras ni las melodías.

<strong>¿Y qué queda de la Christina de los <em>Mil pedazos</em>?</strong><br /> Todo, lo único que he hecho ha sido aprender más, hacerlo mejor, pero todo lo que había en esa época sigue estando aquí.

<strong>¿Qué opinas de los programas caza talentos como <em>American Idol</em> o los nacionales <em>Factor X</em>, <em>Yo soy</em> y <em>Mi nombre es</em>?</strong><br /> Creo que esos son concursos que buscan, sobre todo, intérpretes. Me temo que sólo se quedan en la parte superficial de la música ¿sabes? No me imagino a Violeta Parra ganando un concurso de esos. La música nace de sitios muy importantes y muy profundos del alma. No puedes ir a un concurso a cantar canciones de otra gente, porque al final lo que se busca es la interpretación. Yo creo que la música que trasciende y que se recuerda años después se hace artesanalmente, en la intimidad, para luego compartirla con los demás, esa música tiene generosidad, pero no hay exhibicionismo.

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<strong>¿Tienes algún grupo favorito?</strong><br /> Yo he descubierto ahora alguna música chilena muy interesante, como por ejemplo Francisca Valenzuela, Javiera Mena y Fernando Milagros, que estuvo tocando en Santiago antes de que yo saliera al escenario y fue algo realmente digno de oír. De las veces que he venido a Chile, pienso que ahora hay una generación con mucha fuerza y que hay que escucharla.

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<strong>¿Y qué le dirías a esa generación que está luchando por entregar cosas nuevas?</strong><br /> Que no se dejen influenciar por el negocio, sino que mantengan su honestidad, que al final es lo más importante.

<strong>¿En qué idioma te gusta cantar más, inglés o español?</strong><br /> En español, a la hora de escribir letras el español me resulta mucho más natural. Pienso que las canciones toman sus propias decisiones y uno no tiene más que seguirlas, deciden si quieren vestirse de noche o de sport, yo sólo soy una antena.

<strong>El disco <em>Mi labio superior</em> fue todo un redescubrimiento...  ¿por qué volviste al español?</strong><br /> Volví al español porque, luego de una etapa viviendo en Estados Unidos, regresé a España y de repente me encontré en una gira cantando canciones en inglés y lo encontré absurdo, ¡cantar en inglés delante de gente con la que hablaba en español! Entonces ahí, sobre la marcha, empecé a escribir canciones en español y justo en ese momento surgió la posibilidad de hacer un disco con Nacho Vegas. Yo creo que por el hecho de haber escrito durante tanto tiempo letras en inglés se me había refrescado el idioma español.

<strong>¿Te sientes en tu mejor momento?</strong><br /> Sí, yo creo que estoy en un momento increíblemente fructífero.

<strong>¿Cuál es tu postura respecto de los derechos de autor? Con internet cualquiera puede bajar música y gratis...</strong><br /> Es complejo ¿sabes? Pues creo que, a pesar de que internet es una herramienta, hay muchas grandes empresas que están lucrando: buscadores, compañías telefónicas y creo que son esas mismas compañías las que tienen que reinvertir en cultura. Mis hijos comen gracias a mis derechos de autor. Las compañías de disco han tenido una gestión más bien oscura y han reaccionado muy tarde a todo esto. Espero que, en un futuro, todo el mundo se pueda sentar a la mesa y llegar a un acuerdo.

<strong>¿Cómo fue tu reencuentro con el público chileno?</strong><br /> Muy emocionante, muy lindo, además que me sorprendió que hay toda una generación veinteañera que sigue mi música.

<strong>¿Escribir para ti es una terapia?</strong><br /> Más que una terapia es una necesidad, es algo que sale naturalmente y que es mi manera de ser feliz.

<strong>¿Y si tus hijos (</strong><strong>Willen y Kay) </strong><strong>siguieran el mismo camino?</strong><br /> Pues yo feliz. Creo que esta es la mejor profesión del mundo.

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