Esta mujer de mirada dulce contagia una tranquilidad a prueba de fuego. Con una vocación maternal que se puede escribir en mayúsculas, los últimos dieciocho años de su vida los ha dedicado a su prolífica familia: ocho hijos y un noveno que viene en camino. En el mes dedicado a las madres, quisimos conocer de cerca su experiencia y sus impresiones sobre el rol que eligió y que le encanta vivir.
Por Laura Valdés P / Fotografías Philip Southern A.
Un poco adelantados en la hora de la entrevista, nos encontrábamos esperando a María Cecilia cuando de pronto, en una esquina, vemos doblar un furgón gris que se estaciona con precisión frente a nosotros. Automáticamente se abren las puertas y empiezan a descender niños y niñas de todas las edades vistiendo el buzo del Colegio Inglés. No, no era un transporte escolar, simplemente los ocupantes eran los integrantes de la familia Lavín- Izquierdo que llegaban como cualquier día a su casa.
Un poco más atrás y dejando cerradas las puertas del vehículo, se acerca una mujer de ojos azules que nos da la bienvenida y nos hace pasar a una casa en la que ya están deambulando sus cinco hijas y tres hijos en edades que fluctúan entre los diecisiete y tres años de edad. El más pequeño, Ignacio, aparece restregándose un ojo y con cara de sueño. Casi por inercia levanta las manitos para ser tomado en brazos por esta mamá que ganó su título como tal a los veintidós años.
<strong>¿Siempre pensaste tener una familia numerosa, o fue algo que se dio?</strong><br /> Por mi lado familiar somos trece hermanos y por el de mi marido son siete. No fue planificado y tampoco es que pensáramos que por venir de núcleos familiares grandes nosotros queríamos seguir el mismo camino. Simplemente se dio. Salió un conchito y luego este gordo exquisito que tengo aquí (indica al menor) y bueno este otro que me encuentro esperando y que ya va en los cuatro meses... (sonríe), como ambos venimos de grandes familias, la verdad, es que estamos acostumbrados.
<strong>Lo ven como algo normal...</strong><br /> Si. Yo tengo un hermano que tiene nueve hijos y otro tiene ocho. En nuestra familia hay un montón de primos, sobrinos... imagínate que hay como sesenta nietos. Mis papás están chochos. Todos se juntan en verano y los fines de semana en Santiago.
<strong>¿Hace cuanto que llegaron a La Serena?</strong><br /> Llegamos de Santiago hace quince años por el trabajo de mi marido. En ese entonces teníamos a los dos mayores chiquititos, de un año y medio y de seis meses respectivamente. Pero, con todo el tiempo transcurrido, ahora nos consideramos de acá. Y te puedo decir que nos quedamos definitivamente. Estamos felices.
<strong>¿Les gusta la calidad de vida?</strong><br /> Sí. En La Serena se puede hacer vida en familia, es tranquilo. Yo veo cómo mis hermanos corren de allá para acá. Sólo para ir al colegio en Santiago tardas una hora y aquí... tú viste, siete minutos. Considero que en esta ciudad existe calidad de vida, está todo más cerca, además tenemos la playa. En fin, si hay que ir de paseo a algún lado no tienes que pensar mucho donde salir, pues todo está a la mano.
<strong>¿Cuáles son las ventajas de tener una familia grande?</strong><br /> Los niños son más generosos. Aunque no se note de repente, igual piensan en quien está al lado. No tienen tanta propiedad de las cosas. Se aprende a compartir. Por ejemplo en esta casa no existe una pieza para cada uno. Ellos deben compartir de a dos o tres las habitaciones y si existen algunas diferencias, tienen que aprender a avenirse no más. Aquí cada uno tiene su personalidad, sus gustos, pero tienen que respetarse unos a otros. Hay veces que cuesta y uno tiene que repetirlo mil veces, pero pienso que a la larga se logra. Al menos con nosotros lo lograron.
<strong>Me imagino que los más grandes te ayudan un poco con las pequeños...</strong><br /> Claro. Los mayores son de gran ayuda. Ahora me voy de viaje y me da una pena dejarlos, pero sé que no va a ver ningún problema. Tengo absoluta confianza en los cuatro grandes. Sé que se manejan súper bien hasta con un niño enfermo, con alguna caída. Y los chicos igual son regalones pero cooperan también. Estoy súper agradecida de ellos y no puedo no dejar de reconocer esa parte.
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<strong>FAMILIA NUMEROSA</strong>
María Cecilia continúa hablando mientras todos sus hijos se encuentran presentes en la entrevista y pese a tan numeroso público, ni se notan. Los más grandes; María Cecilia (17), Javier (15), María Jesús (14) y Sofía (13) permanecen sentados cerca en el mismo salón. En tanto, Joaquín (11) queda a unos pasos apoyado en la pared, mientras escucha atento lo que va contando su mamá. Josefa (9), Gracia (7) e Ignacio (3) son quienes tienen todavía ese cordón umbilical invisible que los hace estar literalmente encima de su progenitora. Nadie interrumpe, salvo algunas risas apenas contenidas cuando escuchan contar alguna anécdota familiar.
<strong>¿Se te ha perdido alguno?</strong><br /> Sí. Se me han quedado a veces en alguna casa. Me ha pasado que voy a buscarlos a un cumpleaños y mientras van subiendo, no falta quien se me ha bajado y devuelto sin darme cuenta. O en el supermercado. Aunque nunca han pasado más de diez minutos, porque se van a mirar algo... pero no soy neurótica, quizás demasiado relajada para algunos. Pero si se me llegara a perder uno mucho rato igual me daría nervio, como la vez que uno se perdió en la playa durante tres horas y yo no paraba de llorar.
Se escucha una risotada y el culpable asoma su cara chispeante mientras se balancea en la pared... Su mamá lo acusa. "Exacto, es ese que se está riendo, pero era muy chico, tenía dos años. Yo lloraba y me puse muy nerviosa. Por suerte él no se acuerda, pero para mí fue dramático".
<strong>¿Y dónde estaba?</strong><br /> Caminó desde El Reina Sofía hasta el Faro por la playa. Se perdió y siguió caminando hasta que lo encontró una señora que hace trencitas... y ahí lo recuperé, pero fue realmente angustiante.
<strong>¿Han tenido algún accidente?</strong><br /> Hemos tenido accidentes graves también. Una de las niñas se cayó a la piscina cuando tenía dos años también. Y ahí me la dieron por muerta. Igual fue un milagrito que tuvimos, porque hasta el día de hoy lo que pasó no tiene explicación. Hemos vivido cosas fuertes, pero siempre nos hemos mantenido muy unidos, todos. Mi marido es más fuerte que yo todavía, él no cae con nada. Tuvimos una guagüita exquisita y que alcanzó a vivir cinco meses.
<strong>¿Qué pasó?</strong><br /> Ella nació con una trisomía. Siempre supimos que en algún minuto nos iba a dejar, pero nadie está preparado cuando llega el momento. Es nuestro angelito, vivió con nosotros y la consideramos dentro de la familia, nunca nos vamos a olvidar de ella y siempre la nombramos. Nosotros somos bien católicos y sabemos que está en el cielo.
<strong>¿Cómo te sientes como mamá?</strong><br /> ¡Ay!.... (ríe) es que yo adoro a mis niños. Me siento orgullosa, me encanta que todo el mundo sepa que yo tengo ocho niños, que tengo un marido maravilloso, porque sin él no los tendría.
<strong>¿Y cuentas con su apoyo?</strong><br /> Total, cien por ciento. Siempre dicen que la mamá se lleva la mayor parte. No, aquí con Javier cada uno aporta con el cincuenta por ciento. Siempre ha sido así.
<strong>Me imagino que ahora más, que ya viene otro integrante a la familia. ¿Saben que va a ser?</strong><br /> No, no me gusta saber. Yo siempre digo que viene un regalo y que hay que abrirlo a la hora que tiene que ser. Si no, es como abrirlo antes de tiempo. A mí me gusta que sea todo sorpresa: si es rubio o moreno, si tiene los ojos azules o café, si es hombre o mujer... todo viene incluido y bienvenido con lo que venga también.
<strong>Todos son distintos...</strong><br /> Cada uno es diferente. A uno le interesa el rugby a otro el fútbol, a una la gimnasia y hay quienes les gusta leer y a otros les carga. Pero eso es lo rico, imagínate que todos fueran iguales, sería fome.
<strong>¿Y cómo lo haces?</strong><br /> Es que estoy tan acostumbrada. Además los niños no llegan todos juntos. Van llegando de a uno. Ahora quien haya tenido sextillizos, no sé como lo hace, pero en mi caso ha sido paulatino, una se va acomodando y no significa ninguna carga. Jamás.
Mantener una rutina diaria, horarios y ciertas normas es clave para la convivencia familiar. En la semana nadie permanece despierto más allá de las nueve de la noche y generalmente todos cooperan. Lo más difícil que confiesa María Cecilia de tener una familia numerosa es pasarse el día manejando, hacer magia con los horarios y ordenar academias, clases, salidas donde el amiguito... Pero en todo lo demás es feliz.
Dice sentirse contenta con su familia, con su marido y cómo han ido creciendo los niños. Nos cuenta que horas después que terminemos esta entrevista tomará por primera vez un avión con cuatro de sus hermanas y se irá de vacaciones veinte días sin hijos y sin marido. "Estoy un poquito nerviosa, pero quiero ser positiva y pensar que lo voy a pasar regio" señala. Es un tiempo que toda mujer debe tomarse alguna vez. Confía plenamente en la capacidad de su familia y nos adelanta contenta "No quiero nunca perder esta alegría. Me gusta mirar el lado bueno de las cosas, y aunque sé que hay lados malos, el bueno siempre gana".
<strong><em> "Aquí cada uno tiene su personalidad, sus gustos, pero tienen que respetarse unos a otros. Hay veces que cuesta y uno tiene que repetirlo mil veces, pero pienso que a la larga se logra".</em></strong>
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