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EDICIÓN | Mayo 2011

Naves de colección

Mario Álvarez, artesano
Naves de colección

Nació en el puerto de Coquimbo hace ochenta y tres años. Se enamoró del mar a temprana edad y apenas con ocho años empezó como un juego a hacer barcos en miniatura. Con las vueltas del destino y después de sobrevivir al naufragio del Buque Escuela Lautaro, volcó su pasión en reproducir a escala naves de distintas banderas. Hoy tiene pedidos de diferentes ciudades de Chile y el mundo y además prepara un envío especial de buques para el Museo de la Moneda.

Por Laura Valdés P. / fotografías Philip Southern A.

Para llegar a la casa de don Mario hay que subir por unas empinadas escaleras blancas del Barrio Inglés de Coquimbo. Justo frente al puerto, con el azul del mar de fondo y gaviotas surcando el cielo transparente del día, nos abre la puerta de su casa este ex marino, quien se declara enamorado del océano y especialmente de las embarcaciones que lo navegan. Alto, vital y de sonrisa afable. Cuesta creer que tenga los ochenta y tres años que declara, mientras nos hace entrar a su refugio. Caminamos por un pasillo y subimos más escaleras hasta llegar a su taller que domina una de las mejores vistas de la bahía de Coquimbo.

Allí, diseminadas por las mesas y estantes, se encuentran réplicas exactas de naves y buques. Algunas a medio terminar, otras listas y guardadas en sus vitrinas esperando ser enviadas a sus destinos. Hay planos, fotografías, pinturas y diversos materiales que sirven para dar forma a las embarcaciones. "Todo, absolutamente todo se hace a mano, incluidas las metralletas, los puentes, los cañones y botes... incluso en las naves más grandes se ponen hasta las bisagras de las puertas", señala orgulloso Mario, quien nos pasa una lupa para corroborar lo que dice.

Al acercarnos, nuestra vista puede confirmar la gran cantidad de detalles que poseen las naves. Incluso hay cuerdas minuciosamente enrolladas en la proa, tal y como muestra una fotografía del original que se trabajó.

<strong>¿Cuándo empezó a dedicarse a este oficio?</strong><br /> El año 1950, de forma más seria. Antes, desde muy chico siempre me gustaba sentarme a hacer barcos y jugar con ellos. Con los amigos de la niñez acostumbrábamos a memorizar los nombres y tipos de embarcaciones que llegaban al puerto y competíamos para ver quién sabía más.

<strong>¿Cuál es el modelo más solicitado?</strong><br /> Sin duda la Esmeralda. En distintas escalas ha sido la que más piden. De hecho, desde 1960 hasta hoy, el Buque Escuela me pide todos los años para el mes de mayo que le envíe varias réplicas. También los marinos me encargan los buques donde navegaron, así mientras exista la Esmeralda y tripulantes no creo que me falte trabajo (ríe).

<strong>Pero usted trabaja varias escalas...</strong><br /> Sí, pero soy el único que trabaja la 1/400 que es la más pequeña. Nada se puede comparar con este trabajo. Se realiza con lupas, con mucho cuidado, mirando los planos, porque sin ellos no se pueden hacer. En ese sentido soy muy prolijo con los detalles.

<strong>¿Cuánto tarda en hacer un trabajo?</strong><br /> Depende del tamaño y del modelo. Pero lo mínimo, por ejemplo para una escala más pequeña, es un mes. Los buques de mayor envergadura pueden tardar tres meses.

<strong>Entonces hay que pedirlo con anticipación...</strong><br /> Sí. Tenemos varios pedidos y hay clientes que no tienen mayor apuro. Por la carga de trabajo es que, desde hace algunos años, mi hijo Mario me acompaña en esta empresa que se ha convertido en un negocio familiar.

<strong>¿Desde qué partes les encargan trabajos?</strong><br /> De todas las regiones de Chile y también del extranjero. Ahora, con el terremoto del año pasado, recibimos varias naves que hay que reparar. Pero algunas están tan dañadas que es mejor hacerlas de nuevo y eso toma tiempo.

Nos muestra cajas y vitrinas con las embarcaciones que le han llegado. Llaman la atención algunas que han sido regalos para presidentes de la república, a las que se les ha añadido, en una placa, el nombre del destinatario. Se encoje de hombros mientras sonríe, pues sabe que su trabajo es reconocido en Chile. Nos conduce a una bodega donde guarda un encargo especial: las réplicas exactas de los buques actuales de la Armada de Chile. Las mira orgulloso y no puede reprimir su satisfacción: "Estas ocuparán un sitio en el Museo de la Moneda".

<strong>Usted también fue marino...</strong><br /> ¡Claro!, yo apenas pude me fui a Valparaíso y me embarqué en el Buque Escuela Lautaro y fui uno de los sobrevivientes al naufragio del 28 de febrero de 1945.

<strong>¿Cuántos años tenía?</strong><br /> Tan sólo diecisiete. Fuimos muy pocos los que alcanzamos los botes y debimos permanecer largas horas en el mar hasta que nos rescataran.

<strong> </strong>

<strong>SOBREVIVIENTE</strong>

La fragata Lautaro fue el segundo Buque Escuela de la Armada de Chile y vino a reemplazar a la corbeta General Baquedano. Donada por Alemania, el gobierno chileno de Juan Antonio Ríos transfirió entonces la embarcación  Priwall a la Armada y la destinó a la instrucción práctica de guardiamarinas y grumetes, pero a la vez al transporte de salitre al extranjero para compensar la carencia de barcos de carga. El 28 de febrero de 1945, la fragata Lautaro realizaba su quinto crucero cuando, frente a las costas peruanas, estalló un incendio en sus bodegas llenas de salitre que produjo su destrucción total, el hundimiento del buque y numerosos muertos. Don Mario recuerda todo con detalle y muestra, entre sus recuerdos, fotografías originales del barco y una donde se encuentra  con el uniforme el día que conmemoraron a sus compañeros en Valparaíso.

<strong>¿Hizo alguna vez una réplica de su fragata?</strong><br /> Sí. Era una nave hermosa, Con muchas velas. Curiosamente, nunca guardé una réplica para mí. Pero la llevo aquí (muestra su corazón), al igual que cada nave que he construido en estos sesenta años... con tanta dedicación y esfuerzo uno les toma cariño.

<strong><em> "Todo, absolutamente todo se hace a mano, incluidas las metralletas, los puentes, los cañones y botes... incluso en las naves más grandes se ponen hasta las bisagras de las puertas".</em></strong>

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