Desde los remotos tiempos de nuestra humanidad, ha existido una tendencia espontánea de ciertos sujetos para transgredir los tabúes, luego, infringir las normas consuetudinarias y, posteriormente, incumplir las leyes y sistemas judiciales, cada vez más complejos e ininteligibles para aplicar la ley.
Independientemente de todas las teorías, doctrinas y fundamentos filosóficos y jurídicos que han pavimentado la carretera del crimen y su castigo, han sido necesarios los lugares de reclusión para los delincuentes: la cárcel y presidio.
La ciudad de La Serena no tuvo una cárcel acorde a su condición de capital regional sino hasta fines del siglo XVIII, cuando fue capaz de financiar los edificios del cabildo y un recinto que albergara a los infractores a la ley. El paso del tiempo, más de un siglo, provocó el deterioro del recinto y los presos no tenían mayores dificultades para fugarse, facilitado por el escaso número de vigilantes que no eran más de catorce para toda la jurisdicción, carentes de armas, presupuesto y cabalgaduras para perseguir a los criminales. Así, era más fácil y barato para los alguaciles republicanos mantener a los reos en los famosos cepos.
La Guerra del Pacífico y la riqueza salitrera proporcionarán los recursos necesarios para contratar personal, entregarles el armamento necesario e iniciar un plan de edificaciones penitenciarias desde 1890 en adelante. El Ministerio de Industria y Obras Públicas, a través de su Oficina de Arquitectura, asumirá un triple desafío social: planificar y construir los edificios de la Salud Pública: hospitales y dispensarios. En educación, la construcción de Escuelas Primarias, los Liceos de Hombres y Mujeres y Técnico Profesionales de Mujeres, las Escuelas Normales de Preceptoras y, en Seguridad Pública, la construcción de Cárceles Presidios, simultáneamente en la ciudad de Chillán, puerto de Valparaíso y La Serena.
La creación de los Proyectos y Planos de Arquitectura, se desarrollan en el ministerio, los estudios de financiación se realizan bajo la modalidad de licitación pública y con presupuestos acotados a una cantidad anual que permitiera la continuidad de la construcción por etapas. Este mecanismo dilatará por varios años la conclusión de los edificios e incluso, en La Serena, el abandono de las obras de la Escuela Normal y de la Cárcel Presidio, llevará a la demolición de la primera etapa, por carencia de presupuesto anual.
Entre los años 1889 y 1892, el gobierno dicta los decretos para el financiamiento y ejecución de las obras y se adjuntan los decretos del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública conformados entre 1886 a 1887. La licitación es efectuada en Santiago en 1896, siendo adjudicada a los constructores don Jorge Astaburuaga y don Ricardo Villavicencio “para terminar el conjunto de celdas, la parte central de la administración del edificio y la construcción de la Rotunda Central de la cárcel y presidio de La Serena”. La inversión es de $80.000 y el plazo para su terminación es de doce meses. Los contratistas pagarán una multa de $31,00 pesos por día de atraso, más cuatro boletas de garantía. La edificación será de acuerdo al plano arquitectónico de la Dirección de Arquitectura de Santiago: señor Palma, arquitecto jefe; Enrique Torres, arquitecto ayudante, y Carlos Domínguez. Hoy, la seguridad pública del siglo XX perdurará en la salud pública del siglo XXI.