Villains (2017) es el más discreto entre siete álbumes, pero no alcanza a oxidar el brillo de la discografía de Queens of the stone age. El proyecto que el guitarrista y cantante Josh Homme (44) montó hace veinte años de las cenizas de Kyuss, padres del rock desértico californiano, regresa al Movistar Arena este 21 de febrero y sucede en el momento más frágil y controversial de su historia. El líder se ha convertido en un villano luego de patear la cámara de una fotógrafa que lo retrataba en vivo en Los Angeles en diciembre. El aparato golpeó en el ojo a la profesional. Las disculpas posteriores del músico en un video no sirvieron de mucho. Así como le sucedió a Morrissey por dudar de las acusaciones a Harvey Weinstein y Kevin Spacey, con miles de seguidores borrándolo de redes sociales y sacando sus canciones de sus reproductores, Josh Homme se convirtió en el símbolo del rockero idiota pasado de revoluciones y anacrónico.
Por paradoja, una de las gracias de Homme fue desterrar posturas reaccionarias en el rock pesado. Es un cantante que antepone melodía y sofisticación en las armonías, en vez del aullido característico del género. Y a diferencia de la gran mayoría de los guitarristas honrados y orgullosos de revelar a las revistas especializadas los secretos de su sonido y técnica, Homme es reacio a explicar cómo logra una textura con el espesor de la lava volcánica, y la fluidez de sus solos.
En el siglo pasado, un golpe a un fotógrafo o a los fans de primera fila cortesía de un rock star, era símbolo de rebeldía y hasta se celebraba. Hoy queda reducido a lo que es, una imbecilidad sin cabida, y con ese cartel triste retorna Queens of the stone age a Chile.