“La Ballenera de Quintay, vacía con sus bodegas, sus escombros muertos, la sangre aún sobre las rocas, los huesos de los monárquicos cetáceos, hierro roído, viento y mar, el graznido del albatros que espera”, Pablo Neruda
¿Heroica hazaña o crueldad asesina? En su recién publicado libro, que forma parte de la colección Expedientes de la Editorial Narrativa Punto Aparte, Marcela Küpfer y Carlos Lastarria nos presentan una muy entretenida e interesante investigación sobre la ballenera de Quintay. La presentación del libro se realizó en esta caleta, dentro del campus perteneciente a la Universidad Andrés Bello, que funciona precisamente en el complejo de edificios que la albergó, hoy declarado Monumento Histórico Nacional.
En la ocasión, la autora sostuvo un entretenido diálogo con el director de El Mercurio de Valparaíso, quien comenzó su intervención con una interesante pregunta: ¿por qué la obsesión con este lugar? Certera inquietud, pues detrás de toda importante investigación existe un grado de desenfreno de su autor por entender un fenómeno en específico. Las fotos presentadas daban cuenta de la magnitud de la empresa. Eran otros tiempos. A partir de 1943, la tranquila vida de la pequeña caleta de Quintay cambió rotundamente al ubicarse la planta ballenera de la Compañía Industrial (Indus) durante más dos décadas. La industria ballenera era más que intrépidos cazadores, y se asemejaba a una moderna instalación de inversión extranjera. Los operarios lucían orgullosos al costado de esos inermes gigantes antes de faenarlos para producir el preciado botín del aceite. En otro escenario, el Valparaíso de mediados del siglo XX, la carne de ballena formaba parte de la oferta de la carnicería de barrio. En fin, el testimonio labrado a través de las épocas, se llama historia.
El recorrido a través del tiempo nos da cuenta de otras costumbres, otros valores, otras tecnologías. Ese rico patrimonio está a menos de una hora del centro de Viña del Mar o Valparaíso. Sobre los vestigios de la antigua ballenera hay hoy un excelente museo que recoge esa rica herencia.
Pero se trata de un patrimonio vivo, donde junto a ese pedazo de nuestra historia, podemos encontrar también el futuro de nuestros mares a través de un moderno centro de acuicultura. La interacción entre pasado y presente, tecnología y artesanía, academia y comunidad, late vital hoy en Quintay. Las ballenas ahora están mayoritariamente protegidas, las industrias ya casi no tienen chimeneas y los obreros trabajan en condiciones de mayor higiene y seguridad. Pero ese pasado mítico nos sigue hablando, haciéndonos soñar, como invitándonos a no dejar de sorprendernos con la naturaleza y la interacción con el hombre. ¿En algunos años miraremos con el mismo horror el comer otros mamíferos? ¿En el futro tendremos libros sobre las masacres en los mataderos? Dejemos que el tiempo lo decida.
Macarena Ruiz Balart
Doctora en Humanidades, Universidad Carlos III de Madrid.
Magíster en Historia del Arte, Universidad de Chile.
Directora Museo Artequin Viña del Mar.