A los pies del Parque Nacional La Campana se encuentran estos espectaculares módulos habitacionales bajo el concepto del glamping. Una propuesta novedosa en la zona, y arquitectónicamente única, donde se vive y se respira la naturaleza.
Por María Inés Manzo C. / Fotografía Mariela Sotomayor y gentileza de Biosfera Lodge
Para quienes aman la naturaleza, el deporte y una experiencia totalmente desconectada de la ciudad, se encantarán con la propuesta de Biosfera Lodge. Un proyecto que se encuentra en Cajón Grande de Olmué y que creó el artista y escultor Juan Pablo Vásquez, inspirado en el glamping, tendencia mundial —muy famosa en Europa— que combina la experiencia de acampar al aire libre, pero con las comodidades y servicios de un hotel.
“Hace cinco años me vine a vivir a Olmué, con mi familia, en busca de una mejor calidad de vida. Pero fue en el 2015, luego de una larga búsqueda, cuando encontré este maravilloso terreno, a los pies del Parque Nacional La Campana, y supe de inmediato que era el lugar indicado. Llevo veinte años en el rubro del turismo, como escalador y vinculado a proyectos en áreas silvestres, pero mi sueño era tener un lugar propio”, cuenta Juan Pablo, quien además trabaja junto a su padre, Jaime, y su hermano, Matías.
Pero el trabajo no fue fácil, ya que desde sus comienzos la idea era proteger la importante cubierta vegetal del cerro e intervenirlo lo menos posible. “Hicimos un estudio enorme para el trazado de caminos. Además, su relieve montañoso y las pendientes eran un gran desafío para los emplazamientos. Por otro lado, había una zona del proyecto que tenía un bosque de eucaliptus que era muy peligroso —por su carácter inflamable ya que absorben todas las napas de agua—, entonces los sacamos de raíz y reforestamos con palma chilena”, agrega. Asimismo, nos cuenta que estar en la ladera sur fue fundamental, porque en el sector no hay agua potable y su terreno se alimenta de dos vertientes naturales.
El diseño de Biosfera Lodge tiene el sello de Juan Pablo, quien utilizó toda su experiencia de escultor ideando un concepto natural y artístico, con ayuda del arquitecto, y también escalador, Luis Álvarez para hacerlo habitable. En general, ocuparon muchos materiales obtenidos del lugar y otros reciclados traídos desde afuera, tanto para muebles como para las estructuras.
RESTAURANTE BIOSFERA
Al llegar, de inmediato uno se siente como en un camping, rodeado de árboles nativos y con ese imponente aroma a bosque y naturaleza. En el centro del proyecto se encuentran las áreas comunes, que llaman la atención por sus formas ovaladas y maderas a la vista.
Ahí se encuentra el Restaurante Biosfera, el corazón del proyecto, hecho con madera de ciprés y roble recuperado. Destacan sus grandes ventanas y su techo blanco que se asemeja a un domo, pero que al entrar se diferencia por su estructura más compleja y con vigas a la vista. En el bar cuelgan grandes ampolletas que le dan una apariencia moderna y rústica a la vez.
Su capacidad es para cuarenta personas entre el primer y segundo piso, donde resaltan sus hermosas mesas de madera y las esculturas, hechas por el propio Juan Pablo. “Son figuras humanas que parecen momias; utilicé una técnica de fibra natural con cera virgen que permite que no entre ningún tipo de insectos y duren miles de años”.
La cocina está a cargo del chef Edwin Videla, quien presenta una propuesta de comida fusión de “mar con valle”, en donde destacan las entradas con mariscos, carnes, queso de cabra y verduras de la zona. Sumado a una buena carta de vinos, pisco sour de la casa y cerveza artesanal para disfrutar de la agradable terraza.
Además, a este espacio lo refrescan dos agradables piscinas estilo deck —con una privilegiada vista del Cajón Grande—, ubicadas en el centro de un anfiteatro de piedra ideado para realizar conciertos, matrimonios y eventos corporativos. Aquí también se pueden apreciar distintas esculturas de madera de cactus y hormigón.
A un costado de la piscina están los camarines, con sus baños respectivos, donde destaca el diseño exterior con caña —que recuerda la forma de una semilla— y azulejos en tonos azules en su interior, junto a rústicos lavamanos de madera.
Un poco más arriba se aprecia el imponente muro de escalada en 360 grados, que permite tener varios escaladores a la vez, y que en su parte alta tiene una torre con un mirador donde puedes ver toda la naturaleza (a siete metros de altura). A lo lejos parece una gran escultura. Este es el punto de llegada de una entretenida tirolesa de cien metros. Ambas actividades incluidas en el alojamiento para grandes y chicos, y que se complementan con los paseos por sus propios senderos y el Parque Nacional La Campana.
HABITANDO EL BOSQUE
Al subir por el cerro van apareciendo, entre el bosque, seis particulares lodges ovalados —para un total de veinticinco personas—. Todos del mismo tamaño, pero cada uno con una vista única, que tienen capacidad para parejas o familias con uno a dos hijos.
“Trabajamos con un terciado especial para exterior. Lo más particular de estas unidades de dormitorios es que no tienen cimentaciones. Son construcciones poco invasivas, es decir, el entorno se mantuvo, prácticamente, sin tocar. Además son desarmables, es como si fuera una carpa a gran escala. Normalmente en una construcción se llena de escombros y hay que hacer paisajismo, pero aquí fue todo lo contrario. Queríamos ser súper eficientes en la construcción, justamente para disminuir el tiempo de obra, que degrada mucho el lugar”, cuenta Juan Pablo.
Además, agrega, “la cubierta blanca del techo es una sola unidad, es un material especial, parecido al PVC, pero es una tela francesa y catalogada la mejor en el mundo para este tipo de estructuras. Tiene filtro solar y dura unos veinte años. Una de sus cualidades es que es súper lumínica. Al entrar el sol se proyectan las sombras de los árboles y en la noche puedes ver todos los techos prendidos, lo que genera la sensación de estar realmente acampando”.
Destaca, también, que ningún lodge tiene cortinas, aquí la separación es precisa entre las ventanas y la parte inferior de la estructura, ya que permite tener privacidad y a la vez disfrutar de la vista como si no hubiera nadie más. Por otro lado, cada sitio tiene su propio lugar con mesitas para disfrutar aún más el entorno y baños privados en el exterior para cada módulo.
El diseño de su interior permite una fácil mantención, con un estilo minimalista y nórdico. La madera interior da mucha calidez, aunque no hay decoraciones más que los cojines y el cubrecama. Tampoco hay clósets y en su lugar tienen cajoneras bastante espaciosas.
Para quienes aman acampar, pero quieren comodidad y sólo llevar lo justo y necesario, este lugar es el indicado. Cuenta con servicio de mucama y un abundante desayuno incluido para comenzar una mañana de aventuras. Una invitación para disfrutar la flora y fauna por todos lados.
Al llegar de inmediato uno se siente como en un camping, rodeado de árboles nativos y con ese imponente aroma a bosque y naturaleza. En el centro del proyecto se encuentran las áreas comunes que llaman la atención por sus formas ovaladas y maderas a la vista.
“Lo más particular de estas unidades de dormitorios es que no tienen cimentaciones. Son construcciones poco invasivas, es decir, prácticamente no se tocó el entorno”, Juan Pablo Vásquez.
El diseño de su interior permite una fácil mantención, con un estilo minimalista y nórdico. La madera interior da mucha calidez, aunque no hay decoraciones más que los cojines y el cubrecama. Tampoco hay clósets y en su lugar tienen cajoneras bastante espaciosas.