Tell Magazine

Entrevistas » Deporte

EDICIÓN | Diciembre 2017

Travesía pura

Aurelia y Amelia Zulueta, velerismo
Travesía pura

Desde pequeñas, la navegación a vela ha formado parte de las vidas de estas hermanas viñamarinas. Tras una opaca participación en la regata Chiloé 2016, en enero próximo irán por la revancha junto a otras compañeras de equipo a bordo de la única embarcación ciento por ciento femenina que estará presente en la edición 2018 del evento náutico más importante de Chile.

Por Jorge Andrés Aldunate I. / Fotografía Teresa Lamas G.

Desde que tienen uso de razón, el mundo de las velas ha estado ligado en las vidas de las hermanas Aurelia (35) y Amelia Zulueta (33). Todo nació a raíz de la pasión que su padre, Mauricio Zuleta, tiene por este deporte. “Él es navegante y cuando éramos niñas pasábamos todos los fines de semana y vacaciones arriba de un bote, recuerda con orgullo Aurelia. A esas travesías también los acompañaba su madre, Ana Rivas, y su hermano mayor Mauricio (42). Con el tiempo, se sumaría Antonia, la menor del clan Zulueta (32).

A medida que fueron creciendo, el amor de estas hermanas por las velas se intensificó. Inspiradas por su hermano, campeón nacional en reiteradas oportunidades, Aurelia, Amelia y también Antonia, comenzaron practicando Optimist en el Club de Yates Higuerillas, clase en la que Amelia fue campeona nacional femenina. Posteriormente, a medida que fueron creciendo, empezaron a competir en regatas en distintos tipos de embarcación a lo largo de Chile. Incluso, Aurelia se profesionalizó y durante un par de temporadas compitió en una serie de regatas internacionales. Sin embargo, hasta 2016, las tres nunca habían competido juntas como equipo.

¿Qué recuerdos tienen de su infancia navegando?

Amelia: Los mejores. Nuestros recuerdos de niñas son casi todos arriba de un bote. Desde un paseo de fin de semana a Horcón, hasta vacaciones completas navegando por los fiordos del sur de Chile. Me acuerdo que en esas travesías podíamos pasar semanas enteras sin pisar tierra. Dormíamos arriba del yate y nos bañábamos en las cascadas. Si por alguna razón el clima no nos permitía navegar, entonces nos poníamos a jugar cartas entre todos. Obviamente, son recuerdos muy lindos y que nos unió mucho como familia. Además, los lugares que conocíamos eran maravillosos.

¿Cuándo pasaron de navegar como afición a hacerlo profesionalmente?    

Aurelia: Mi papá siempre participó en regatas y cuando crecí empecé a competir con él. Después, con mis hermanas comenzamos a navegar, primero en Optimist, donde Amelia fue campeona nacional femenina, y luego en Laser, ambas embarcaciones de un tripulante. Eso, hasta que un día probé un 470, un velero olímpico diseñado para dos personas. Así, con una amiga, Josefina Eluchans, fuimos las primeras chilenas en tratar de hacer una campaña con miras a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Si bien finalmente no logramos clasificar, con muy pocos medios nos fuimos profesionalizando, a tal punto que corrimos regatas en Australia, Europa, Argentina y Ecuador, algunas de ellas con muy buenos resultados.

PODER FEMENINO

La regata de Chiloé es la más importante de Chile. Se realiza desde 1989 y cada dos años vienen exponentes de todas partes del mundo a participar de esta carrera. Si bien Aurelia y su hermana menor, Antonia, ya habían competido reforzando a un equipo de cadetes de la Escuela Naval a bordo de un Soto 40, el sueño de las Zulueta era hacerlo las tres compartiendo una embarcación. Por lo mismo, para la versión 2016 se consiguieron un yate, gestionaron los auspicios y junto a otras cinco amigas veleristas formaron un equipo y se matricularon para competir en la categoría J-105. “La particularidad fue que al ser la única embarcación ciento por ciento femenina y, en la que además iban tres hermanas, las miradas estuvieron puestas sobre nosotras en todo momento”, rememora Amelia.

¿Cuál fue el balance una vez finalizada la carrera?

Aurelia: Pese a que tuvimos un buen comienzo, el resultado final no fue lo que esperábamos. Independiente que uno tenga experiencia corriendo regatas, en Chiloé pesa mucho el tema de las corrientes y la meteorología. Precisamente, nosotras tuvimos muchas falencias con respecto al estudio de la cancha, lo que sumado a un accidente que sufrió Amelia nos hizo perder mucho tiempo de carrera.

¿Fue muy grave el tema del accidente?

Amelia: Pasó que el penúltimo día de la carrera, cuando íbamos de Calbuco a Puerto Montt, sufrí un caída adentro del yate y me fracturé el sacro. Como no me podía mover, mis compañeras tuvieron que soltar las velas para así poder acomodarme. Al final, ese accidente significó que perdiéramos muchos lugares que nunca pudimos recuperar.

¿Les jugó en contra ser la única embarcación ciento por ciento femenina en competencia?

Aurelia: Para nada. Si bien en este tipo de regatas las categorías se establecen por la clase de embarcación y no por género, nuestro resultado pasó netamente por falta de preparación y conocimiento del barco. Obviamente, por un tema de compensación de peso y fuerza, contamos con más tripulantes que una embarcación masculina o mixta. Por otro lado, aunque igual a veces nos reconocen por ser el único equipo compuesto exclusivamente por mujeres, nosotras preferimos que nos destaquen por nuestros resultados en las carreras y no por otra cosa.

¿Qué rol tiene cada una dentro de la embarcación?

Amelia: Aurelia es la timonel y capitana del equipo y yo soy la armadora, la encargada del mástil y también de ayudar en la proa.

CHILOÉ 2018

Pese a que ambas hermanas son unas apasionadas por este deporte, las Zulueta no se dedican ciento por ciento a las velas. Si bien Aurelia compitió internacionalmente durante un par de temporadas, hace unos años decidió volver a Chile para ejercer su profesión de ecoturismo. Amelia, en cambio, estudió ingeniería comercial y actualmente trabaja en una inmobiliaria. Además, el hecho de que ambas tengas hijos chicos hace más complicado el hecho de navegar, pero no imposible.

¿Cuál es su próximo desafío?

Aurelia: Como equipo, nuestro principal reto será en enero próximo, cuando corramos la regata Chiloé 2018. Hace dos años, en esa misma competencia, quedamos con la sensación de que podíamos dar más de nosotras. Por lo mismo, esta vez pretendemos ir por nuestra revancha, también en la clase J-105, una categoría donde nuestros competidores llevan mucho tiempo navegando. Para paliar esta desventaja, los últimos meses hemos estado entrenando duro y compitiendo en regatas menores, con tal de llegar preparadas de la mejor forma a este atractivo desafío que se nos viene por delante.

¿Lo harán con la misma tripulación que participó en 2016?

Amelia: No, pero casi. Este año, de las ocho tripulantes, seis somos las que navegamos juntas en la regata Chiloé 2016: Roberta y Paula Herman, su mamá, Valeria Vila, Carmina Malsch, Aurelia y yo. Nuestra hermana Antonia fue mamá hace poco y por esa razón no nos podrá acompañar en esta oportunidad. Situación similar aconteció con Elisa Vial. Afortunadamente, ambas pudieron ser relevadas por dos grandes veleristas como lo son Camila Herman —por lo que otra vez tendremos tres hermanas en la tripulación— y por Sofía Midletton, quien en 2016 compitió en las JJOO de Río en un bote clase 470 para dos tripulantes.

¿Les gustaría agradecer a alguien por apoyarlas en este deporte?

En primer lugar, nos gustaría agradecer a nuestro papá y a nuestra mamá por inculcarnos el amor por las velas y por apoyarnos en esto desde que éramos niñas. También, dar las gracias al suegro de Amelia, por facilitarnos el bote para competir y a HDI Seguros, por ser nuestro auspiciador y confiar en nosotras. Tampoco quisiéramos olvidarnos de la gente de apoyo del Club de Yates Higuerillas y muy especialmente de Miguel Prado, pues cada vez que salimos a navegar él se preocupa por nosotras y nos consigue todo lo necesario para una buena navegación.

 

 

“Nuestros recuerdos de niñas son casi todos arriba de un bote. Desde un paseo de fin de semana a Horcón, hasta vacaciones completas navegando por los fiordos del sur de Chile. Me acuerdo que en esas travesías podíamos pasar semanas enteras sin pisar tierra”.

“Como equipo, nuestro principal reto será en enero próximo, cuando corramos la regata Chiloé 2018. Hace dos años en esa misma competencia quedamos con la sensación de que podíamos dar más de nosotras. Por lo mismo, esta vez pretendemos ir por nuestra revancha, también en la clase J-105, una categoría donde nuestros competidores llevan mucho tiempo navegando”.

“En Chiloé pesa mucho el tema de las corrientes y la meteorología. Precisamente, nosotras tuvimos muchas falencias con respecto al estudio de la cancha, lo que sumado a un accidente que sufrió Amelia nos hizo perder mucho tiempo de carrera”.

“La particularidad fue que al ser la única embarcación ciento por ciento femenina y en la que además iban tres hermanas, las miradas estuvieron puestas sobre nosotras en todo momento”.

“El penúltimo día de la carrera, cuando íbamos de Calbuco a Puerto Montt, sufrí un caída adentro del yate y me fracturé el sacro. Como no me podía mover, mis compañeras tuvieron que soltar las velas para así poder acomodarme. Al final, ese accidente significó que perdiéramos muchos lugares que nunca pudimos recuperar”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+9+1   =