Desde los cinco años se involucró en el mundo del bicicross. Hoy, a sus treinta y un años, esta viñamarina tiene una vasta experiencia en torneos internacionales. Tanto así, que es la actual bicampeona mundial de BMX Race y, en 2018, pretende ir por un inédito tercer título planetario para Chile.
Por Jorge Andrés Aldunate I. / fotografía Teresa Lamas G.
Siendo una niña, Karla Ortiz Vargas ya conocía el mundo del bicicross. Su primer recuerdo se produjo el año 1991, cuando Nelba, su madre, la llevó a la pista que existía en aquella época en el Valparaíso Sporting Club para ver competir a su hermano y a un primo en esta modalidad. Tenía cuatro años y quedó fascinada. Y pese a que aún no sabía andar en bicicleta, se propuso aprender lo más rápido posible: al año siguiente ya era parte y entrenaba en la academia de bicicross del mismo Sporting. Su constancia y talento la hicieron protagonista de este deporte, llegando a ser bicampeona del orbe en la categoría Crucero.
Pero pese a sus logros, la ruta al éxito no fue fácil para Karla. Por el contrario, ha sido un camino largo y pedregoso, donde el apoyo gubernamental brilla por su ausencia. Sin embargo, esta joven viñamarina ha sabido sobreponer cada obstáculo a punta de esfuerzo y sacrificio con tal de cumplir su máximo sueño: llegar a la cúspide de este deporte a nivel planetario. Y pese a lograrlo con creces, advierte que va por más.
¿Cuál es tu primer recuerdo practicando bicicross?
La primera vez que me llevaron a entrenar, recuerdo que agarré la bici y me tiré altiro por la pista. Lo hice sin el consentimiento de nadie y sin ninguna noción del circuito. Obviamente me caí y como iba sin casco quedé con un chichón gigante en la cabeza.
¿Qué pasó después?
Me acuerdo que, en un primer momento, todos se preocuparon. Después, cuando se percataron que estaba bien, pensaron que no me iba a querer subir nunca más a una bicicleta. Pese al tremendo susto, al día siguiente ya estaba insistiéndole a mi mamá para que me llevara a entrenar. Ella siempre me recuerda esa anécdota cuando las cosas no me resultan como espero. Es una enseñanza para dar vuelta la página y seguir adelante con lo que te apasiona.
¿Cómo eran esos primeros entrenamientos en el Sporting?
Al principio, uno ve el bicicross como un juego. A esa edad lo más importante es pasarlo bien y divertirse. De lo contrario, los niños se aburren y abandonan. A medida que uno va creciendo se entusiasma con las competencias. Lo que sí recuerdo es que siempre fueron entrenamientos arduos y exigentes.
PODIO MUNDIAL JUVENIL – COLOMBIA 1995
Tras un par de temporadas entrenando, Karla comenzó a destacar entre sus pares y a ganar competencias, a tal punto que se coronó campeona nacional en reiteradas oportunidades. Lo anterior le brindó la chance, en 1995, de representar a Chile en el mundial que ese año se realizaría en Melgar, Colombia. En dicha instancia se subiría al podio, pues finalizó en el tercer lugar de la categoría nueve años damas. A todas luces un logro importantísimo en su hasta entonces incipiente trayectoria deportiva internacional.
Tras su exitosa primera experiencia mundialista, la joven de Miraflores volvió a Chile a seguir entrenando y compitiendo. Lamentablemente, pese a que año a año finalizaba en lo más alto del bicicross nacional, el nulo apoyo económico por parte de las autoridades gubernamentales le impidió seguir acudiendo a citas planetarias. Recién el año 2000 y dada la cercanía con la sede mundial en Córdoba, Argentina, es que con el apoyo de su familia pudo viajar al país trasandino a competir. Karla no defraudó y si bien no logró subirse al podio, obtuvo un expectante cuarto puesto. Mismo resultado obtendría dos años después, en el mundial que se realizó, en 2002, en la ciudad de Paulínia, Brasil. Así finalizó su etapa juvenil.
¿Qué significó subir a un podio en tu primer mundial?
Si bien con el paso de los años lo que hice en 1995, en Colombia, lo veo como un logro importantísimo en mi carrera, en aquel momento no le tomé el peso. En ese entonces tenía nueve años, era mi primera competencia en el extranjero y lo veía más como una especie de vacaciones. Me acuerdo que el nivel era muy bueno y que me hice amigas de otras partes del mundo.
¿Por qué pese a tus buenos resultados no acudiste a los siguientes mundiales?
Luego de Colombia, los mundiales posteriores se realizaron en Europa, Norteamérica y Oceanía. Lamentablemente, nunca conté con un apoyo económico federativo o gubernamental y mi familia no estaba en condiciones para financiar esos viajes. Por lo mismo, solo podía acudir a las citas planetarias cuyas sedes fueran en Sudamérica. Es la triste realidad de la gran mayoría de los deportistas chilenos.
¿Qué te faltó para alcanzar el podio en Córdoba 2000 y Paulínia 2002?
Creo que más roce internacional. Si bien en esos años competí en varios torneos latinoamericanos y panamericanos ganando varios de ellos, no tuve instancias para enfrentarme contra las máximas exponentes de este deporte a nivel mundial, las que son de origen europeo.
CAMPEONA MUNDIAL
Concluida su etapa juvenil, Karla finalizó el colegio e ingresó a estudiar kinesiología en la Universidad de Valparaíso, carrera que actualmente ejerce. Y si bien no abandonó el BMX, durante ese período entrenaba de forma esporádica y competía solo a nivel nacional. A esas alturas, los mundiales eran cosa del pasado. Hasta que, a fines de 2015, a raíz de que la cita planetaria del año siguiente se disputaría en Medellín, Colombia, es que su madre la insta a volver a competir internacionalmente y le regala una bicicleta aro veinticuatro para que su hija pudiese competir en dos categorías distintas: diecisiete años o más en Challenger (bicicletas aro veinte) y treinta años o más en Crucero (bicis aro veinticuatro). Pese a tener solo cuatro meses por delante, Karla acepta el desafío y comienza a entrenar arduamente para su cuarta experiencia planetaria.
¿Cómo afrontaste este desafío después de tantos años sin competir internacionalmente?
Fue complicado. El mundial era en mayo de 2016 y había poco tiempo por delante para prepararme y juntar los recursos para viajar a Medellín. Recuerdo que vendí unas bicis y ropa de bicicross que ya no estaba ocupando. Cuando llegó enero me puse a entrenar duro. Iba todas las mañanas a la pista de bicicross y en las tardes trotaba y hacía ejercicios en mi casa, pues todo mi presupuesto estaba destinado para el viaje. Mientras, ejercía como kinesióloga a domicilio. Así pasaron los meses hasta que llegó el mundial y me fui a Colombia.
¿Cuál era tu sensación los días previos a la competencia?
La verdad es que estaba súper nerviosa. Primero, por todos los años que habían pasado sin competir internacionalmente. Me sentía sin roce competitivo y no sabía nada de mis rivales. Lo otro que me tenía estresada era el poco tiempo de preparación que tuve para afrontar el mundial. Además, sentía un peso extra por todo el sacrificio económico y personal que me significó llegar hasta allá.
El primer día de competencia, a Karla le tocó competir en la categoría Challenger, para mujeres de diecisiete años o más. “En la primera carrera, en el partidor, parecía una gelatina, pues no paraba de tiritar. Afortunadamente gané esa primera manga y a partir de ahí me solté y gané todas las rondas hasta llegar a la final”. Desafortunadamente, en dicha instancia volvieron los nervios y cometió un error que significó quedar tercera. Aún así quedó contenta por haber obtenido podio.
Al día siguiente, la viñamarina tenía que competir en la categoría treinta años o más en Crucero. No tenía muchas expectativas, pues había puesto todas sus fichas en la otra carrera. Para colmo, había trasnochado producto de la ceremonia de premiación. Se despertó a las cinco de la mañana y a las seis se presentó en la pista a entrenar. Aún así, ganó todas las mangas hasta llegar a semifinales. Pero poco antes de correr las semis se le rompió la cadena y tenía menos de diez minutos para repararla. Por suerte, con la ayuda de su pololo pudieron cambiarla justo a tiempo. Pese a la incertidumbre, ganó su llave y accedió a la final.
¿Cómo viviste una nueva final planetaria?
Fue bonito. Recuerdo que cuando partió la carrera los segundos se me hicieron eternos. Afortunadamente, por haber ganado la semifinal, pude elegir la posición de partida y, a diferencia de la final de Challenger, esta vez elegí bien. Me decidí por el carril número uno y tras la primera curva quedé primera y lideré la carrera de principio a fin. Ya en la última recta estaba súper emocionada porque había un montón de chilenos y empezaron a cantar el himno nacional. Y si bien ya intuía que iba a ganar, tampoco podía descuidarme porque cualquier error lo podía pagar muy caro.
¿Y qué sentiste cuando cruzaste la meta primera y te consagraste campeona mundial?
Fue un desahogo tremendo. Me acuerdo que justo detrás de la meta había un papá de un piloto chileno. Él estaba con la bandera de Chile y cuando me vio me abrazó y nos pusimos a llorar. Fue súper emocionante. Obviamente me acordé de todos mis seres queridos y de todo lo que había tenido que pasar para finalmente ser campeona del mundo. En la premiación estaba tan contenta que no paraba de reír. Luego, me junté con mi pololo y nos fuimos a celebrar.
EL BICAMPEONATO
De vuelta en Chile y tras las felicitaciones y homenajes de rigor, surgió un nuevo desafío por delante: defender la corona e ir por el bicampeonato. La tarea no era sencilla, pues el año entrante el mundial se disputaría en Rock Hill, Estados Unidos, y había que reunir los fondos para viajar. Increíblemente, y pese al cartel de campeona mundial, Karla tuvo que hacer malabares para asistir: consiguió una subvención compartida por parte de los concejales de la Municipalidad de Viña del Mar, lo que sumado al dinero recaudado en unas rifas y otras actividades, le permitieron viajar a Norteamérica. Ya en Estados Unidos, la chilena defendió su título en Crucero, consagrándose bicampeona mundial. Además, resultó tercera en la categoría Challenger +25.
¿Tenías expectativas de defender tu título planetario?
Defender mi título fue difícil. En noviembre del 2016 tuve una lesión a las manos que me tuvo tres meses alejada de las pistas. Cuando por fin me recuperé, a fines de marzo sufrí una caída en un entrenamiento y me lesioné la espalda, por lo que estuve otros dos meses parada. Fue súper frustrante, porque como el mundial era en julio prácticamente no tuve tiempo de preparación.
¿Alguna vez pasó por tu cabeza desistir de ir al mundial?
No, nunca. Yo al mundial iba sí o sí.
¿Y qué significó defender tu corona?
Fue lo máximo. Sobre todo por todo el sufrimiento físico y las dificultades económicas que tuve que pasar para lograr este objetivo. Pero todo tiene su recompensa y pude ser bicampeona mundial de BMX.
¿Cuál es tu próximo desafío?
Mi sueño es ir por el tricampeonato mundial. Es una tarea compleja ya que se desarrollará en un país lejano como Azerbaiyán y mis recursos son limitados. Por eso, quien me quiera apoyar puede contactarme en mi fanpage fb.me/karlaortizbmx para cumplir este nuevo desafío.
“La primera vez que me llevaron a entrenar, recuerdo que agarré la bici y me tiré altiro por la pista. Lo hice sin el consentimiento de nadie y sin ninguna noción del circuito. Obviamente me caí y como iba sin casco quedé con un chichón gigante en la cabeza”.
“Defender mi título fue difícil. En noviembre del 2016 tuve una lesión a las manos que me tuvo tres meses alejada de las pistas. Cuando por fin me recuperé, a fines de marzo sufrí una caída en un entrenamiento y me lesioné la espalda, por lo que estuve otros dos meses parada. Fue súper frustrante, porque como el mundial era en julio prácticamente no tuve tiempo de preparación”.
“Mi sueño es ir por el tricampeonato mundial. Es una tarea compleja ya que desarrollará en un país lejano como Azerbaiyán y mis recursos son limitados. Por eso, quien me quiera apoyar puede contactarme en mi fanpage para cumplir este nuevo desafío”.