En la vida solo me arrepiento de dos cosas: no haber nacido en Valparaíso y haber fumado tabaco. Sobre lo primero, no tuve ninguna injerencia o decisión. Sobre lo segundo, daría lo que fuera por poder retroceder en el tiempo y decirme a la cara con doce años: ¡deja de fumar ahora ya!
Estaba recién llegado a Enseñanza Media, en el colegio Patmos de Viña del Mar, y los alumnos de cursos mayores acostumbraban irse fumando al colegio. También fumaban en los baños del colegio durante el recreo y regresaban fumando a casa después del colegio. Era la norma para ser socialmente aceptado e integrado. No hacerlo significaba apartarse del concepto de grupo-curso+colegio. Afortunadamente, cuando tres años después le pregunté al pediatra Stegen, durante un control médico, si era verdad ese mito que decía “te puedes quedar chico por fumar”, y él me respondió afirmativamente, fue tanto el impacto que… ¡al otro día dejé el cigarrillo!
Aunque la novela escrita por Christopher Buckley fue publicada en 1994, tuvieron que pasar casi treinta y cinco años para sentirme interpretado en la pantalla del cine sobre cuán dañino puede llegar a ser el consumo de tabaco. La sátira novelada Gracias por fumar fue transformada en película, el año 2006, en el formato de drama-comedia. Fue dirigida y escrita por Jason Reitman, protagonizada por un elenco con gran oficio integrado por Aaron Eckhart (Nick Naylor), Katie Holmes (Heather Holloway), J. K. Simmons ("BR"), Robert Duvall (“El Capitán”) y Rob Lowe (Jeff Megall). La historia sigue la vida de Naylor, el portavoz en Estados Unidos para las siete mayores compañías productoras de cigarrillos. Naylor es un cabildero por vocación; apasionado y realizado, capaz de llegar hasta los más altos grados de lealtad profesional hacia su empleador, la "Academia de Estudios del Tabaco", incluso defendiéndolos en programas con millones de televidentes. La narración con voz ausente que se hace durante la introducción tiene algunas menciones de antología sobre los abogados de la “Academia” y del científico que dirige su laboratorio: “este tipo es capaz de refutar la fuerza de gravedad”.
Esta es una de esas películas que podrían haber marcado una década y a toda una generación, pero debido a la ausencia de una poderosa campaña de mercadeo solo tuvo una recaudación global de treinta y nueve millones de dólares. Si hacemos una analogía con Entre copas, cuya influencia fue tan grande que en el mundo aumentó el consumo de vino Pinot Noir y disminuyó la venta de vino Merlot, Gracias por fumar pudo haber disminuido o acabado con el consumo de cigarrillos, al menos en Occidente.
Subvalorada injustamente por los críticos, que solo fueron capaces de opinar sobre capas superficiales de la historia con comentarios tipo “posee un arco emocional vago y solo desarrolla una fauna de personajes-maqueta de comedias de televisión, sin personajes que evolucionan”. Todo lo contrario a lo que me deleita de esta película: su detallado zoológico de personajes tomados de la realidad, pero sin la aureola de la caricatura. Ya Nick Naylor es para sorprenderse (y el espectador puede llegar a encontrar “inocuo” que defienda los cigarrillos, imaginando a los cabilderos de armas, de políticos o de desechos contaminantes). Lo acompaña su jefe “BR”, como el militar que sigue tratando la vida como si fuera un regimiento. Pero los que verdaderamente se incrustan en tu memoria, entregando posgrados para la existencia, son “El Capitán”, con su lenguaje austero, casi de señas y un dejo de telepatía, con total ausencia de cariño a través del contacto físico. Y en uno de los mejores papeles de su carrera esta Rob Lowe, como Jeff Megall: el más importante productor de películas en Hollywood. Un trabajólico que adora la cultura japonesa, cuyo escritorio es minimalista, que ha cofinanciado cintas con dictadores, quien solo duerme los domingos y que no posee ningún problema de conciencia en realizar una colocación de producto, diseñando una película con Catherine Zeta-Jones y Brad Pitt, para que vuelvan a poner de moda el fumar. Naylor-cabildero se asegura de preguntarle a Megall si no tiene inconvenientes con el asunto de salud pública que implicaría promocionar el tabaco, respondiéndole… “la información hoy está disponible. Si yo decidiera por la gente sería moralmente presuntuoso”. Igual como lo piensa Naylor frente a la cámara, uno también repite “yo podría aprender mucho de este tipo”.