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EDICIÓN | Julio 2017

Arrival

Por Maximiliano Mills – www.maxmills.com
Arrival

Siempre me ha atraído la ciencia-ficción en el cine y quizás potenciado por todos estos “encuentros cercanos del primer tipo”, no me pierdo ninguna película de este género. Por eso, cuando me entere que se estrenaba La llegada saqué mi entrada para la primera función.

Una tarde de otoño en 1974 fui al Sporting de Viña del Mar a pelotear con mi compañero de curso del colegio Saint Dominic, Iván Morovic. A media tarde sentimos el ruido de un avión con turbina antes de que se asomara sobre las pistas del hipódromo. Esperando que llegara un avión de aerolínea tipo Boeing, aparece volando a baja altura un largo cilindro metálico opaco, sin ALAS y sin ventanas… pasó lentamente, solo dejando una delgada estela de ¿humo? blanquecino. Después de largos segundos se perdió tras los cerros del barrio Chorrillos. Aunque he tenido varios avistamientos de ovnis en mi vida este fue el más cercano, el más tangible, el más sorprendente, enigmático y conmovedor de todos. Incluso hoy, con todos los avances en diseño aeronáutico, esta nave aún no existe en el planeta Tierra

Siempre me ha atraído la ciencia-ficción en el cine y quizás potenciado por todos estos “encuentros cercanos del primer tipo”, no me pierdo ninguna película de este género. Por eso, cuando me enteré que se estrenaba La llegada saqué mi entrada para la primera función (además a esta altura ya sabemos que su protagonista, Amy Adams, no escoge películas-fiasco). Esta es una película norteamericana de género ciencia-ficción/misterio del año 2016, basada en la novela corta La historia de tu vida del autor Ted Chiang, publicada en 1998. Fue dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Amy Adams y Jeremy Renner. Doce gigantescas naves extraterrestres, de unos 450 metros de extensión, aparecen un día de la nada flotando a baja altura de manera vertical, escogiendo doce puntos del planeta para ubicarse (primer enigma). Louise Banks, una prestigiosa experta en lingüística (Amy Adams), es reclutada por el gobierno de Estados Unidos para descifrar, codificar y traducir el mensaje que estos alienígenas comienzan a emitir de inmediato hacia la raza humana. La operación a cargo del ejército la pone en el mismo equipo con el físico Ian Donnelly (Jeremy Renner), intentando descifrar contra el tiempo una forma de comunicarse con los extraterrestres. Ambos se abocan a encontrar los patrones de su lenguaje, interactuar y preguntar el motivo de su llegada a la Tierra. Presionados y hostigados por el ya ridículo y poco creíble “personaje de planta”; el militar-intransigente-malo-de-la-película-al-mando (en un papel clonado por Forest Whitaker de uno de plantilla que ya ha aparecido en varias películas anteriores). Hay que saber pronto de dónde vienen y que esperan de nosotros.

La Llegada es una película filmada con hermosura, a un ritmo que parece casi de tiempo real a pesar de la impronta militar inherente a la narración. La tensión está presente con el gran peligro bélico en nuestro planeta debido a la potencial tercera guerra mundial que estaba a punto de desencadenarse, justo antes del aterrizaje de las doce naves. Pero las escenas que literalmente nos sacan de este mundo es cuando Banks y Donnelly ingresan a la nave en ciclos preestablecidos de solo horas, para conocer y descifrar su lenguaje. Los tripulantes de esta nave localizada en Montana son dos Heptapodos que utilizan un lenguaje ideográfico similar a algunas lenguas asiáticas. Hasta la aparición de esta película siempre pensaba que el único camino para la conseguir la paz mundial era que fuéramos invadidos por extraterrestres. Así todos los ejércitos del mundo se unirían contra un mismo enemigo en común. La Llegada me demuestra que siguiendo el comportamiento humano, ocurriría lo contrario: la exasperante necesidad del Homo Sapiens de controlarlo todo nos seguiría dividiendo. Pero el mayor regalo que nos traen estos visitantes del espacio puede ser un delicado enigma, el que aún yo —comentarista de cine— no captaba saliendo de la sala. Reconozco que después tuve que arrendar el disco Blu-Ray para “entender el final”. Fue un ejercicio maravilloso. La fotografía me la repetiría varias veces al año. El mensaje final lo atesoraré de por vida. Sí, en el universo hay bastante más que cuatro dimensiones y cinco sentidos.   

 

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