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EDICIÓN | Abril 2017

Un buen año

Por Maximiliano Mills – www.maxmills.com
Un buen año

Un buen año es una historia entretenida, bien contada, con maravillosa estética en su producción, pero muy subvalorada, quizás por el temor que hay a seguir los instintos, evitar riesgos y sufrimientos… transformarse de urbano a campesino. Pero nosotros, los que apreciamos el vino, sabemos que de esto justamente se trata la vida alrededor de un viñedo: vivir caminando entre las incertezas del clima, las equivocaciones durante la fermentación y las fluctuaciones del mercadeo

Por estos días, la vendimia en Chile se encuentra en pleno desarrollo desde las regiones de Coquimbo a la Araucanía. Así es  Un buen año. Una hermosa y amena película que no logró ser un taquillazo porque, bueno… todos han vivido el proceso de enamorarse pero muy pocos se han visto enfrentados a cambiar todo lo que has construido por una vida totalmente opuesta. Estrenada el 2006, es la única comedia romántica filmada en su carrera por el británico Ridley Scott. Protagonizada por su actor favorito, Russell Crowe, Marion Cotillard y Albert Finney, su guión está basado en la novela homónima de Peter Mayle. 

Narra la historia de Max Skinner (Crowe), un destacado corredor de bolsa en Londres que recibe en herencia el viñedo de su tío Henry (Finney), ubicado en la Provenza al sur de Francia, donde solía pasar los veranos de su infancia. Viaja con la intención de hacer un inventario para liquidar y vender rápidamente el Château con sus diez hectáreas de parras, para regresar pronto a su programado calendario de inversiones en Inglaterra. Pero como el apostador que es, jamás imaginó lo que plantearía a su urbana existencia el reencontrarse con el lugar donde pasó los mejores años de su infancia y con su amor Fanny Chenal (Cotillard), la dueña de un pequeño restorán. Además, aparece una mochilera californiana que dice ser hija de Henry.

Max persevera con la idea de vender y contrata a un consultor de viñedos para tasar las parras y el vino en guarda. Mientras más apura la venta, con más fuerza afloran los recuerdos de esos maravillosos veranos que pasó de niño en el Château. La bifurcación aparece: tomar distancia de Londres, alejado de la presión diaria de los negocios, y reactivar el viñedo disfrutando de la vida más conectada con las cuatro estaciones. Para esto, Max también debe reencontrarse con Francis Duflot, el obtuso y purista viñatero que fue la mano derecha de su tío.

Aquí es cuando comenzamos a preguntarnos “¿por qué no me sucede a mí algo así? ¡Daría cualquier cosa por tener este ‘problema’ en mi vida!” Quizás nosotros, amantes del vino, no dudaríamos en dejar nuestra vida actual y convertirnos en vitivinicultores. Pero Max recibe del dueño de la empresa donde trabaja un ofrecimiento para convertirse en socio, acompañado de un sueldo de más de seis ceros por los próximos veinte años… qué disyuntiva. Max regresa a Francia para pensarlo y también para investigar si Christie es su prima. Ambos concuerdan en que el vino en la cava de Henry no está en condiciones aceptables, pero durante una cena en casa de Duflot quedan impresionados por una botella de vino traída por su padre, llamado Le Coin Perdu (la esquina perdida). Posteriormente, Max se entera de que el costoso y misterioso Le Coin Perdu es un ensamblaje cuya autoría está en una colaboración entre Henry y Duflot, con "parras ilegales" de su campo para evitar las estrictas leyes que hay en Francia para la clasificación y denominación de vinos.

La película, aun sin decaer, se torna predecible pero con incertidumbre. Max y Londres parecen una fusión de nacimiento. Tanto como la vida que ha hecho en Provenza, el director Ridley Scott, injustamente acusado de haber producido esta película para “poder trabajar filmando a solo siete minutos de su casa”. Un buen año es una historia entretenida, bien contada, con maravillosa estética en su producción, pero muy subvalorada, quizás por el temor que hay a seguir los instintos, evitar riesgos y sufrimientos… transformarse de urbano a campesino. Pero nosotros, los que apreciamos el vino, sabemos que de esto justamente se trata la vida alrededor de un viñedo: vivir caminando entre las incertezas del clima, las equivocaciones durante la fermentación y las fluctuaciones del mercadeo… ¿Qué decisión toma finalmente Max? Creo que la misma que elegiría cualquier tipo que sabe disfrutar de momentos inolvidables para ser embotellados en la memoria. La decisión de quien descubrió de qué está hecha la vida.  

 

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