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EDICIÓN | Febrero 2017

Los puentes de Madison

Por Maximiliano Mills – www.maxmills.com
Los puentes de Madison

Un amor fortuito, profundo, de esos que se dan una sola vez en la vida, es lo que se relata a la perfección en Los puentes de Madison (1995), un drama romántico —dirigido y actuado por Clint Eastwood— que seguramente quebrará hasta al menos sensible con su conmovedora trama.

Conectarme con la película fue instantáneo, debido a todos los años que fui fotógrafo/cronista freelance/nómade/viajero, igual con lo identificado que me sentí con la historia. Esa del trabajo soñado y la soledad… Y como siempre soñé con encontrar mi propia “Francesca”.

La historia comienza en Iowa, Estados Unidos, cuando Francesca (Meryl Streep), una dueña de casa, se queda sola por cuatro días mientras su familia va a concursar a una feria con el novillo de su hija. Pero aunque los despide como un día cualquiera, en su interior Francesca se siente frustrada de que no la valore su esposo ni sus hijos adolescentes y ve cómo los años la han atraparon en un conservador pueblo y en una vida que no se imaginaba.

Esto cambiará cuando llegue a su puerta el especial Robert Kincaid (Clint Eastwood), un fotógrafo de la famosa revista National Geographic, quien ha venido a la zona para hacer un reportaje sobre los puentes techados del condado de Madison. Un hombre de mundo, que ha viajado por muchos países, apasionado con su trabajo, que le recordará a Francesca su infancia en Italia, y todo lo que alguna vez soñó con hacer. Por eso, y sin pensarlo, comenzarán una profunda e intensa relación, pero que lamentablemente para ellos tiene fecha de término.

La tranquilidad y las miradas de Eastwood, la dureza y emotividad de Streep, se mezclan a la perfección en una película que entre sus diálogos, música e imágenes dejan un nudo en la garganta (sobre todo la escena cuando Robert la espera empapado bajo la lluvia). Uno de sus grandes méritos es que relata un amor verdadero, de pareja, pero que logra ir más allá y demostrar qué es lo uno estaría dispuesto a hacer por los hijos.

A veces pienso que la segunda capa es la de una película sobre tomar decisiones en la vida. He conocido algunas Francescas a las cuales he colgado el rosario del espejo de mi auto… pero ninguna se bajó del suyo… faltó coraje, valentía, convencimiento… el mismo que yo siempre les ofrecí.

 

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