Un reciente informe del Ministerio de Salud arrojó un anticipo de los contagios durante el otoño e invierno del 2017, poniendo a prueba todas nuestras defensas durante la estación más fría del año a través de la aparición de diversas enfermedades respiratorias, asociadas a virus como la influenza, parainfluenza, Virus Respiratorio Sincicial (VRS) y Adenovirus.
Si bien, los cuadros clínicos que se presentan durante esta época depende de las condiciones de cada individuo y los cuidados iniciales que se instauren al inicio de un problema respiratorio agudo, el mayor riesgo se observa en adultos mayores, niños pequeños y personas con patologías o condiciones crónicas, como asma bronquial y otras enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
En el caso de la influenza, la población de riesgo tiene acceso gratuito a la vacunación ministerial, pero es importante considerar la inoculación para todo el grupo familiar, pues es una enfermedad que en Chile causa la hospitalización de entre 4.000 y 6.500 personas y la muerte de más de 500 pacientes, debido a las graves neumonías e insuficiencias respiratorias severas que provoca.
El Virus Respiratorio Sincicial (VRS) en tanto, es un microbio más común de lo que creemos y principal causante de infecciones en los pulmones y en las vías respiratorias, afectando con mayor severidad a bebés y niños, ya que sus vías aéreas son más pequeñas y habitualmente se presenta como una bronquiolitis que puede derivar en neumonía.
En el caso de los adultos, el VRS impacta de forma más suave sobre la persona, pero también puede producir una infección respiratoria alta y, con menos frecuencia, una neumonitis. Este virus prevalece entre los meses de mayo y septiembre, pero entre julio y agosto se presenta con mayor fuerza.
La neumonía en adultos se caracteriza por fiebre, tos, expectoración mucopurulenta, escalofríos, compromiso del estado general y a veces dificultad respiratoria. En los niños es variable según la edad pudiendo ser los síntomas muy parecidos a los del adulto o presentarse con síntomas más generales como fiebre, compromiso del estado general, compromiso de conciencia y/o falta de apetito.
Para evitar el contagio y agravamiento de cada uno de las enfermedades mencionadas, existen una serie de medidas muy simples, tales como un frecuente lavado de manos, evitar los lugares con aglomeraciones, tan utilizados en los días de mayor frío o lluvia, como los malls, cines y supermercados, además de una diaria ventilación del hogar, permitiendo la circulación del aire.
Por último, pero no menos importante, es considerar que si uno está enfermo, se debe mantener la distancia con los niños. También, una buena y útil medida es el uso correcto de mascarillas, comprendiendo que su utilidad es de un rango de tiempo de veinte a treinta minutos, ya que después de ese tiempo pierde eficiencia.