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EDICIÓN | Mayo 2017

La fuerza de la palabra

Danilo Pedamonte
La fuerza de la palabra

Entre poemas y ensayos, con el ímpetu que da la juventud, Danilo decidió que quería marcar una diferencia y nada se lo impediría. Así nació “Crea, Arma tu libro” una feria literaria se instala una vez al año en pleno corazón de Antofagasta para acercar el mundo de los libros a los ciudadanos, los protagonistas de toda esta historia.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez

Es creativo. Escribe poemas, genera proyectos, busca alianzas. En el colegio comenzó a escribir sus primeras prosas y cuentos, y nunca pensó que años más tarde se convertiría en uno de los referentes de la literatura joven antofagastina. Danilo Pedamonte, con treinta años, es hijo del rigor. Nacido en la capital regional y proveniente de una familia humilde, ha logrado —casi sin darse cuenta— un sinfín de logros que le significaron quedarse con el galardón que cada año entrega El Mercurio de Antofagasta a las jóvenes promesas de la región: “Líderes del Norte 2016”.

Pese a ello, el joven escritor es humilde al asegurar que no se ve como un escritor, ni mucho menos como un ganador, sino como una persona que simplemente ha hecho lo que le gusta. “Hasta el día de hoy me da vergüenza ese título, yo simplemente escribo”, dice.

Con siete libros a su haber, entre los que se destacan Esta es la solución final (2008), Postulando a la demencia (2009), Barrio sin Dios (2011) y Chile, el sueño sudamericano (2013), Pedamonte dispara en contra de la desigualdad y el abandono.

¿Cómo nació el amor por las letras?

Todo comenzó cuando estaba en la escuela y me enamoré de una compañera. Yo le enviaba cartas anónimas y se las guardaba en la mochila sin que ella se diera cuenta,. Creo que era poesía. Ella pensó que su admirador era otro tipo, mi mejor amigo, y se quedó con él. Sin querer, fui como Cyrano de Bergerac, aunque en mi caso, ella nunca supo que yo le escribía. Así nunca pude confesar mi amor juvenil, pero comenzó mi romance con la literatura.

Entonces ese “quiebre” amoroso te hizo entrar en el mundo de las letras…

No sé si se puede llamar un “quiebre amoroso” a algo de niños… simplemente fue un acto mágico de la vida que me inició en este oficio. Mis padres supieron que yo escribía recién en segundo medio, cuando gané el premio de Minera Zaldívar tras presentar un ensayo sobre Altazor de Huidobro, y entonces se enteraron de mis andanzas en el mundo literario.

 ¿Cómo lo tomaron?

Ellos no le dieron importancia porque en mi casa siempre se asumió que la forma “normal” de ganarse la vida era a través de trabajos tradicionales. Dedicarse por completo a escribir ni siquiera era una opción, más por desconocimiento que por prejuicios. Este universo paralelo en que la gente vive de su arte era totalmente desconocido, por lo tanto, improbable de adoptar. Yo desconocía todo lo que se refería a ser un escritor, entonces asumo que tampoco lo vi como una alternativa profesional.

¿Te consideras un escritor?

Hasta el día de hoy me da vergüenza cuando me califican como escritor o poeta. Siempre quedé marcado con eso, porque cuando mis compañeros me pillaron en la básica y supieron que yo escribía, comenzaron a decirme: “el poeta”, en un tono que más bien me ponía incómodo. Era como si tuviera que dar explicaciones por algo que me apasionaba y por eso, hasta el día de hoy, prefiero evitar ese título. Cuando me preguntan a qué me dedico digo simplemente que escribo.

¿Cómo ves hoy tu carrera literaria?

Creo que mis crónicas y mi narrativa han mejorado mucho. He logrado definir una nueva voz, que cuenta las historias de quienes están tan cansados de vivir al margen que ya no quieren o no pueden hablar. Son personas que viven en círculos de pobreza, donde ya no vale la pena el discurso, sino solo seguir avanzando.

Dices que cada una de tus obras literarias está basada en vivencias de aquellos que no tienen voz. Bajo esa premisa, ¿qué historia te ha tocado más?

Yo trabajaba en el Puerto de Antofagasta, y un día cualquiera, a las diez de la mañana tocan la alarma porque había pasado algo. La señora Paty, a quien todos veíamos a diario, murió en un accidente terrible. Cuando se la llevaron, todos los compañeros tocaron sus bocinas y alarmas como una forma de despedida. Mientras, uno de sus hijos observaba la escena con una templanza indescriptible. Son momentos que difícilmente uno puede olvidar, sobre todo porque esa mujer, que para muchos fue solo un titular de diario, para mí tenía rostro e historia.

Entonces su muerte te marcó mucho…

Además de lo impactante del hecho, lo que quedó grabado en mí fue su hijo. Me marcó mucho su entereza, lo profundo de su amor hacia su madre, su capacidad de contenerse y llevar esa pérdida con una manera tan equilibrada.

Todo lo que él tenía que decir estaba en su mirada y, sin palabras, nos contó una historia de humildad, esfuerzo y respeto. Él es el mejor símbolo de lo que quiero contar.

¿Cómo ha sido el recibimiento de tu obra por parte de los antofagastinos?

Yo creo que bueno. He logrado vivir de lo que me apasiona y todos sabemos que eso es un lujo que no está dado para todos. Cuando logras cubrir tus necesidades con lo que te hace feliz, sientes que lo estás haciendo bien.

¿Aún los libros se ven como un lujo?

Es que muchas veces lo son. Los costos de publicar son demasiado elevados por lo que muchas veces un libro se convierte en un bien suntuoso.

¿Crees que esta situación podría cambiar tras la eliminación del IVA al libro?

El impuesto al libro todavía no lo puedo entender, aunque claramente en muchos casos el famoso diecinueve por ciento tampoco marca una gran diferencia. Un cambio real sería lograr mayores subvenciones a la creación o impresión del libro, lo que redundaría en un menor precio. Pero eso es un tema de legislación, de prioridades.

“CREA, ARMA TU LIBRO”

Pese al difícil panorama que debe enfrentar la literatura en Chile, Danilo busca generar vínculos entre escritores y público, mediante una feria que reúne editoriales independientes, tanto nacionales como internacionales. “Crea, arma tu libro” nació en 2013 y cuenta con la muestra y venta de ejemplares a bajo costo, además de talleres gratuitos literarios para grandes y chicos.

Durante el 2016, se realizó la tercera versión de “Crea, arma tu libro” en la Plaza Colón, uno de los lugares icónicos del centro de la ciudad.  

¿Qué te motivó a crear este proyecto?

Esto nació cuando me di cuenta de que faltaba un espacio para la gente que era creadora y “autogestionadora”. Presenté el proyecto al gobierno y a Minera Escondida, que confiaron en mí y me dieron el financiamiento para lograr un evento de primer nivel.

Y comenzó a crecer…

El primer año tuvimos treinta stands, el segundo año pasamos a tener ochenta, pero comencé a sentir que ya no era suficiente, que faltaba algo más. Después de un intenso periodo de reflexión nació la idea de “Despierta, Imagina y Crea”, un programa educativo que busca llevar la literatura a las aulas en el marco del desarrollo de la feria.

¿Cómo ha sido este proceso?

Siempre en transformación, siempre en pos de ser un referente para que otras personas puedan seguir sus sueños. Obviamente todos los proyectos tienen problemas, a unos le pueden gustar a otros no, pero siempre logramos salir adelante y pensar en lo que necesita el prójimo.

¿Cómo ves la proyección de la literatura en el norte?

El norte tiene un desafío más complicado, quizás porque nuestra vocación como región tiene más de desarrollo industrial que orientado a la reflexión, a generar pensamiento crítico. Esa realidad es más notoria aquí, pero en todo el país, y tal vez en el mundo, la sociedad entera busca más tener que ser. Los que piensan y se cuestionan son marginados y se privilegia al que produce. En muchas carreras forman a sus alumnos para que cumplan, salgan, encuentren pega y se acabó. Entonces ¿para dónde vamos?

 

“He logrado vivir de lo que me apasiona y todos sabemos que eso es un lujo que no está dado para todos. Cuando logras cubrir tus necesidades con lo que te hace feliz, sientes que lo estás haciendo bien.”

“El primer año tuvimos treinta stands, el segundo año pasamos a tener ochenta, pero comencé a sentir que ya no era suficiente, que faltaba algo más. Después de un intenso periodo de reflexión nació la idea de “Despierta, Imagina y Crea”, un programa educativo que busca llevar la literatura a las aulas en el marco del desarrollo de la feria.”

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