Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Mayo 2017

Aguerrida

Consuelo Hermosilla, mamá de Antonia
Aguerrida

Luego de contar su verdad en varios medios de comunicación, Consuelo Hermosilla, la mamá de Antonia Garros, habló con Cristián Sánchez, del matinal Muy Buenos Días, quien conmovido por su relato rompió en llanto y tuvo que ser la propia Consuelo quien lo contuviera con un abrazo en silencio. Una escena que refleja la semblanza y el temple de esta mujer, que perdió a su hija de una manera trágica, en una historia que aún no termina.

Por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.

A pesar del terrible fallecimiento de su hija mayor, Antonia Garros (23), quien se lanzó del departamento de su expololo, en Pedro de Valdivia, el 7 de febrero, Consuelo Hermosilla se mantiene firme y segura en su lucha por sacar una ley que castigue el homicidio por inducción al suicidio y, además, que se agregue al pololeo como parte de la Ley de Violencia Intrafamiliar, ¿para qué? Para que la muerte de su hija tenga un propósito, para que a ninguna persona le pase lo mismo que a Antonia.

En la historia del pololeo de su hija, Consuelo afirma que siempre hubo violencia en su relación con Andrés Larraín (33), que aparte de las marcas que ella evidenció, también se agrega una denuncia por violencia en diciembre, momento en que se terminó el pololeo. Hasta este acontecimiento, Consuelo había hecho todo lo que estuvo en sus manos para que ella lo dejara, y nada había dado resultado, incluso, la noche que murió, ella no sabía, aunque intuía, que la joven había vuelto a salir con él, porque volvió a repetir la conducta errática que mantenía en el pololeo.

¿Qué le dirías a una mamá que está pasando por lo mismo?

Sólo que no se dé por vencida, que apoye a su hija. Siempre hay que estar ahí. Y a las amigas, que no dejen de llamar. Es lo único que se puede hacer. Yo agoté todas las tácticas y nada funcionó.

¿Cómo consigues tanta entereza?

Medito mucho. Hace dos años empecé a meditar, y eso me ha ayudado. Además, debo estar bien, porque no quiero darle una mala señal a Rosario, mi hija menor. Ha sido un proceso difícil. Agradezco a Dios por la fuerza. Antonia eligió bien a su mamá. Sabía que yo iba a poder con esto. Además, debo ser un ejemplo para Rosario. Tengo que sacar algo positivo. Trato de ser súper fuerte y siempre hablo desde la honestidad. Yo sé que tengo que responder, porque por algo me pasó a mí.

¿Mucha gente te ha llamado?

Me llegan muchas cartas, pero en vez de ahogarme, me responsabilizan, me hacen seguir adelante con mi lucha. Lo que pasó lo voy a poder aguantar, es un tema espiritual, Dios no nos da nada que no podamos manejar. Saber que estoy haciendo algo por ella, me hace fuerte. Antonia está muerta, pero quizás puedo evitar que a otras les pase lo mismo. Mi hija no es un número, era la mitad de mi vida. Esta ley hay que hacerla.

LEY ANTONIA

¿Qué quieres conseguir concretamente?

No es posible que la violencia en el pololeo no tenga pena efectiva, por eso quiero que se promulgue una ley que castigue el homicidio por inducción al suicidio, como existe en otros países, lo que también abarcaría los casos de bullying, y que se llame Ley Antonia. Además, que se incluya el pololeo en la Ley de Violencia Intrafamiliar, VIF. He estado en conversaciones con los diputados Chávez y Sabag para incluir un decreto en la VIF sobre el pololeo y que las heridas menos graves tengan castigo; también, que se publique una nómina de personas condenadas por VIF.

¿Por qué incluir el pololeo?

Porque la violencia empieza y crece primero en el pololeo. Los niños de doce años ya pololean y están más sexualizados que antes por toda la información a que tienen acceso. Todo los incita. El pololeo es temprano y ya hay niños con enfermedades de transmisión sexual a los catorce años. Además, que en la adolescencia los más importantes son los pares y los padres pasan a un segundo plano. Hay que enseñarles a los niños a que se traten entre ellos con cariño, no con violencia. Hay que educar desde el cariño.

¿Qué más quieres hacer?

Vamos a seguir con las misas, marchas y conversaciones con congresistas. También, estamos en conversaciones con la Fundación Honra, para crear una casa de acogida para personas que sufren agresión en el pololeo. Además, quiero que se declare el 7 de febrero como el Día contra la violencia en el pololeo. Yo perdí lo que más quería, así que todo lo demás que resulte es ganancia. Quiero despertar las conciencias. Sacar los prototipos y el doble estándar. Los golpeados no son tontos y no están solos. El entorno es el violento. Antonia era una niña querida, cariñosa, tenía red de apoyo, nunca vio violencia, contaba con una familia apoyadora y cercana.

¿Cómo era Antonia?

Antonia era molestosa, inquieta, desordenada, espontánea, con mucho carácter, demandante. Era una joven normal. Yo la crié libre, porque a mí me criaron en forma aprehensiva por la muerte de un hermano cuando era pequeña. Soy la menor de cuatro hermanos. Y cuando decidió irse sola a Argentina a trabajar en producción de modas, yo la apoyé en todo. Volvió antes del año, y se matriculó en Sicología, pero a ella siempre le gustó el diseño. Estuvo dos años y el año pasado ingresó a Cocina en Inacap. Tenía dos caminos en los que pudo haber estado en este momento, clases de barista en Australia o partir a España a un curso de cata de aceites de oliva.

Además, ella maquillaba muy bien y tenía buen gusto, compraba ropa y después la vendía. El día después de su muerte, le llegó un paquete de AliExpress con las prendas que había adquirido… Le iba bien, con una amiga tenían su marca: Lunáticas. Era muy busquilla.

ÚLTIMO BESO

¿Cómo has estado en este tiempo?

Ahora duermo, antes estuve un año y medio sin dormir pensando que en cualquier momento pasaba algo con mi hija. Ella ya no era ella, dependía de él. Desde el primer día supe que tenía que sacar algo positivo. La Antonia no quería morir. Yo no descarto que se haya tirado bajo la presión y agresiones reiteradas de esta persona, sicológica y físicamente. Fue como una forma de defensa de su parte. Esta es la primera muerte en la familia, y a todos nos cuesta. Todos los procesos deben tener su ritmo.

¿Qué te faltó?

No le di el último beso, estaba enojada. No lo tuve y no lo voy a tener. Todos los detalles que día a día son normales, se pasan por alto, y después ya no hay tiempo.

¿Qué pasó esa noche?

Mi hija llegó a mi pieza y me dijo, “tengo algo grave que decirte de la Antonia. Se cayó de un séptimo piso en Pedro de Valdivia”. El corazón se me salía, busqué ropa para ir a buscarla. Lo único que pensé fue “no me puede dar un ataque al corazón, porque tengo que llegar a buscar a mi hija”. Mientras íbamos en el auto, Rosario me dijo que no era un piso siete, era de un piso trece, y ahí lo supe, ¿quién sobrevive a una caída así?”. Siempre he estado consciente de lo que pasa, buscando un sentido a todo lo que pasó. A mi hija le digo: “Rosario de esto hay que salir adelante. Esto es un aprendizaje”. Me encantaría tener a mi hija, olerla y no saber nada más. Ella me acompaña, pero físicamente ya no está conmigo.

 

“Debo estar bien, porque no quiero darle una mala señal a Rosario, mi hija menor. Ha sido un proceso difícil. Agradezco a Dios por la fuerza. Antonia eligió bien a su mamá”.

“Ahora duermo, antes estuve un año y medio sin dormir pensando que en cualquier momento pasaba algo con mi hija”.

Otras Entrevistas

El Debut
Mujer
Buenas calorías
Mundo Empresarial
Figurativo
Cultura
ODA AL CARMÉNÈRE
Mundo Empresarial
» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación1+1+9   =