La chef Anita Amenábar heredó la pasión por la cocina de sus abuelos italianos, y hoy transmite y comparte todos sus secretos a través de Espacio Culinario, un blog que comenzó en 2010. Aquí escribe y fotografía recetas que van desde trufas con leche de coco hasta merluza austral con cuscús. La idea es poner a disposición de los lectores recetas ricas y saludables, con un toque personal.
Por Fernanda Schorr. Fotografías: Francisco Cárcamo P.
“Para esto tienes que tener mucha pasión”, dice la chef y fotógrafa Ana María Amenábar, con voz fuerte y una gran sonrisa, mientras se mueve enérgica por gran su cocina. A veces se pone de pie para mostrar los panes que está preparando, y habla sobre baguettes crocantes con mantequilla, lentejas con queso rockefort o fideos amasados con huevo de campo.
Apenas aprendió a caminar, Anita iba a la cocina a jugar con las ollas de verdad, sin tomar en cuenta las de juguete. Sus abuelos maternos eran italianos y en su casa nunca faltaban las pastas, el prosciutto, el queso gorgonzola y las alcachofas. “Organizaban almuerzos donde nos reuníamos todos; ese ambiente familiar que se formaba alrededor de esta mesa llena de invitados, era muy entretenido”. Fue ese amor por la cocina heredado de su familia, lo que más adelante la motivaría a estudiar Administración Hotelera, y luego, Gastronomía en el Inacap.
En Santiago trabajó en hoteles y empresas del área culinaria, hasta que su marido, que es agrónomo, recibió una buena oportunidad de trabajo en Talca y decidieron trasladarse. Anita siempre había soñado con vivir fuera de Santiago y ojalá lo más al sur posible: “Me gusta el campo, acá la calidad de vida es mejor para mis hijos. Estar en contacto con la naturaleza y en un entorno tranquilo es muy sano para la cabeza”. Hoy, vive junto a su marido y sus tres hijos —de quince, doce y diez años—, en una casa a las afueras de Talca con un jardín precioso y varios perros, gatos y pájaros.
Anita se dedica casi a tiempo completo a sus niños e intenta estar allí para lo que ellos necesiten; es una mamá cercana y cariñosa: “Tengo una muy buena relación con ellos, que se basa en el cariño y la confianza. También a veces somos cómplices, como cuando comemos un chocolatito a escondidas o hacemos alguna locura juntos”. Y así como ama a los suyos, a esta chef también le apasiona su profesión, que es cocinar y enseñar, por eso con el tiempo ha logrado compatibilizar esos dos amores en su vida. “Decidí trabajar en mi casa para poder estar siempre presente, ante todo ser mamá. Trabajo cuando ellos están en el colegio o si no, lo hago por la noche, cuando están durmiendo”.
Hace dieciocho años, cuando la pareja se trasladó a Talca, ella le dijo al arquitecto de su casa: “Tú a mí me vas a hacer una cocina con dormitorios”. Este es, en efecto, el lugar más amplio de su hogar, donde además se dedica a hacer clases particulares de gastronomía. Con veintidós metros cuadrados, su cocina es un lugar iluminado, ordenado y limpio, que cuenta con amplios mesones. Sobre el mesón principal, frente a la ventana, hay unos recipientes con masa fermentándose para convertirse en pan.
ESPACIO CULINARIO
Desde que llegó a Talca, ha hecho clases para todos los interesados en aprender sobre la buena cocina. Aunque durante un tiempo también se dedicó a hacer eventos para empresas e, incluso, tuvo su propia cafetería, lo que más le gustaba era enseñar. Una de las experiencias que más disfrutó fue hacer clases a alumnos de la carrera de Gastronomía en Inacap Talca, sin embargo, el 2010, tuvo que renunciar para cuidar a sus hijos.
Ese mismo año, motivada por las ganas de seguir compartiendo su amor por la cocina, Anita tuvo la idea de crear un blog para subir recetas ciento por ciento probadas y certificadas por ella, sin secretos. “Mucha gente me decía que habían intentado preparar una receta de internet y no les resultaba”. Así fue como creó Espacio Culinario, blog de cocina que comenzó más como una entretención y una vía de expresión, y que hoy es uno de los sitios gastronómicos más conocidos en Chile, con cerca de veintiocho mil seguidores, y donde se pueden encontrar miles de platos ricos, saludables y fáciles de preparar.
A través de su computador y desde su casa, Anita encontró una forma creativa y cercana de transmitir sus recetas favoritas a todos quienes quisieran probarlas. Y no sólo publica secretos culinarios, sino que también los lectores pueden conocer un pedacito de su vida en cada preparación. “Siempre escribí diarios de vida, entonces para mí el blog no era sólo entregar una receta, sino que entregar algo más, era una entregar un historia”.
Un año después, su hermana Francisca, quien es quince años menor, le escribió a Anita desde Inglaterra —donde se encontraba estudiando—, para animarla a que publicara más preparaciones. “Yo posteaba tres veces a la semana, pero con los niños chicos el tiempo no me daba para más, entonces le dije que por qué no me ayudaba”. Y ambas empezaron a trabajar juntas. Francisca, de veintinueve años, es artista y profesora, y comparte con su hermana mayor la pasión por cocinar: “Somos más o menos parecidas, pero cada una tiene su sello, y eso ha sido súper bueno, nos apoyamos, nos complementamos”.
ALIMENTACIÓN SANA
Cuando oscurece, la chef encuentra el momento indicado para concentrarse y trabajar en nuevas ideas y recetas para Espacio Culinario. “Después de que los niños se acuestan, me pongo mis audífonos con música y a veces me quedo hasta la madrugada escribiendo”. El blog requiere de tiempo y dedicación, y a veces puede demorarse dos o tres días en completar una publicación, ya que primero debe escoger la receta, luego prepararla, probarla y modificarla, si es necesario. Finalmente toma una fotografía cuidada y armoniosa del resultado, y se publica.
A veces se inspira en el trabajo de otros chefs —admira a los exponentes internacionales Dan Barber, Tim Raue y Francis Mallmann—, en la naturaleza, en su huerto orgánico, o incluso en sus niños: “Pienso mucho en qué les gusta, qué los hace felices, y en qué nos hace felices como familia”. Algo que disfruta mucho es cocinar con sus hijos, hacer pan, pastas frescas, quiches, brownies, tortas y ensaladas. Como mamá, se preocupa de que coman sano, y está en contra de la comida procesada. “Nosotros tenemos una alimentación funcional, es decir, comemos alimentos que además de ser beneficiosos y aportar nutrientes, tienen una función específica para combatir ciertas enfermedades”. Actualmente, está desarrollando un nuevo proyecto llamado La Panoteca, donde comenzará a ofrecer su pan artesanal.
La alimentación sana se refleja en cada preparación que las hermanas Amenábar comparten en su blog: recetas que van desde trufas con leche de coco, hasta merluza austral con cuscús, y desde panes de nuez y miel, hasta sopa de pollo thai. Una mezcla deliciosa cuando esos platos van, además, acompañados de fotografías a todo color.
Y es que la importancia de las imágenes en la gastronomía va más allá de simplemente mostrar una preparación: La idea es que las fotos predispongan, que abran el apetito y hagan que al lector le den ganas de comerla. Esta tendencia de hacer que un platillo se vea apetecible a través de una imagen, se conoce como foodstyling y es algo que Anita y Francisca saben hacer muy bien. Utilizando diferentes estilos, y técnicas —como saber manejar la luz natural, el fondo y los colores— ellas emplean este recurso también en las redes sociales.
Esto les ha permitido trabajar con importantes marcas en la toma de fotos de sus productos, y desarrollar recetas e imágenes para diferentes revistas. De esta forma se han hecho cada vez más conocidas por compartir momentos, sabores, olores y, sobre todo, historias.
“Decidí trabajar en mi casa para poder estar siempre presente, ante todo ser mamá. Trabajo cuando ellos están en el colegio o si no lo hago por la noche, cuando están durmiendo”.
“Nosotros tenemos una alimentación funcional, es decir, comemos alimentos que además de ser beneficiosos y aportar nutrientes, tienen una función específica para combatir ciertas enfermedades”.