FICHA TÉCNICA: Planeamiento de urbanización del condominio y Arquitectura: Carlos Alberto Cerqueira Lemos / Año de proyecto: 1970 / Ubicación: Av. Uniflora, Praia Vermelha do sul (o “Playa de los Arquitectos”), Ubatuba, estado de São Paulo, Brasil / Materialidad principal: hormigón visto, madera, fibro cemento, piedra / Programa de recintos: 3 suites, 2 dormitorios, estar-comedor, cocina, loggia, terrazas cubiertas / Acerca del arquitecto: Nace en 1925, São Paulo. Arquitecto y artista plástico. Uno de los principales historiadores brasileros de arquitectura, profesor de la FAU-USP (historia y estética), combativo defensor del patrimonio urbanístico del país, autor de varios libros. En 1952 se hizo cargo de la oficina de Oscar Niemeyer en São Paulo. Destacan de esta época su participación en los proyectos del Parque Ibirapuera, y los edificios California, Montreal, Triángulo, Eiffel y Copan. En 1957 hereda la oficina de Niemeyer mientras éste estaba desarrollando proyectos para Brasilia. Continuó estudiando, dando clases, investigando, publicando y exponiendo sus obras plásticas.
Texto y Fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )
Cada cierto tiempo, nuestro clan de amigos, ex – estudiantes de arquitectura de Argentina, Brasil y Chile (hoy arquitectos y diseñadores), nos volvemos a mirar a las caras en un periplo de encuentros que lleva más de 20 años, y donde aparte de celebrar la amistad, nos adentramos en una búsqueda de gozo arquitectónico. Esta vez, confieso que hallar nuestro hogar de retiro estuvo vinculado a la suerte, pero matizado con los colores propios de la costa del estado de São Paulo, donde sí queríamos estar.
Nuestro refugio nos cobijó a la par con el paisaje. Por un lado la casa que se extiende en dos niveles configurando una esquina, pero en pendiente, y por otro la densa arboleda que sigue el curso del agua y se hace pausa frente a la casa. Además en esta reunión, tratar de entender la arquitectura que estábamos enfrentando se convirtió en un juego de “Sherlock Holmes”, y en esa búsqueda, más las horas de sol, playa y piscina, nos arrancábamos para teorizar sobre algunos aspectos constructivos y estructurales de la casa, más allá de la impresión de vivencia que nos llevamos (algo nos presagiaba que las manos de la propietaria afectaron para su forma actual). Así en conversaciones con los cuidadores de la casa, nos enteramos que ésta fue pensada más abierta y sincera en el material, más expuesta al paisaje, libre de las ataduras de paneles vidriados, y donde sólo en los dormitorios uno se sumergía en el sopor que contrastaba con el aire continuo.
Ya en la tranquilidad de mi escritorio de Viña, descubro que el arquitecto, Carlos Lemos, diseñó esta casa y además el condominio que lo alberga. Para cuando se proyectó, el colega estaba en aquella etapa de un quehacer profesional más maduro, y que seguramente respondía a un camino de descubrimiento. Su andar está en aquello que podemos describir como una relectura de la tradición histórica brasilera. Es la dualidad del pasado en el paisaje y el hormigón como presente (aquél de 1970).
En este lugar, donde la fauna nos sorprendía y salía a nuestro encuentro (con capibaras, tortugas de río, aves multicolores, ardillas, lagartos y “tatú-bola” entre otros), la casa nos resultó acogedora y tentadora, a veces incluso más que la playa (a pesar de estar a pasos de la residencia). Y entonces observamos que hay veces en que el proyecto del “arquitecto-sastre”, podría ser el ideal de casa para un grupo familiar en particular, donde todo está hecho a la medida de sus usuarios, sin embargo hay otras instancias, como ésta, donde es la casa la que atrapa el territorio, y lo deja traducido a cualquier usuario.
Este acercamiento de una casa con un sinfín de tipos de personas cautivas, resulta ser como el “sueño del pibe” para las inmobiliarias que quieren vender un producto único donde se impone un estilo de vida, y donde todos quedan moldeados bajo los rigores de una misma forma (más allá de absurdos estilísticos o de moda). Luego la enseñanza de este hogar, está en que en la medida que nos abramos más al paisaje, y los recintos queden menos confinados y más “sueltos” o abiertos a un uso flexible, es cuando resulta atractivo a un mayor rango de usuarios. Es más, en una cultura que sigue un ritmo de trabajo, y “entiende” el uso de sus viviendas sólo en la condición de dormitorio, el desafío consiste en generar espacios que rescaten nuestro ser natural.
La multiculturalidad de Brasil en un mismo territorio, es la que define esta condición de usuario universal bajo el esquema de una casa. El arquitecto-historiador de esta casa lo sabía, y seguramente a la par de la búsqueda de dicho origen, nos ofrece una interpretación de dicha vivencia en la propuesta de este hogar. Estamos enfrentando una situación de una cultura en la naturaleza, ya casi extinta, y en ello volvemos al pasado. No sería de extrañar que el relajo estuviera más presente en ese acervo, y que acá resurge de una manera que no es nostálgica, sino que aprehendida.
Es interesante como en cada oportunidad que se nos presenta un viaje, vamos profundizando en nuestras raíces, y observamos con un filtro lugareño, que nos permite volver a nuestros hogares con la perspectiva ampliada y renovada y, si tenemos suerte, también con el cuerpo descansado.